Aquiles Gaitán
Nacionalismo como alternativa
Martes 28 de Junio de 2016
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Por alejarnos del nacionalismo nos creímos parte de la aldea global, parte viva y actuante del mundo capitalista
Por alejarnos del nacionalismo nos creímos parte de la aldea global, parte viva y actuante del mundo capitalista
(Foto: TAVO)

Causa admiración la evolución de la organización social del Reino Unido, “la vieja raposa avarienta que tiene parada la historia de occidente hace más de tres siglos”, como diría León Felipe en “La insignia”. Al decidir por referéndum salir de la gran Europa, de la Unión Europea, ventajas y desventajas aparte, pros y contras sobre su evolución histórica, ellos son por encima de todas las cosas, antes que mercaderes, nacionalistas, y esto es una prueba de ello. Al regresar a las identidades nacionales, al regresar a defender lo suyo y a labrar su destino en la fortuna o el infortunio, pero su destino, han dejado a todos, con un palmo de narices. ¿Qué pasaría si en este nuestro México se convocara a un referéndum para salir o seguir en el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos?, ¿qué pasaría si se convocara a un referéndum sobre las reformas de Peña Nieto? ¡No soñemos! Eso no se puede dar ni se dará, mientras tengamos una estructura política y electoral como la que tenemos actualmente. Nadie discute las opciones políticas fundamentales, las elecciones se dan en medio de alianzas inexplicables, que dan como resultado, es cierto, victorias en contra del otrora partido invencible, pero son victorias pírricas, que dan vergüenza, por los que ganan y por los que pierden.

La agenda de discusión a nivel nacional no incluye los problemas reales, como tampoco a nivel estatal se discuten los problemas reales, las oligarquías ponen la agenda y la discusión; los problemas que abiertamente se conocen, como la inseguridad y la educación pública, se aíslan, no se discuten se toleran y se combaten sórdidamente, hasta que se les tira la leche y tienen que limpiar la estufa. Tenemos guardado el fuego bajo la ceniza, pero pasa el tiempo y la brasa aunque incandescente, no es eterna, debemos buscar nuevas formas de organización social y política, porque de plano esto no funciona, el deterioro paulatino, rítmico y sistemático es tan evidente, como el cristiano que apareció destrozado cual vil cerdo en una tina, con un letrero garabateado en sus manos mutiladas.

Antes decían, los que se sentían revolucionarios, que las condiciones no estaban dadas para el levantamiento; ya no queremos levantamientos, queremos evolucionar dentro de la democracia, con nuestras propias contradicciones, con nuestras propias soluciones. Hoy el centralismo de la Federación, el federalismo a ultranza, nos tiene a todos los estados de rodillas con la mano extendida recibiendo las migajas y, ¡claro!, la ayuda inconmensurable de la Gendarmería Nacional, la Policía Federal y al Ejército cuando se ocupe, eso es una opresión burocrática y autoritaria, en esos términos la libertad no existe, la democracia tampoco; las instituciones se desdibujan hasta llegar a ser las marionetas que mueve el titiritero centralista, ¿no es cierto que los municipios son simples marionetas? La base territorial de la República Mexicana está desorganizada, sin dinero y sin Policía. Como son tan torpes, que no saben gobernar, nosotros gobernamos por ellos ¿cómo?, ¿quién dice eso? Pues no hace falta decirlo, eso es lo que es, el pan nuestro de cada día.

Inicié con un comentario trillado y manido sobre el nacionalismo. Por alejarnos del nacionalismo nos creímos parte de la aldea global, parte viva y actuante del mundo capitalista, ese que hoy da marcha atrás y que si no estamos preparados nos arrastrará hacia la debacle, pues no tenemos patentes, ni tenemos la ciencia, ni fabricamos maquinas, las universidades y Tecnológicos preparan empleados para el mundo capitalista, olvidamos la investigación científica, olvidamos el medio ambiente, olvidamos nuestra historia, olvidamos hasta el concepto de patria, ¿qué es la patria?, ¿mercaderes?, ¿qué es la patria? Como hablar de conciencia cívica, si no dan clase de civismo a los niños, si no tienen clases o los llevan a las marchas; este tipo de seres sociales, algún día tendrán conciencia, algún día tomaran las decisiones de la sociedad, pero serán parte de la decadencia de una sociedad manipulada y desorganizada, no viviré para verlo, pero las multitudes de pobres, los que día a día se plantean el comer o no comer, serán tantos, que saquearan las bodegas y las tiendas, no habrá subsidios que alcancen para leche, becas y despensas, las inversiones se irán a otra parte y este país, que hoy manda soldados a la fuerza coercitiva de las naciones unidad, que hoy llama a los extranjeros a que inviertan en Pemex, que ya vendió todo lo vendible, que ya pidió prestado hasta donde pudo, tendrá que buscar nuevamente su identidad de nación, sus formas institucionales de gobierno, respetando a los municipios, y cada municipio defendiendo lo suyo y cada estado defendiendo lo suyo y el país defendiendo lo suyo, como nación que somos.

Quien llegue al gobierno, sea quien sea, deberá ser honesto como principio de todas las cosas, para poder portar una bandera con orgullo y representar no sólo a un pueblo, sino a una patria que resume historia y que resume orgullos y resume la esperanza de un desarrollo económico y social, lejos de las confrontaciones actuales, de las relaciones de fuerza, de representantes políticos sin representación alguna, de partidos de clases sociales, sin obreros, ni campesinos, ni organizaciones populares, puras tribus y mercenarios, cuanto más se agudicen las contradicciones, más necesarias serán nuevas formas alternativas de organización política.

Los independientes, los partidos municipales, los estatales, pueden ser el mínimo de la organización, pero necesitamos un máximo de organización social que recobre el sentido nacionalista y tengamos todos muy claro el concepto de patria y de nación, de honor y vergüenza, de honestidad y rapiña, de virtud y vicio, de probidad e improbidad, de elegidos y electores, de representantes y representados, de justicia e injusticia, de organización y desorganización, sin olvidar a Robert Michels “quien dice organización, dice dominación”.

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