Alejandro Vázquez Cárdenas
Opiniones respetables
Miércoles 29 de Junio de 2016
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Es frecuente escuchar, sobre todo en mesas de diálogo, pero también en casi cualquier plática entre amigos, la expresión: “Todas las opiniones son respetables”, y es muy probable que muchos de nosotros en más de alguna ocasión hemos soltado dicha muletilla sin preocuparnos mucho en pensar si es o no verdad.

Si nos ponemos a pensar en lo “políticamente correcto” la respuesta probable es que sí, y que efectivamente, todas las opiniones merecen el mismo respeto. Para sostener semejante aserto lo primero que nos viene a la mente es la libertad que supuestamente tiene cada individuo para expresar su particular punto de vista sobre casi cualquier tema. Concretamente apelamos a lo que se denomina “libertad de expresión”.

Ciertamente todo el mundo tiene el derecho a decir lo que piensa, pero muchos cuestionan si en realidad todo lo que se diga es digno de respeto. Y es una realidad que quien no respete todas las opiniones es tachado de intolerante, dogmático o de plano un necio.

Pero existen muchos intelectuales y pensadores que afirman que lo que en realidad merece nuestro respeto son las personas, no sus opiniones. Esto en contra del sentir común que dicta que si no se respeta la opinión de alguien no se le está respetando como persona. Para entender esto lo primero es distinguir dos tipos de respeto: el primero, el que se debe a todo el mundo por el simple hecho de ser persona, el segundo, aquel que viene por la experiencia, inteligencia, credenciales intelectuales y académicas de cada opinante. En estas condiciones nos daremos cuenta de que no merecen el mismo respeto todas y cada una de las personas.

En esto, como en casi todo, no todo es blanco y negro, hay matices; personalmente no considero que sea digna de mucho respeto una persona que no respeta a los demás, un asesino serial, alguien que sistemáticamente va en contra de todos los derechos humanos, alguien que ha hecho un gran daño a la sociedad.

Ahora, ¿son todas las opiniones igualmente respetables? A muchos nos parece que no. Respetar una opinión supone algo más que dejar que el individuo la exponga. Supone dejar que se ponga en práctica. Hay ocasiones en las que las opiniones ajenas carecer de aplicación práctica o bien no tienen ninguna repercusión en nuestra vida. Pero hay ocasiones en las que no es así; por ejemplo, en el terreno de la ciencia. Va un ejemplo burdo: que un político del primer mundo opine que para acabar con el terrorismo hay que exterminar a todos los árabes, estén donde estén, pues sí, es una opinión, y si la respetamos estamos diciendo que no nos parece ni bien ni mal, que es una opción como otra cualquiera y que merece la pena de tenerla en consideración; pero evidentemente es una opinión disparatada por donde se le vea. El mismo caso si vemos que un X funcionario o analista nos dice que los métodos que emplea la CNTE para protestar son justificables; notoriamente esa persona o es un ignorante absoluto, un malvado o de plano no anda bien de sus facultades mentales. Como opinión no es respetable.

Pensemos: si hipócritamente decimos que su opinión es respetable, ¿sería una necedad impedir que la lleve a cabo? Haciéndolo, se supone, dejamos de respetarla. Pero eso es lo que hacemos normalmente, aunque no nos demos cuenta. Se puede tratar de decir, de forma un poco eufemística, que todo merece el mismo respeto, pero en la práctica no es así ya que todos podemos ver que hay opiniones mejores y peores, que algunas se ajustan más o menos a la verdad pero otras son unos verdaderos desatinos.

No todas las opiniones merecen el mismo respeto, y si se dice que todas son respetables porque todas son producto del pensamiento de alguien, y nadie puede decir que piensa mejor que otro, caemos en un error. Es innegable que existe gente que piensa mejor que otra y que sus opiniones son más respetables que otras; admitirlo es simplemente aceptar la realidad, es dejarnos de hipocresías y vivir para lo “políticamente correcto”.

Sobre el autor
"Medico, Especialidad en Cirugia General, aficionado a la lectura y apartidista. Crítico de la incompetencia, la demagogia y el populismo".
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