Rafael Mendoza Castillo
Opinión
El poder autoritario y lo social
Lunes 4 de Julio de 2016
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Inicio estas reflexiones con un pensamiento de Lorenzo Meyer :“De los conflictos de 2006, Atenco y Oaxaca, el poder del Estado no sacó las lecciones para evitar que su política se transformara de arte en violencia pura. Hacía tiempo que el gobierno federal no disparaba a matar contra sus opositores”. Así, el poder de dominación y el actual capitalismo corporativo tienen como fundamento la rentabilidad del capital y su acumulación infinita, desbocada. Las reformas estructurales del prianismo sirven a ese objetivo.

La derecha en el poder, la oligarquía y sus aliados, las cúpulas partidarias, han venido trazando políticas que responden a sus propios intereses y coincidentes con los acuerdos del consenso de Washington, es decir, el amo imperial. Esas políticas privatizan lo público y producen desprotección, desigualdad, muerte por hambre, pobreza, represión física y mental en clases subalternas ( Nochixtlán, Oaxaca ). Dicho poder de explotación se funda en la voluntad de poder. No le importan la ética, la moral o la ley, solamente acrecentar la riqueza en unos pocos.

Cuando el poder de dominación y sus representantes hablan de modernizar al país se refieren al cumplimiento de las tendencias neoliberales como la simplificación y achicamiento del Estado, desmantelamiento de lo público, freno al salario, desregulación de todo aquello que impida la acumulación acelerada del capital, así como la nueva ley laboral propuesta por el prianismo y la privatización de la seguridad social (IMSS, ISSSTE, jubilaciones, pensiones, educación pública, etcétera).

Algo más grave que viene planteando la modernización neoliberal es la tendencia a la destrucción de las instituciones y de los espacios de intermediación entre los actores sociales y el Estado: sindicatos, organizaciones gremiales, partidos, universidades, medios de comunicación autónomos, movimientos sociales como la CNTE, identidades restringidas, etcétera.

Como bien dice Sergio Zermeño: “Nuestra globalización se ha caracterizado ante todo por una destrucción sistemática de los más destacados actores de la sociedad civil, ya se trate del empresariado de la etapa sustitutiva de importaciones, de las capas medias de asalariados públicos, del proletariado de los sectores intermedios, especialmente, de la burguesía mediana y pequeña y las estructuras sociales del medio campesino”.

Lo anterior, y la inclusión de los tratados internacionales como el TLC, es muestra clara de que estamos ante una política globalizadora que está disolviendo y fragmentando a lo social. Recordemos cómo la derecha panista golpeó a las identidades colectivas, es decir, a los sindicatos independientes como el SME, Atenco, movimientos sociales como la APPO y hoy el prianismo reprime a la CNTE y a organizaciones solidarias. Por otro lado, la derecha prianista se alía, donde le conviene, con sindicatos corporativos y charros como el SNTE para acelerar las políticas neoliberales en lo social y lo educativo (la Reforma Educativa, laboral y administrativa).

De ese modo, la democracia política que tanto defiende el prianismo conservador no es más que democracia oligopólica para frenar la decisión de la voluntad popular y controlarla mediante la técnica de las elecciones. Esos procesos de planificación y administración tienen como objetivo mantener la sincronía de las estructuras y funciones del orden capitalista e incrementar la desigualdad social brutal entre pobres y ricos, poderosos y súbditos, gobernantes y gobernados, mestizos y el México profundo, o sea los pueblos originarios.

 La modernización neoliberal es la tendencia a la destrucción de las instituciones y de los espacios de intermediación entre los actores sociales y el Estado: sindicatos, organizaciones gremiales, partidos, universidades, medios de comunicación autónomos
La modernización neoliberal es la tendencia a la destrucción de las instituciones y de los espacios de intermediación entre los actores sociales y el Estado: sindicatos, organizaciones gremiales, partidos, universidades, medios de comunicación autónomos
(Foto: Héctor Sánchez)

Las políticas globalizadoras no sólo desmantelan lo social, sino que también establecen una lucha en el campo de los conceptos y de los lenguajes con la finalidad de someter la rebeldía del pensamiento disruptivo. Erradicar todos aquellos conceptos que se instalan en el pensamiento crítico y sustituirlos por aquellos que responden mejor al orden de la conformidad, de la función y el sistema constituido. Por eso para los poderosos es mejor hablar de un Estado homogéneo que nos hace iguales ante la ley, pero en la realidad la desigualdad es brutal.Qué distinto es proponer un Estado plural que reconozca la diversidad cultural y ajeno a la uniformidad y al pensamiento único.

La política neoliberal le apuesta a la creación de un sujeto privado (competencias), uniformado, consumidor y alejado de las identidades colectivas, de las causas públicas, de la preocupación por los otros y de la participación colectiva. Si desaparece lo segundo, nos enfrentamos a la destrucción de un sujeto erguido capaz de desafiar al orden constituido. Los dos momentos son muestra clara de que lo social está sufriendo una metamorfosis muy peligrosa, tal que en pocos años tiende a la desaparición por la vía de la fragmentación. Es importante pensar tal fenómeno a fin de buscar principios articuladores que eviten la desaparición de lo social. Lo que sí está claro es que la globalización destruye los lazos que cohesionaban al tejido social (costumbre, ley, institución, valores, etcétera).

¿Qué podemos colocar como principio para que construyamos identidades colectivas que vayan más allá de las identidades restringidas, como movimientos urbanos, derechos humanos, sindicatos, juventud, mujeres, partidos, etcétera? Algunos proponen como principio articulador un contrapoder que se constituya como una postura moral y un programa de reivindicaciones comunes a cada una de las identidades, teniendo como idea central el combate y desaparición del actual orden capitalista neoliberal. Otros consideran que debemos recuperar la idea de hegemonía, propuesta por Gramsci, entendida ésta como una reforma moral e intelectual que va más allá de la centralidad de la clase obrera, el partido, como una síntesis mas elevada capaz de fundir todos los elementos clasistas como voluntad colectiva nacional-popular. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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