Xuchitl Vázquez Pallares
6 de julio de 1988…
Jueves 7 de Julio de 2016
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El tiempo y el espacio son relativos y las más de las veces vemos cómo los hechos relevantes en la historia de los pueblos cobran enorme dimensión por lo que tras ellos acontece.
Recuerdo la madrugada del 6 de julio de 1988 como si fuera ayer, y sin embargo son ya 28 años de lo que aconteció.

En lo personal, al igual que muchos mexicanos, me preparaba para ir a cuidar la casilla que me correspondía. Me había inscrito como voluntaria para ello con el anhelo de hacer respetar el voto ciudadano. Era un día crucial. México anhelaba echar abajo al mal gobierno encarnado en el PRI, el pueblo, cansado de tanta corrupción, imposiciones, impunidad e injusticias, anhelaba un cambio.

Este cambio tenía dos características principales: no se deseaba violencia, se había decidido vencer en las urnas. Esto no era cualquier cosa, sabiendo cómo se las “gastan” para hacer triquiñuela y media para ganar en las urnas.

La batalla no era por el cambio en sí mismo o por sólo acabar con el PRI, sino por el proyecto de nación producto de la Revolución Mexicana, el cual había sido combatido , truncado y boicoteado durante décadas.

La jornada electoral fue fuerte, sobre todo aleccionadora de lo que podemos lograr si nos lo proponemos. La gente salió a votar multitudinariamente, la mayoría de las casillas contaba con ciudadanos comprometidos, sin más interés que hacer respetar la voluntad popular.

Recuerdo el momento del conteo, los representantes del PRI y el PAN, intentando amedrentarme para que no se contara voto por voto, pero se hizo y ganamos. Lo mismo pasó en miles de casillas.

Tras haber entregado los paquetes electorales, muchos ciudadanos anduvimos toda la noche cuidando que no quitaran los resultados de las puertas. El triunfo había sido apabullante a pesar de las irregularidades, amedrentamientos y brotes de violencia.

Lo que sucedió después todos lo sabemos: se cayó el sistema (literalmente), y para evitar que sucediera en los hechos, hasta se creó el incendio “accidental” de las boletas electorales, testigos mudos del triunfo de la voluntad popular y de la ignominia que vino después.

El sistema político y económico imperante se cimbró pero no permitió que lo derrocaran.

El 6 de julio de 1988 debe ser conmemorado como una batalla del pueblo de México por hacer cumplir sus anhelos de justicia.

En los hechos, con lápices y/o crayones en la mano, el pueblo decidió qué tipo de país y de gobierno quería. El poder no podía permitir que le derrocasen y derrocó la democracia y la justicia para poder seguir con vida.

No es mi intención hacer un análisis profundo, sólo intento que evitemos el olvido.

Recuerdo los meses que antecedieron a la elección, los ríos desbordantes de personas entrando al Zócalo, llenos de euforia, de enojo, de indignación, pero sobre todo de esperanza. Recuerdo las pintas en las calles, en escuelas, los mítines multitudinarios. No había vallas, no había guaruras, no había provocadores, no había violencia. Los mexicanos de bien, sin duda, dimos una lección de civismo y amor por este país.

El 88 fue sin duda determinante en lo que ha sucedido durante las últimas décadas en nuestro país.

Cómo olvidar que una vez más, como ha sucedido en la historia patria, fue en Michoacán donde se inició este movimiento. La Corriente Democrática surgió dentro del PRI hacia finales de 1986 reclamando al Estado la práctica de una política pública con contenido social, exigiendo frenar y reducir el endeudamiento externo y la adopción de procedimientos democráticos dentro de ese partido para la toma de sus decisiones, en especial para la designación de candidatos. Ante estas demandas el presidente y el sistema se sintieron amenazados.

Fue Cuauhtémoc Cárdenas el iniciador de este movimiento por la democracia, primero dentro del partido en que militaba y que después se convirtió, como el mismo señala en una conferencia que impartió en Puebla en 2004, en movimiento popular: “El gobierno de Miguel de la Madrid había puesto en marcha, y así se reconoció públicamente, una política de destrucción consciente y sistemática de todo lo que tuviera que ver con los logros positivos de la Revolución Mexicana sin ofrecer alternativas que tuvieran por base otras.

Ideologías y otras políticas para la solución de los grandes problemas del país y de la gente. El entreguismo, el alto endeudamiento con el exterior, el disparo de la inflación y la seria caída de los niveles de vida provocaron una profunda irritación en la población, que aumentó al ocurrir el sismo de 1985, que además de la gran destrucción que ocasionó, principalmente en la Ciudad de

México, dejó ver ante el país a un presidente pusilánime e incapaz de reaccionar ante la desgracia. La respuesta popular a las heridas del sismo fue en sentido contrario a la del presidente: la gente respondió dando vida a un vigoroso movimiento urbano popular que tomó la iniciativa social y política para la reconstrucción de la capital. El descontento apareció también en la vida política y al interior mismo del régimen”.

La historia es sin duda la gran maestra de la vida. Debemos tener memoria de las grandes proezas y de los grandes errores para aprender de ellos y así no volver a cometerlos.

El poder, el sistema, aprendieron la lección del 88, no volvieron a confiarse, fueron creando nuevas alianzas, métodos e instituciones que garantizaran su supervivencia costase lo que costase. El poder se pone y quita máscaras y vestimentas según le conviene.

A la izquierda la dividieron. Bien dice el dicho: “Divide y vencerás”. Bien sabe el poder lo que hace y para qué.

28 años después todo es diferente y sin embargo igual. Permanecen la desigualdad, la injusticia, la impunidad, el entreguismo y la violencia en todos los ámbitos.

México atraviesa hoy día por circunstancias sumamente delicadas, a todo lo ancho y largo del país hay descontento y violencia.

El sistema ha asfixiado la democracia pues sólo así garantiza su sobrevivencia. El pueblo no cree más en los partidos políticos, no cree en las elecciones, a las cuales han convertido en instrumento de manipulación y corrupción sin autenticidad alguna.

La sociedad civil comienza a tomar cartas en el asunto, no está dispuesta a dejar que continúen las cosas como están.

Dentro de la tormenta hay visos de nuevos amaneceres…

vazquezpallares@gmail.com.

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