Columba Arias Solís
Encuentro con un populista
Viernes 8 de Julio de 2016

Pese a su indefinición, el populismo sigue gozando de buena salud.

Ernesto Laclau.

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La VIII Cumbre de Líderes de América del Norte realizada en la pasada semana en la ciudad de Ottawa, Canadá, entre los presidentes Enrique Peña Nieto, de México; Barack Obama, de Estados Unidos, y Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, ha dado mucho material en las redes sociales, a propósito de los dichos y formas de estar del presidente mexicano. Si nos atenemos a los comentarios de las redes, el presidente Peña en su reunión con los otros jefes de Estado de los países vecinos habría recibido una serie de descolones por parte de sus homólogos Trudeu y Obama en relación con ciertas partes de su discurso.

Así, la frase de Trudeau: “Obviamente como maestro que soy, sostuve una buena conversación con el presidente al respecto en torno a los preocupantes incidentes, pero también sobre la necesidad de entablar un diálogo constructivo y garantizar el fortalecimiento del Estado de Derecho”, ha sido interpretada como una crítica no tan diplomática al presidente Peña; sin embargo, lo que se llevó la mayoría de las notas y comentarios jocosos y burlones –los famosos memes en la red– fue sin lugar a dudas la parte del discurso donde se refiere a líderes populistas y demagogos, al señalar que su gobierno “es respetuoso del proceso electoral de Estados Unidos”, pero criticó a quienes “recurren al populismo, a las soluciones fáciles a los problemas de hoy en día”.

Según señalan algunas notas periodísticas, Obama recomendó la consulta del diccionario para encontrar la definición de populismo, también se refirió a sus preocupaciones por la desigualdad, la injusticia y la impunidad: “Me preocupo por la gente pobre que está trabajando muy fuerte y no tiene la oportunidad de avanzar”, señaló Obama, “y me preocupo por que los trabajadores sean capaces de tener una voz colectiva en su lugar de trabajo, quiero estar seguro de que los niños están recibiendo una educación decente y creo que tenemos que tener un sistema de impuestos que sea justo”, luego agregaría: “Supongo que eso me hace ser un populista”.

Obama además señaló que el calificativo de populista se lo gana quien ha luchado por defender a los trabajadores y ampliar oportunidades para más personas. Luego agregaría, en una referencia a Donald Trump:

“Ellos no se transforman de la mañana a la noche en populistas porque dicen algo controvertido para obtener más votos, eso no es una medición de lo que es ser populista. Eso es ser xenofóbico o aún peor, es ser un cínico”. También el presidente Obama se refirió a que “calificaron de populista a quienes por votos niegan beneficios de la economía abierta y condenan las aportaciones de las comunidades migrantes”.
De los comentarios de ambos presidentes se desprende que tienen concepciones totalmente diferentes sobre lo que para cada uno representa el populismo. Mientras que para el presidente mexicano es motivo de crítica o descalificación el populismo, para el presidente estadounidense el ser populista conlleva tener y defender una serie de valores y reivindicaciones sociales.

Según señalan algunas notas periodísticas, Obama recomendó la consulta del diccionario para encontrar la definición de populismo, también se refirió a sus preocupaciones por la desigualdad, la injusticia y la impunidad
Según señalan algunas notas periodísticas, Obama recomendó la consulta del diccionario para encontrar la definición de populismo, también se refirió a sus preocupaciones por la desigualdad, la injusticia y la impunidad
(Foto: TAVO)

No es cosa rara la discrepancia al respecto, hay que señalar que ni los propios teóricos de las ciencias sociales se ponen de acuerdo en torno a una definición del populismo que cuente con el consenso o la aceptación general; se sigue dificultando encontrarle una ubicación, por lo que Frei y Rovira* se preguntan: ¿el populismo es una ideología?, ¿es un movimiento social?, ¿se refiere a un tipo de liderazgo o quizás a un régimen político?

Torcuato Di Tella desde 1965 definió el populismo como un movimiento político con fuerte apoyo popular con la participación de distintos sectores sociales y sustentador de una ideología anti status quo.
Los citados Frei y Rovira establecen que el populismo no es per se bueno o malo para la democracia, ya que posibilita la emergencia de experimentos políticos con dos fuerzas inherentes, a saber: por un lado, una fuerza que a la larga genera legitimidad para el sistema político debido a la tematización de disfunciones del orden democrático, y por otro lado, una fuerza que radicaliza las identidades colectivas y que puede llegar a la negación del pluralismo político.

En consecuencia, puntualizan los teóricos del tema, el arte del populismo radica en su capacidad de moverse entre ambas fuerzas, de modo tal que no tiene sentido caer en una demonización o en la divinización de dicho fenómeno. Luego entonces, el populismo –dice Frei– es una señal de que la democracia nunca es un estado pasivo, sino que más bien se trata de una constante adecuación a las cambiantes demandas y valores de la sociedad.

En México, una gran parte de la clase política ataca de populista a todo aquel adversario que proclama ciertas reivindicaciones sociales en favor de los grupos desposeídos o de mayor vulnerabilidad y marginación, y asumen que el populismo es un defecto político atribuible específicamente a quienes se ubican en el lado izquierdo de la geometría política. Sin embargo, la apreciación es falsa; actualmente tenemos un populista declarado: el presidente de Estados Unidos, al que se puede calificar de todo menos de izquierdista.

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