Rafael Mendoza Castillo
El poder de explotación y la educación
Lunes 11 de Julio de 2016
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Sigue controlando al charrismo sindical corporativo del SNTE
Sigue controlando al charrismo sindical corporativo del SNTE
(Foto: TAVO)

Inicio estas reflexiones con un pensamiento de John Ackerman: “Hoy el sistema autoritario se ve desgastado y agotado. Ya no controla los destinos de la nación como antes”. Aunque sigue controlando al charrismo sindical corporativo del SNTE. En este momento Aurelio Nuño y el gobierno de Peña Nieto usan a dicho corporativo sindical para desactivar la propagación del movimiento magisterial en el país. Esta estrategia forma parte del poder autoritario para engañar y mentir.

El discurso dogmático del político y del burócrata apunta no al esclarecimiento del destino del pueblo mexicano, sino hacia la fundamentación del concepto vacío de autoridad (prianismo verbal y optimista), desde donde se descalifica, como catastrofista, populista, peligro para México, la rebeldía y la crítica de las personas, clases o grupos, los cuales tienen otro proyecto de país, de nación. Qué bueno que Obama le impartió clases a Peña Nieto sobre el populismo.

Hoy el Estado mexicano otorga preferencia al proyecto acumulativo de capital sin importar la secuela de hambre, miseria y enfermedad que van quedando en los amplios sectores de la población. Así, el poder de dominación no se funda en la ética, lo racional, ni en la costumbre, sino en el poder mismo. Esto produce violencia física y mental en quienes piensan distinto y tinen otras opciones de futuro. La ley que defiende el prianismo es la ley del negocio, el lucro, la ganancia.

El pensamiento racionalizado, tecnocrático, que escinde medios y fines, niega toda posibilidad de convivencia y rechaza la incorporación de la conciencia protestativa, y más bien apunta hacia el fortalecimiento del dogmatismo, de la intolerancia, donde la “verdad única” es la que emana del poder de dominación y explotación. No olvidar la “verdad histórica” de Murillo Karam.

El país no sólo está atravesado por una aguda crisis económica, sino que también se presenta el derrumbe de los valores humanos y, por ende, la aceleración de la destructividad, de la violencia política y social, afecta en lo más profundo de los ciudadanos.

Los grupos hegemónicos y los poderes fácticos que manejan los asuntos públicos en el país por alguna circunstancia o razón han perdido la orientación correcta del proceso histórico en todos los órdenes. Todas sus reformas estructurales sirven a las reglas del capital nacional y extranjero. En esa perspectiva lo privado se come a lo público, lo de todos.

La política que se administra y planifica desde el poder hegemónico cancela todo movimiento de los trabajadores, del campo y de la ciudad que luchan por mejorar sus condiciones de vida. La derecha en el poder, insensible socialmente, niega de raíz la opinión, la duda y la disidencia de los otros, de las mayorías sociales (movilización magisterial en contra de la mal llamada Reforma Educativa).

Quienes rechazan la duda de los demás, la crítica, no sólo se ubican o se encaminan hacia un pensamiento autocrático, absoluto, sino que cierran todo posible espacio democrático como única posibilidad para el reencuentro con las auténticas fuerzas sociales del cambio y de la utopía. Todo grupo político que sustenta sus prácticas en ideologías circulares, maniqueas, esquemáticas, se pone de antemano anteojeras que no le permiten observar y asimilar lo novedoso del movimiento real de la sociedad y de la historia viva del país.

Aceptar la opinión del “otro” es ascender a los peldaños de una estructura social que ha alcanzado madurez política en el ejercicio de la democracia directa, y no reconocerlo es mantener a una sociedad civil ajena a la verdad y, sobre todo, provocar el aislacionismo del conjunto social en la decisiones claves que hoy reclama el país. Como dice Carlos Fuentes: “Más bien más cultura centrífuga, más heterogénea que homogénea, más empeñada en recuperar diferencias que en imponer semejanzas”.

La grave problemática que vive el país ya no puede ser decidida únicamente desde la cúpula del poder o poderes, sino que el desarrollo social exige la incorporación de otros sectores sociales para que se produzca un debate nacional sobre la reorientación de la política económica neoliberal hacia la solución de las necesidades cotidianas de la población.

Es muy riesgoso para la paz social que en México se continúe, por capricho, por autoridad, con un sistema social que produce y reproduce enormes desigualdades sociales y además se defiendan esquematismos políticos que fundan relaciones sociales en el egoísmo y el individualismo.

El pensamiento político que no duda, que ve la historia como dogma, como herencia lineal, sus acciones se encaminan hacia la destrucción de la inconformidad, de la protesta; estas situaciones se pueden efectuar muchos años pero jamás toda la vida, ya que las contradicciones sociales y las fuerzas actuantes buscan lo posible, las revoluciones.

En las últimas décadas el tiempo histórico ha sido dirigido por un pensamiento vertical, caracterizado por el monolitismo en las acciones y por decisiones unipersonales. Estos aspectos invalidan la participación de otras fuerzas políticas que intentan dar un viraje al modelo neoliberal hacia otros proyectos de país. De continuar por el camino de la apropiación individual de lo social, de lo histórico, entonces el conflicto de lo individual y lo colectivo será inevitable.

Es necesario que se hagan evidentes, o al menos clarificar, las condiciones importantes para que los análisis institucionales conlleven la posibilidad de trastocar las propias instituciones, descubriendo el significado, actuación de las mismas y el campo de la ideología dominante como sustento de las relaciones entre política y educación.

De acuerdo con la ideología dominante, hoy de derecha, se intenta ocultar la politicidad de todo acto educativo, y a partir de esa premisa se fetichiza todo el proceso. De esa forma la educación estaría, en cuanto a sus posibles funciones, más allá de cualquier compromiso con el cambio de las relaciones sociales en que aquella se inscribe, confirmando con esos planteamientos un marco total de “neutralidad política” en las instituciones de educación.

En el momento en que todo proyecto educativo guarde una estrecha e íntima relación con lo político, se modifica sustancialmente el que hacer educativo, ya que de esa forma aquel apuntaría a la reflexión en la que la acción constituyente permitiría transformar la realidad. Como bien dice Hugo Zemelman: “Que el objeto de conocimiento no es el objeto real, es una construcción social producto de la reflexión-acción que desde un ángulo de esa realidad cambiante y contradictoria hacen los hombres”. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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