Salvador Molina Navarro
Derecho a qué…
Un perdón con sabor a mentira
Martes 26 de Julio de 2016

Una mentira no tendría sentido si la verdad no fuera percibida como peligrosa.

Alfred Adler (1870-1937), psicólogo y psiquiatra austriaco.

A- A A+

 Enrique Peña Nieto, nuestro presidente de la República, está enfrentando un desacredito a nivel nacional e internacional sin precedentes en nuestra patria
Enrique Peña Nieto, nuestro presidente de la República, está enfrentando un desacredito a nivel nacional e internacional sin precedentes en nuestra patria
(Foto: Especial)

La corrupción en nuestro país es una forma de gobierno, los ciudadanos asumimos la corrupción como una forma de vida, corrompemos para librarnos de una infracción de tránsito, para evitar formarnos en una larga fila, para conseguir un trabajo, en fin, el día a día es un contaste corromper y corromperse, de ahí que nuestro país esté en los primeros lugares en este tema. Los ciudadanos entendemos y aceptamos, desde nuestra indolencia y nula reacción, un sistema político corrupto; nuestros gobernantes en un alto porcentaje son personas con antecedentes de corrupción, de enriquecimiento ilícito, de tráfico de influencias incluso con antecedentes penales.

Actualmente Enrique Peña Nieto, nuestro presidente de la República, está enfrentando un desacredito a nivel nacional e internacional sin precedentes en nuestra patria. Lo señalan como artífice y participe de grandes escándalos de corrupción a tal extremo que en otras latitudes ya habría costado la renuncia de políticos de primer nivel e incluso del propio titular del Ejecutivo. Uno de los grandes escándalos de corrupción y tráfico de influencias lo personifica la llamada Casa Blanca de Las Lomas, muchos de los personajes ligados directamente a Peña Nieto están también involucrados en los archivos que constan en la investigación periodística conocida como Panama Papers –este trabajo de investigación periodístico ya ha costado la renuncia de varios líderes mundiales–, pero en México no pasa nada; nosotros, los ciudadanos mexicanos, seguimos inertes, haciendo de México un país donde hasta los vivos están muertos, entonces nos preguntamos qué pasa en México, donde la corrupción no es un escándalo, donde la corrupción se perdona, donde ser corrupto no significa un castigo, donde la corrupción no se esconde, donde al corromper sólo basta decir “perdónenme, me equivoqué”. Para dar respuesta a esta interrogante debe entenderse la idiosincrasia nacional, debemos estar conscientes de que la corrupción es parte de nuestro constante acontecer, que desde nuestro nacimiento como nación libre e independiente corrompimos y nos dejamos corromper, que a los mexicanos la corrupción no nos espanta y no nos escandaliza, que basta un grito sonoro de “viva México, cabrones” en un 16 de septiembre para perdonar las mentiras, el mal gobierno, la corrupción, la pobreza y todo lo que nos aqueja el resto del año, porque, como lo escribió Octavio Paz, el mexicano sólo grita una vez al año y con eso ahoga todos sus gritos.
Ahora, ante la creciente desaprobación social, vemos a un presidente pidiendo perdón por u acto de corrupción, vemos a Virgilio Andrade, un amigo del mismo presidente, renunciar a su cargo como fiscal anticorrupción, vemos un teatro un perdón con sabor a mentira, como sabor a mentira dejó en su momento la explicación de la primera dama respecto de cómo y con qué dinero se adquirió la Casa Blanca de Las Lomas. Mentiras, perdón y mentiras, sólo eso es la consecuencia de actos de corrupción que en otras naciones hubiera tenido consecuencias graves y dignas, un perdón que se traduce en una mentira que oculta una verdad que se percibe como peligrosa.

Y mientras los ciudadanos seguimos expectantes de lo que pasa en otros países, vemos cómo Dilma Rousseff cae por corrupción en Brasil, cómo los Kirchner pagan sus facturas en Argentina, cómo Serguéi Roldugin, uno de los mejores amigos del presidente ruso Putin, sufre las consecuencias de sus actos de corrupción; cómo el primer ministro irlandés Gunnlaugsson renunció debido al uso de empresas offshore para blanquear dinero proveniente de actos ilegales; cómo la intocable FIFA y su mafia fueron detenidos, cómo Messi respondió por estos motivos. Vemos, solamente vemos, como si se tratase de una realidad que no nos corresponde, como si esos actos de corrupción fueran inexistentes en México, como si estuviéramos reuniendo motivos y pretextos para nuestro siguiente grito, para gritar tan fuerte que no sólo perdonemos los agravios, sino que también con ese conocido grito logremos convencernos de que como ciudadanos cumplimos con nuestra obligación. Al final del día ya no sabemos qué mentira oculta la verdad más peligrosa, si la que sostienen los gobernantes para ocultar sus actos ilícitos o la que gritamos los ciudadanos para evadir nuestras obligaciones y ocultar la falta de compromiso con la patria y su inevitable ciclo.

FB. Salvador Molina
TW. @SalvadorMolina_



Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

¿Candidatos independientes o una nueva clase política?

La colegiación de la justicia

Competencia contra monopolio

La Benemérita y Centenaria Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo

La política es un interés de todos

Qué nombre le vamos a poner

Nuevo ciclo escolar y nuevo reto educativo

Un avance ciudadano sin tintes políticos

El derecho de las víctimas y la obligación del Estado

Gracias, pero no es una concesión, ¡es un derecho!

Prisión preventiva oficiosa, ampliarse o desaparecer

Justicia en obra negra

La moneda está en el aire

Todos contentos, tenemos reelección

Un andador con sabor a parque lineal

“En espera de una reacción”

El menosprecio al derecho a un medio ambiente sano

La percepción, un tema añejo en Michoacán

¿Procuración de Justicia?

Una evaluación sin convocatoria

En espera de un acto de congruencia política

Hay de prioridades a prioridades

Entre mensajes y la realidad

Una nueva oportunidad

Está Navidad me servirá para…

Lo siento, no hay dinero en las arcas

El feminicidio, entre la espada y el espíritu

El salario mínimo y el mínimo vital

Una ley necesaria

La razón y la política en la Ley Antimarchas

Maestro Cárdenas, un inmortal autor de recuerdos

Derecho a un medio ambiente sano

Las escuelas Normales y el derecho a la educación

El derecho de los reos

A dos años de aquella noche

Sociedad dividida

Un informe con esquema diferente

El verdadero reto de la justicia penal en la actualidad

¿Perdonar y olvidar o una justicia restaurativa?, una decisión ciudadana

Un caso más de un todólogo mexicano

El caótico caso de la educación

Supe de un país lleno de promesas y demagogia

Un perdón con sabor a mentira

Un futuro inmediato

Michoacán ante un nuevo reto

La Alerta de Violencia de Género, ¿necesidad o pretexto?

Independientes ante el desgaste y la pérdida de credibilidad

Foto infracciones, entre argumentos y falacias

El derecho a la vida y la ignorancia legislativa

Una evaluación docente… ¿confiable?

Las decisiones de una madre

¿Qué protege el derecho humano al trabajo?

Los políticos y sus iusmonólogos

Un pueblo sin tribuna

El Estado, la violencia y las políticas públicas

“Justicia o política… una decisión pendiente”

“Entre la cobardía y el deshonor”

“Día Internacional de la Mujer, festejar sin compromiso o comprometerse sin festejar”

Michoacán y su identidad

Comisión Estatal de los Derechos Humanos, ¿sirviendo a la ciudadanía? (Segunda parte)

Comisión Estatal de los Derechos Humanos, ¿sirviendo a la ciudadanía? Primera parte

Derecho a conocer nuestro sistema de justicia penal

El derecho a estar informado, de la letra a su realidad

Una recaptura de Estado

Caminos, acciones y otros vericuetos de un buen ciudadano

Compartiendo mi realidad

Nuestro salario, aguinaldo y otras prestaciones laborales son derechos humanos

Declaración Universal de los Derechos Humanos, concientizando a los ciudadanos

Ser mujer también es nuestra lucha

Una parte de nuestro México, historia vigente que se niega y se esconde

Terrorismo, una crítica distante y una indolencia cercana

Los derechos humanos, de un discurso glorioso a una realidad dolorosa