Aquiles Gaitán
El principio y el fin
Miércoles 27 de Julio de 2016
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Todo se reduce a las pugnas entre los partidos, liberales y conservadores, entre los partidos revolucionarios y los reaccionarios, entre la izquierda y la derecha
Todo se reduce a las pugnas entre los partidos, liberales y conservadores, entre los partidos revolucionarios y los reaccionarios, entre la izquierda y la derecha
(Foto: Especial)

Las luchas por el poder, cuando no son producto de una ruptura revolucionaria, no tienen su origen en principios ideológicos, sino en los partidos. Eso ha sido siempre, todo se reduce a las pugnas entre los partidos liberales y conservadores, entre los partidos revolucionarios y los reaccionarios, entre la izquierda y derecha. Los que pregonan la democracia se convierten, cuando ganan, en una oligarquía que tiene un comportamiento propio de las oligarquías. Éstos, a su vez, se dejan allegar partidarios acomodaticios, sin educación, sin moralidad, que los alaban y obedecen servilmente con la motivación del sueldo y el mando.

Esta perspectiva, despojada de los holanes de la demagogia, es en el fondo lo que mueve al mundo, aquí es donde debemos diferenciar a los buenos de los malos, a los capaces de los incapaces, a los honestos de los corruptos, pues los malos, los deshonestos y los incapaces harán hasta lo imposible para confundir a todos, es decir, al pueblo en general, de que son lo contrario, pero finalmente desprestigian a su grupo y se benefician personalmente. El odio en la política no tiene cabida, las aversiones y resentimientos personales nos hacen injustos, propician distanciamientos; los que fueron criados con leche de sapo, es decir los calumniadores, ofenden innecesariamente, de todos obtienen el desprecio más profundo.

El grupo en el poder organiza su estrategia para llevar al pueblo al desarrollo, acabar con la pobreza, dar educación y atención médica conforme a la ley, implantar hasta donde puedan la seguridad. Sus primeras acciones, ya mencioné, son para colocar a sus partidarios en puestos estratégicos, los que a su vez organizan sus infanterías para la lucha administrativa.

Este es el ciclo interminable al que está sujeta la lucha electoral, son las reglas no escritas de la democracia. Los pregoneros del reino dan cuenta de los discursos y acciones de los gobernantes, que ya van, ya vienen, ya dicen, ya desdicen, ya hacen, ya deshacen, ¡bueno!, hasta piden perdón, emocionados, llenos de candor e inocencia.

Tal parece que la televisión, la radio, los periódicos, las revistas, hasta las redes sociales, están destinadas a difundir las acciones de los políticos, funcionarios públicos y gobernantes, desde la coronación de las reinitas de la primavera y la flor más bella del estado hasta las desgracias del peso y el precio del petróleo; unos en favor, otros en contra, pero todos estamos metidos en la fuerza centrípeta del remolino de una propaganda desmedida, que cuesta y se paga del dinero fiscal, que además de difundir acciones y actos de confeti y aplauso, pregona que a fuerza de difundir las fortalezas y oportunidades, lo bueno que tenemos, superaremos las debilidades y amenazas, lo malo que tenemos; la simpleza del análisis nos lleva a una conclusión simplona, esto no puede ser, es tirar el dinero en propaganda, es “hacer en creer” en algo que existe pero está amenazado, más aun si los conceptos de los pregoneros son tan imprecisos como confusos. No es lo mismo una economía de cobertura de necesidades que una economía lucrativa sujeta a factores subjetivos que inciden en los precios y las utilidades; ésta no puede estar sujeta a los efectos de la propaganda. La economía es de fines y medios para lograrlos racionalmente, con sentido común, lejos de las promesas mesiánicas y propagandas triunfalistas.

El desarrollo económico requiere de una planeación adecuada, un plan se estructura con acciones concretas, con el conjunto de medios aplicados para llegar a un fin con base en la experiencia. Hoy se parte aparentemente de una consulta ciudadana de los que quisieron ir y opinar, ¿se tomarían en cuenta sus propuestas?, ¿cualquiera pudo ir y opinar o solo los partidarios?, ¿usted fue a la consulta?, ¿qué le pareció?

Las acciones económicas orientadas deben partir de una gestión pacífica, las acciones violentas aun cuando supongamos que así sea, no obedecen a un plan, inciden negativamente con los secuestros, extorsiones y robos, con asesinatos inmisericordes de descuartizados, degollados, masacrados, en los resultados de la economía.

¿En estos términos, en un plan de desarrollo económico, debe considerarse la violencia y las acciones para combatirla? Sí, ¡claro que sí!, y deberá considerar los medios más racionales para combatirla. No señalo con índice de fuego ni critico mordazmente ni repruebo categórico las acciones que actualmente se llevan a cabo, tal vez hagan su mejor esfuerzo, ¡pero no es suficiente! Cuando las acciones toman un giro político, sus efectos se pierden en el etéreo infinito del importamadrismo y del “dejar hacer, dejar pasar”.

En este momento, en el que estamos, hay que evaluar no el costo del dinero, que finalmente se paga, sino los resultados de la táctica del paseo irrefrenable por las carreteras pavimentadas y plazas de los pueblos de las tropas fuereñas. Recuerden señores que los municipios son 113, que tienen tenencias y las tenencias, ranchos, y que todo se comunica por brechas, veredas y caminos reales, bueno, y lanchas en Infiernillo.

Va a pasar lo que en la Intervención Francesa, cuando se vayan las tropas extranjeras quedará el imperio desahuciado.
Los que vengan a invertir vienen por utilidades, no vienen a perder; en estos términos, la violencia y la migración de los habitantes, los ricos y los pobres, influyen, por supuesto, en su decisión. A partir de ahí se dará el desarrollo económico; de no ser así seguiremos “chutando el bote”, postergando una y otra vez el anhelado desarrollo.

El reconocimiento sincero y desinteresado no rebaja a quien lo otorga ni a quien lo recibe, aunque sean contrarios, más aun si hay fines superiores en los que convergen todos, la política de la “unidad en la diversidad”, esa que crea sinergias, es la que debe prevalecer aún en planes de desarrollo, ¿que no sería lo propio poner a discusión el Plan de Desarrollo? Y a partir de ahí definir un verdadero plan con el consenso de todos los actores, eso crearía la tan anhelada “unidad en la diversidad”, pero no, cada chango en su mecate y lo mismo se hacen planes a 30 años que planes sectoriales de desarrollo urbano, del agua, del bosque, de zonas especiales, etcétera, bajo la premisa de que “de grano en grano llena la gallina el buche” pero no tendremos los resultados esperados.

¿Cómo propiciar la unidad de los michoacanos? Considero que el único camino son los resultados, las acciones atinadas y efectivas para terminar con los flagelos, para decidir inversiones de capital y reducir el gasto corriente en recursos humanos cuando no se justifiquen y en recursos materiales innecesarios. Después de todo, la planeación es el principio y el fin y si éstos no se tienen, ¿de qué sirve llegar al poder si no saben por dónde?

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