Jerjes Aguirre Avellaneda
¡Para el debate por Michoacán!
¿Se puede reformar la cultura?
Viernes 29 de Julio de 2016
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Con independencia de las preocupaciones por la Reforma Educativa, en diferentes ámbitos sociales e institucionales han comenzado el análisis, la reflexión y el debate sobre el tema del cambio cultural y su relación con el desarrollo económico, social y político de la sociedad.

Las consideraciones sobre la reforma de la cultura hacen recodar la “Revolución Cultural” impulsada por Mao Tse Tung en la China revolucionaria del siglo pasado y que sin duda ha tenido una importante influencia en la construcción de la China contemporánea en su condición de segunda economía del mundo y potencia científica, tecnológica y militar indiscutible.

Por su parte, diversos problemas de México son considerados como de carácter cultural, como ocurre con la cultura de la corrupción, del comportamiento laboral, el conocimiento, la innovación y la democracia, entre otros tantos aspectos. Parecería que las referencias a la necesidad de reformar la cultura significan cambios en las prácticas cotidianas y permanentes, de comprensión y valoración de cuanto se hace, en función de los grandes objetivos de la sociedad.

Es importante destacar que la cultura de la riqueza y la pobreza, de la fe religiosa, del pecado y la virtud, del conjunto de relaciones sociales, son parte de la cultura como creaciones humanas, que pueden hacer a la vida “llevadera” o posibilidad de máximas satisfacciones. El hombre es cultura, hacedor de cultura en incesante transformación, en permanente cambio, la mayoría de las veces de forma espontánea y sin dirección consiente.

En cada época puede encontrarse una cultura propia, una manera específica de vivir, sentir, pensar y valorar lo que hay y lo que se considera correcto. La antigüedad, la época medieval, la moderna y la postmoderna se distinguen en el proceso histórico. De hecho, a cada época corresponde una civilización como totalidad en el pensar, hacer y sentir. Cuando se habla de cambios habría que distinguir entre los cambios civilizatorios y los cambios culturales particulares. Los cambios culturales perfeccionan el funcionamiento de una civilización, preparan los grandes saltos de una civilización a otra. Hoy lo que se vive es la civilización que corresponde al mercado global que funciona con sus propias reglas.

Por otra parte, las prácticas culturales cotidianas legitiman cuanto se hace y cuanto se piensa. Salir de lo que está establecido es “anomia”, disfuncional, locura o delito y, por tanto, el primer gran cambio en la reforma de la cultura consiste en el cuestionamiento de la propia cultura, en hacerla crítica, inconforme, innovadora, como condición para que la sociedad y los individuos definan y alcancen sus propios fines.

Diversos problemas de México son considerados como de carácter cultural, como ocurre con la cultura de la corrupción
Diversos problemas de México son considerados como de carácter cultural, como ocurre con la cultura de la corrupción
(Foto: Disse)

La cultura de la inconformidad y de la crítica conduce inevitablemente a la identificación de los contenidos del cambio, de una reforma cultural, incluyendo el conjunto de elementos que forman la estructura de la sociedad y los diferentes medios para el control y regulación de la dinámica social, considerando las ideas, la conciencia y disfrute de la belleza contenida en las variadas expresiones del arte.

Sobre todo, una reforma cultural con impulsos integrales y acumulativos para el gran salto civilizatorio, con cambios esenciales en las prácticas cotidianas, en el sentido común, racionalizando al mundo y el significado de las vidas individuales y colectivas. En las condiciones michoacanas es fundamental proceder al diagnóstico sobre las necesidades de reformar la cultura, con un catálogo de temas que incorporen la definición de sus objetivos y los medios disponibles para alcanzarlos.

Hay, sin duda en Michoacán, una cultura de la pobreza y la desigualdad, como la hay respecto de las exigencias del mercado en capacidad para competir con productividad. Hay una cultura del trabajo que olvida el principio acerca de que sólo el trabajo genera riqueza. Sobre la familia, la amistad, los valores de lealtad, esfuerzo y respeto por los demás. También en la cultura política, en la cultura de la democracia, de la burocracia y los funcionarios, sobre la inseguridad y la violencia. En el caso de los artistas podría hablarse de la cultura de la creación artística y las modas del “consumo artístico”, entre otros variados temas que tendrían que abordarse en sus causas y consecuencias.

El diagnóstico tendría que estar relacionado con los objetivos de la sociedad y las personas, atendiendo a que sin objetivos no hay conducta, en tanto orientan y justifican cuanto se hace. Son los objetivos también, los que permiten distinguir aquello que es razonable en forma individual o colectiva y los medios que se hacen necesarios para alcanzarlos. Esto es, una reforma cultural podría comenzar con los cambios en la práctica de la voluntad individual, colectiva, de toda la sociedad, de todo el pueblo, con objetivos y medios, tiempos, controles y evaluaciones, representando el inicio de nuevos tiempos, de una civilización diferente.

En Michoacán habría que convocar al gran debate sobre la reforma cultural, que convenza y motive a los michoacanos para construir y disfrutar de formas superiores de vida. Una reforma cultural de toda la sociedad y no sólo de sectores de ella, en su diseño y en el compromiso de llevarla a la práctica.

La Reforma Educativa, con la discusión del nuevo modelo educativo, es una oportunidad para fijarse compromisos de reformar integralmente la vida en sociedad. Es un sueño que se puede comenzar a realizar.

A la pregunta ¿se puede reformar la cultura?, la respuesta es que no sólo se puede, sino que se debe.

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