Ramón Guzmán Ramos
La imaginación y la subversión de la realidad
Sábado 30 de Julio de 2016
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¿Qué es en esencia la imaginación?, ¿cuáles son sus conexiones con la realidad?, ¿cuáles sus fuentes, sus raíces, sus efectos en la conciencia del sujeto y en la sociedad? La imaginación es la capacidad humana para representar imágenes con independencia de un estímulo, esto es la facultad de reproducir la imagen de los objetos que no están presentes. Vigotsky sostiene que la imaginación es la capacidad de realizar una función combinatoria que define como síntesis. El sujeto no sólo reproduce las imágenes que guarda en la memoria, sino que es capaz de combinarlas y producir otras nuevas basándose en aquellas. Tal sería el mecanismo interno, por ejemplo, que hace brotar a la poesía, que genera historias que antes no existían y que pasan a formar parte del imaginario colectivo.

La imaginación es la base de cualquier actividad creadora y lo que hace del sujeto un ser que puede proyectarse hacia el futuro. Es a través de esta capacidad maravillosa, esencialmente humana, que los hombres y las mujeres podemos transformar nuestra realidad cotidiana. La imaginación no es algo separado de la realidad objetiva. No es una falsedad, una falsación de la realidad. La imaginación es, por el contrario, el resultado de la reelaboración de la experiencia. Son los datos de la experiencia, la acumulación de la experiencia y la reflexión crítica de tal experiencia lo que constituye el sustrato fundamental de la imaginación. De esta manera, las leyendas, por ejemplo, los cuentos, los sueños, la poesía, no son sino la combinación de elementos diversos de la realidad que la imaginación selecciona, recrea y da forma para construir una nueva realidad.

La imaginación es la base de cualquier actividad creadora y lo que hace del sujeto un ser que puede proyectarse hacia el futuro.
La imaginación es la base de cualquier actividad creadora y lo que hace del sujeto un ser que puede proyectarse hacia el futuro.
(Foto: Disse)

La actividad creadora de la imaginación está subordinada a la riqueza y a la variedad de la experiencia acumulada. La imaginación recrea la realidad más allá del tiempo y el espacio. Hasta los historiadores más rigurosos, los exploradores del pasado, necesitan recurrir a la imaginación para visualizar el mundo y la vida de antes, para reconstruir épocas y personajes de la historia, para darle nuevamente vida al pasado, y también para asomarse al porvenir. Vigotsky sostiene que cuando la cosa es imaginada empieza a existir. Su acción y su influencia se hacen presentes en la realidad. La presencia de nuevas realidades imaginadas influye en y determina las relaciones entre los objetos que ya existían y las nuevas conquistas del pensamiento. La imaginación es un impulso creador.

Para Sartre, las imágenes simbólicas que surgen en la estructura del pensamiento son, en definitiva, la conciencia de una realidad, una forma de captación de la realidad, la metáfora de esa realidad. Si bien es cierto que las cosas empiezan a existir cuando son imaginadas, adquieren una presencia vigorosa cuando se les nombra. Nombrar las cosas equivale a otorgarles existencia. En el principio fue el verbo.

El verbo es la acción del lenguaje. Al narrar una historia, por ejemplo, inventamos otro mundo. Las historias emergen de la imaginación y adquieren una nueva categoría: la de ser reales. Cada nueva obra se integra a la estructura y a la forma que ya tiene el universo. Y con ese simple acto lo afecta, lo transforma. Cada obra, además, tiene el poder de la encarnación. Llega hasta nuestro pensamiento y a nuestro corazón y los afecta, los habita, se hace uno con ellos. Emerge entonces en el mundo objetivo convertida en actitudes, en acciones concretas, en voluntad, en una concepción del mundo que se expresa de diversas maneras en la vida cotidiana.

Así como la imaginación alimenta la vida, la lectura es a su vez el alimento más rico de la imaginación. Leer es darle vida a las palabras.

La lectura y la escritura exigen la acción permanente de la imaginación. Leer es ver más allá de las palabras, más allá de las páginas, de los signos escritos. Leer es, por lo tanto, imaginar, recrear, reinventar la historia, reconstruir las ideas. Cuando las palabras desaparecen y en su lugar emergen los personajes, las imágenes, los escenarios, se cumple el propósito de la lectura: volver las palabras de cristal, hacer de ellas un vehículo invisible al mundo maravilloso de lo que se está volviendo a crear.

El lenguaje poético, a su vez, se convierte en una fuente de estímulos y sugerencias, configura la sensualidad, posibilita la relación mágica con el entorno, contribuye al descubrimiento, a la revelación de la realidad. La poesía nombra las cosas del mundo de otra manera y, al hacerlo, abre nuevas dimensiones. Es por ello que subvierte los sentidos. Cuestiona la realidad existente a través de los sentidos y afecta necesariamente el modo como se percibe y, luego, o al mismo tiempo, como se piensa la realidad.

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