Rafael Mendoza Castillo
Lo imaginario y el capital
Lunes 1 de Agosto de 2016
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Este es el siglo XXI de Aurelio Nuño Mayer y su Reforma Educativa
Este es el siglo XXI de Aurelio Nuño Mayer y su Reforma Educativa
(Foto: Archivo)

Inicio estas reflexiones con el pensamiento de Marcos Roitman: “El poder es consciente, promueve la ignorancia colectiva, generaliza el miedo a la crítica reflexiva hasta hacerla irrelevante. Pensar trae consecuencias. Mejor no hacerlo. Es peligroso y subversivo”.

Dicen algunos pensadores que el capital se manifiesta de distintas formas y que en eso se parece al Diablo. La lógica del capital, que es su propia acumulación desmedida vía la rentabilidad y el lucro sin freno, penetra todo el tejido social, desde el amor hasta el trabajo. Pero el capital también es el libro social de la explotación humana, muy parecido a los vampiros.

El capital se manifiesta en forma de monopolios en medios de comunicación, en la Ley del Servicio Profesional Docente, laboral y administrativa, en Mexicanos Primero, lobos vestidos con piel de oveja (asociación civil), reformas laborales para quitar conquistas, en evaluaciones universales para criminalizar y excluir maestros, en elecciones para imponer nuevos explotadores, tratados de libre comercio, en partidos políticos, en asociaciones de banqueros extranjeros y empresarios, sindicatos corporativos charros, intelectuales al servicio del poder de dominación, globalización económica y cultural, corporaciones militares, delincuencia organizada y otras formas. Todo lo anterior forma parte de un capitalismo políticamente administrado y planificado para anular la acción constituyente del pueblo de México.

No cabe duda que el valor de cambio y sus significaciones es lo que las instituciones dominantes de la sociedad deciden que sea. Como bien dice Manuel Castells: “La lógica capitalista aparece a menudo disfrazada en forma de proyectos de seguridad, como el rentable negocio de las empresas estadounidenses ‘amigas’ en Iraq demuestra claramente”. De ahí que el valor y su representación imaginaria sea una expresión del poder de explotación vigente y quien ostenta el poder, la oligarquía, decide lo que es valioso (“Nuevo Modelo Educativo”). Estos oligarcas olvidan que hay otras opciones de futuro, de valor, en el pueblo mexicano, y que hoy se manifiestan, se hacen visibles, en todo el territorio nacional.

Existe en la sociedad mexicana gran variedad de representaciones, visiones y sentidos, unas adoptadas con autonomía y otras impuestas. Estas últimas están provocando una descomposición y deterioro del tejido social. Por ello es importante reflexionar desde la historia para darnos cuenta de los contenidos que en momentos determinados dieron sentido y orientación al imaginario individual y colectivo de los mexicanos. Como bien dice Federico Navarrete: “Confluencia no es igual a mezcla, ni social ni cultural y menos racial. La sociedad mexicana que surgió de esta gran transformación siguió siendo plural, desigual y contradictoria, nunca fue ni será homogénea ni unificada”.

Lo anterior permitirá descubrir los viejos o nuevos contenidos que hoy el proceso de globalización o internacionalización del capital vehicula en el imaginario de los individuos para provocar la desreligación de lo social en todos los órdenes (con el prójimo, con la comunidad, con la sociedad, con la especie humana, etcétera).

La problemática anterior es reveladora de una lucha política entre una tendencia capitalista que hoy mantiene sitiada, atrapada, explotada, dominada, encarcelada, manipulada a la nación y sus instituciones, y otras tendencias de izquierda, progresistas, socialistas, no partidarias, que luchan para orientar a la nación y sus instituciones hacia la emancipación humana; esto es, la libertad para decidir el destino, para sí, de los mexicanos.

Antes de la intervención de la globalización neoliberal, nuestros imaginarios, mestizo, indio, negro, chino, judío, etcétera, se nutrían de raíces históricas, de ideas, códices, mitos, ritos y de hechos, como la Independencia, la Reforma liberal, la Revolución Mexicana, nuestros héroes, el lugar donde nacimos, valores de comunidad, de solidaridad, de interés común, reconocimiento del otro, de lo público, sin integrismos o falsos mestizajes. Todos estos componentes le infunden vida a la nación y son como resortes que la impulsan hacia el futuro. Lo anterior está en peligro por la sobrevaloración del dinero (capital).

El proceso neoliberal está destruyendo los fundamentos históricos y éticos citados y está colocando identificaciones distintas a las anteriores en el imaginario de la gente con la finalidad de convertir al país en súbdito de los intereses económicos, políticos y culturales de las corporaciones nacionales y extranjeras. En esta sucia tarea está trabajando la derecha panista y priista conjuntamente con los poderes fácticos y las mafias del dinero. Este es el siglo XXI de Aurelio Nuño Mayer y su Reforma Educativa.

El neoliberalismo no sólo constituye un modelo para que el capital absorba la riqueza de la nación, sino que también produce ideas para convertir a los individuos no en sujetos, sino en medios para consumir y que éstos se retiren de la política, del pensamiento crítico, de la pregunta, y se instalen en el hogar, en lo privado, todo ello mientras las mafias y los monopolios del negocio se reparten el patrimonio de la nación.

Por eso la concertación (pactar) prianista le apuesta a la institución familiar a fin de que la gente se olvide de la ética de la responsabilidad y de la política, lo cívico, como el lugar privilegiado para accionar sobre la realidad y cambiarla. Es tan autoritaria y dogmática la derecha citada arriba que ellos definen, desde su ideología conservadora y excluyente, qué tipo de familia es la buena, la sagrada; las otras no existen. Es, pues, un pensamiento unidimensional y fundamentalista.

¿Qué garantes metasociales y metapsíquicos está proponiendo el discurso de la derecha en el poder que, por cierto, no accedió al poder con transparencia, legalidad y legitimidad, sino por medio del fraude electoral? En primer lugar, intentan desaparecer las identificaciones que configuraron la memoria histórica de los mexicanos con la finalidad de colocar valores y sentidos conservadores que mantengan a los individuos en la conformidad con el estado de cosas vigente. En esta perspectiva se inscriben los perfiles de formación que propone el “Nuevo Modelo Pedagógico” de Aurelio Nuño Mayer, secretario de Educación Pública.

Por otro lado, el documento conservador de las buenas costumbres, de la subordinación de la política a la Iglesia católica, la muerte de lo laico en las instituciones (leyes estatales antiaborto) y que el sentido de lo privado, de la individualidad egoísta, se impongan como el nuevo modo de ser y pensar de los mexicanos. Como bien afirma Edgar Morín: “El egocentrismo se desarrolla en todos los dominios y tiende a inhibir las potencialidades altruistas y solidarias”.

El malestar que hoy está creando el modelo neoliberal en la sociedad y el individuo, grupos o clases, es realmente de preocupación ya que provoca una desreligación de los valores de solidaridad, equidad, verdad, bondad, inclusión de lo común, de lo público, y centra la atención, en la defensa de la soberanía del individuo, tal que éste sólo busca el éxito, el poder y la riqueza (pruebas y evaluaciones estandarizadas, competencias). Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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