Salvador Molina Navarro
Derecho a qué…
Supe de un país lleno de promesas y demagogia
Jueves 4 de Agosto de 2016

Quienes alcanzan el poder con demagogia terminan haciéndole pagar al país un precio muy caro.

Adolfo Suárez, ex presidente del gobierno de España.

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La ciudadania entró en conflicto con la Reforma Energética, algunos creyeron ciegamente las promesas de los gobernantes y otros tantos se reusaron a creer en las mismas
La ciudadania entró en conflicto con la Reforma Energética, algunos creyeron ciegamente las promesas de los gobernantes y otros tantos se reusaron a creer en las mismas
(Foto: Cuartoscuro)

Supe de un país tristemente sorprendente, donde progresar era un tema cada día más complicado, donde los límites para los ciudadanos eran cada día más reducidos, donde sus posibilidades se transformaban en esperanzas inalcanzables, donde sus sueños se alejaban de sus ideales debido a que los problemas, la apatía, las preocupaciones, la desvalorización social… en sí, la realidad, les ganaba terreno; donde el retroceso político y económico, la desproporción en el reparto de riquezas, la explotación del hombre hacia el hombre, orillaba a crear nuevos adjetivos como “pobreza extrema”, “anatocismo”, “promesas de campaña”; donde el discurso político era la realidad que imperaba y la realidad doliente era la excepción, donde los ciudadanos mecánicamente votaban una y otra vez por los mismos para diferentes cargos de elección popular, como si se tratase de una imagen del video musical de la canción “Another brick in the wall”, de Pink Floyd. Supe de un país donde vivir era un reto, donde la demagogia era democracia y populismo, donde las promesas y el discurso duraba solamente algunos meses, tiempo en el cual eran destrozados por una realidad que los contradecía; donde los políticos hablaban de mejoras que se tomaban como augurios o noticias de lo que en el futuro pasaría a contrario sensu.

En ese país era una constante el aumento a los precios de la gasolina, una preocupación para el gobierno y para sus ciudadanos, era imparable el encarecimiento de un producto que tenía total injerencia en el control de precios de la totalidad de los productos y servicios. La gasolina y el resto de los combustibles fósiles, sin duda, era necesaria para poder trasportar productos y personas, para activar la economía, el comercio, el turismo, el hacer diario de este país, por esto era de importancia el aumento del precio de este petrocombustible y se tomaron cartas en el asunto para poder proteger a los ciudadanos y su economía. Los gobernantes pensaron y pensaron cómo solucionar este problema y de pronto tuvieron una idea acorde con la forma de hacer política que era ejercida y aceptada, dijeron: “Hagamos una Reforma Energética, una que nos permita lucirnos con discursos atractivos y que parezcan estadistas, una que permita crear una nueva esperanza a la ciudadanía, una que podamos confeccionar con una publicidad prometedora, una Reforma Energética que le llamaremos ‘trascendental’”. Empezaron a vender esta idea con discursos que decían cómo pararía el aumento mensual de la gasolina y demás combustibles, cómo se tendrían que modificar los precios para que fueran cada vez más bajos, cómo aumentaría el poder adquisitivo de los ciudadanos, cómo ese país entraría en un progreso de primer mundo como nunca se había visto y prometieron que los costos del combustible, de la luz, del gas natural, bajarían y que se percibiría un progreso nacional.

La ciudadanía de ese país entró en un conflicto, pues algunos creyeron ciegamente las promesas de los gobernantes y otros tantos se reusaron a creer en las mismas, al final todos los ciudadanos estaban acostumbrados a transitar de promesas de progresos a una realidad contraria, muchos pensaban y señalaban si los políticos nos han prometido que los precios de los productos energéticos bajarán, seguramente aumentarán, si nos han dicho que se abrirá el mercado a empresas extranjeras para que existe una sana competencia y se ataque a la corrupción, seguramente entrarán las empresas extranjeras pero eso no influirá en un control de los precios, que serán cada vez más costosos, ni de la corrupción que se permitirá a cada vez facturas más caras para los ciudadanos. En sí, la ciudadanía empezó a debatir en pro y en contra y poco a poco fue pasando el tiempo y llegó el momento de gozar o sufrir las consecuencias de la Reforma Energética y sus promesas políticas.

Para esto, entre debate y debate a la ciudadanía se le olvidó que en el lejano 2012, cuando entró en funciones el gobierno actual de ese país, cuando los precios de la gasolina eran los siguientes, por cada litro de gasolina magna se pagaban 10.81 pesos, de Premium, 11.37, y de diésel, 11.17 pesos, al finalizar el año 2013, después de un año de gobierno de promesas y demagogia se paga por litro de gasolina magna 12.13, de Premium, 12.69, y de diésel, 12.49 pesos. Los gobernantes, para poder abonar a su estrategia demagoga, se valieron de argumentos falaces y difundieron por todo el país que en enero de 2016 el precio de los combustibles pétreos bajaría, señalaban que esos eran los beneficios de la Reforma Energética, que esta vez no era demagogia ni promesa, que era una realidad y publicaron los precios con el efecto de una Reforma Energética estadista. Para el año 2016 el precio por litro de gasolina magna sería de 13.16 pesos, con una disminución de 41 centavos en comparación con el precio promedio del año anterior, que era de 13.57 pesos por litro; de Premium, 13.98 pesos, con una disminución de 40 centavos en comparación con el precio promedio del año anterior, que era de 13.77 pesos, y el diésel costará ahora 13.77 pesos por litro, con una baja en comparación con el precio promedio de 2015, que era de 14.20 pesos.

Los ciudadanos de nueva cuenta entraron en un debate sobre si en esta ocasión no habría demagogia ni promesas incumplidas, al menos en el tema energético, y siguieron debatiendo y olvidando las circunstancias que imperaban en el lejano 2012 y en la actualidad, mientras el gobierno decidió que era tiempo de hacer valer la forma de gobierno que conocía, anunciaron que para agosto del año 2016 el precio de la gasolina tendría un nuevo balance, pero esta vez no era un efecto de la Reforma Energética, esta vez se trataba de un efecto por el aumento del precio del crudo, ahí no tenía nada que ver la Reforma Energética y señalaron que el precio por litro de gasolina Magna sería de 13.96 pesos, de Premium, 14.81 pesos, y de diésel, 13.98 pesos. Los gobernantes tampoco dijeron nada acerca de que ahora la gasolina era más costosa, incluso en comparación con los precios que prevalecían antes de la Reforma Energética, pues previo a su “disminución”, la Magna tenía por litro un precio promedio de 13.57 pesos, ahora 39 centavos más cara; la Premium, de 13.77 pesos, ahora 1.04 pesos más cara, y el diésel tenía un precio promedio de 14.20 pesos, conservando una disminución pero ahora sólo de 22 centavos, eso no lo dijeron.

Ahora en ese país la ciudadanía sigue preocupada por sobrevivir, en ese país donde la demagogia también es una forma de corrupción, donde sus ciudadanos siguen pensando en quién votar y ven como opciones solamente a los mismos. Supe de ese país y también supe de sus ciudadanos y de su necesidad de cambiar esa realidad, de su necesidad de ser dignos, de su hartazgo de las mentiras, de la demagogia de las promesas de inventar adjetivos para poder tener una forma de llamar la realidad. Supe de ese país y supe con tristeza de lo caro que están pagando la factura por permitir y seguir permitiendo que le poder se alcance con demagogia.

FB. Salvador Molina
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