Columba Arias Solís
La campaña del odio en Estados Unidos
Viernes 5 de Agosto de 2016
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Ha terminado el proceso interno electoral de los partidos Republicano y Demócrata en Estados Unidos, concluyendo sin sorpresas en las designaciones de Donald Trump y Hillary Rhodam Clinton como candidatos de los respectivos partidos a la Presidencia de aquel país. En el caso del candidato republicano, lo que parecía en el inicio una suerte de broma pesada con la inclusión de la precandidatura del empresario en la lista de aspirantes a la candidatura, se transformó en una realidad preocupante no solamente para los demócratas en Estados Unidos, sino también para los millones de migrantes mexicanos que residen en ese país, y a quienes el mensaje amenazante de Trump les fue dirigido muy directamente a lo largo de la campaña interna del Partido Republicano.

Desde que anunció sus intenciones de contender por la nominación republicana para la Presidencia, Donald Trump se ha dedicado a despotricar contra los mexicanos; así, en su primer evento de campaña se refirió a los mexicanos migrantes como “violadores y criminales”. Prácticamente todos sus mensajes en los diversos eventos de campaña en los distritos electorales de aquel país fueron construidos con retórica antiinmigrante, principalmente dirigida contra los mexicanos, a quienes Trump acusa de quedarse con los empleos y desplazar a los blancos estadounidenses.

Así, con su retórica xenofóbica y racista Trump ha ido pavimentando el camino a la Presidencia de su país, despertando el entusiasmo y reavivando los sentimientos racistas y antiinmigrantes de miles de estadounidenses que emocionados aplauden las amenazas de su candidato de construir un muro fronterizo de más de mil 600 kilómetros para evitar que los mexicanos entren, mismo que sería pagado, según dice, por el gobierno mexicano, y cuyo costo, estima, sería de diez mil millones de dólares.

Trump ha explicado que obligaría al pago de dicho muro por el gobierno mexicano modificando una norma dentro de la ley antiterrorismo para cortar los envíos de dinero a México hasta que se realice el pago; de cumplir esta amenaza, México perdería más de 25 mil millones de dólares por el bloqueo de remesas. En su campaña antimexicana Trump propone también aumentar el costo de las visas para ingresar a aquel país, de tal modo que además de utilizarse para la construcción del muro, su alto costo para conseguirlas disuada a más mexicanos de trasladarse al norte.

. Es una falacia que los migrantes mexicanos desplacen de sus puestos de trabajo a los estadounidenses nacidos en ese país
. Es una falacia que los migrantes mexicanos desplacen de sus puestos de trabajo a los estadounidenses nacidos en ese país
(Foto: TAVO)

Durante su periplo campañero Trump ha amenazado con iniciar una guerra comercial contra México y China, comenzando con el incremento hasta un 45 por ciento a las tarifas de productos provenientes de esos países. Trump ha construido su discurso diciendo a los trabajadores estadounidenses lo que éstos querían oír: que los acuerdos comerciales han ayudado a destruir, a desmantelar la industria, principalmente de la zona norte del medio oeste, y que obligará a las grandes empresas de Estados Unidos a regresar al país, y si no, les impondrá altísimas tasas a los autos y productos que los empresarios tiene fuera de su territorio.

Se dice que el discurso del odio del candidato Trump tiene un objetivo electoral mercadotécnico, quiere llegar a un público que se caracteriza por ser mayor de 35 años, gente desempleada que no es necesariamente universitaria, que están en contra de los tratados de libre comercio porque sienten que éstos les han quitado sus posibilidades de empleo. Trump maneja un mensaje proteccionista y culpa a las balanzas comerciales negativas con países como el nuestro de la pérdida de puestos de trabajo, por lo que su promesa de renegociar o incluso romper con los tratados comerciales es parte de su lema de campaña de volver a hacer a Estados Unidos el país poderoso que fue y que según Trump ya no es.

Las propuestas antiinmigrantes y antitratados comerciales de Trump no resisten el menor análisis hecho con seriedad porque prácticamente sería imposible la deportación masiva de más de once millones de mexicanos residentes en aquel país, toda vez que casi la mitad de ellos residen en forma legal en territorio estadounidense. Es una falacia que los migrantes mexicanos desplacen de sus puestos de trabajo a los estadounidenses nacidos en ese país; basta dar una mirada a los estudios realizados por diferentes organismos internacionales para advertir que las dos terceras partes de los hombres mexicanos de entre 18 y 64 años que han emigrado trabajan en la construcción, en la agricultura y la jardinería, mientras que las mujeres mexicanas inmigrantes se desempeñan en el sector de servicios, en la manufactura y también en la agricultura.

Más mujeres inmigrantes mexicanas trabajan como empleadas domésticas y en el cuidado de los niños. Así las cosas, en estos empleos por supuesto que las y los mexicanos no han desplazado a ningún estadounidense y Trump lo sabe, pero en aras de ocupar la Casa Blanca sigue exacerbando sentimientos de odio y racismo contra la migración mexicana.
Si, como algunos analistas señalan, la retórica antiinmigrante y contra los mexicanos es solamente una estrategia electoral de Trump para acercarse a la Casa Blanca, de cualquier forma resulta peligrosa porque alienta el surgimiento de sentimientos de discriminación y odio y deja polarizados a sectores de la población. Es un hecho que las campañas de odio nunca dejan buenos resultados a la sociedad.

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