Jerjes Aguirre Avellaneda
¡Para el Debate por Michoacán!
Migración michoacana, entre la forma y el fondo
Viernes 12 de Agosto de 2016
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El fenómeno migratorio continúa estando presente en la realidad mexicana y michoacana. Cambian sus características y sus efectos socioeconómicos pero su naturaleza, asociada a causas ocupacionales y de condiciones insatisfactorias de vida, sigue teniendo plena vigencia en un contexto internacional con insoslayables desventajas, particularmente entre México y Estados Unidos.

Habría que destacar que la migración tiene también causas estructurales que corresponden al mundo globalizado y a los desequilibrios entre regiones y países. La universalización del mercado presupone la desigualdad entre países ricos y pobres, Europa frente a África o Estados Unidos frente a América Latina. La globalización incorpora, en lugar de eliminar, las “asimetrías” económicas y sociales entre países, convirtiendo en permanente atractivo los niveles salariales y de vida de los países ricos, en relación con lo que ocurre en los países pobres.

En el caso mexicano, el “sueño americano” ha sido un poderoso incentivo para los desocupados, los subocupados o los que simplemente buscan mejores oportunidades para trabajar y para vivir. Entre Estados Unidos y México las condiciones facilitadoras de la migración se remontan hasta la derrota mexicana en la guerra del siglo XIX y la pérdida de la mitad de su territorio, donde viven importantes núcleos de población mexicana. Después, como consecuencia de la violencia revolucionaria, seguida del Programa Bracero y a partir del último tercio del siglo pasado, cuando por razones de incapacidad interna pudo registrarse una explosiva corriente migratoria indocumentada hacia Estados Unidos, provocando procesos de despoblamiento de regiones enteras de México, como ha ocurrido con el ejemplo michoacano.

Los miles de jóvenes sin oportunidades educativas se vuelven ninis, migrantes o candidatos para delinquir.
Los miles de jóvenes sin oportunidades educativas se vuelven ninis, migrantes o candidatos para delinquir.
(Foto: Cambio de Michoacán)

En la situación de Michoacán, como entidad expulsora de mano de obra, está registrando en el presente importantes cambios derivados de su dinámica demográfica, de las dificultades impuestas a los cruces indocumentados, a las persecuciones en los propios Estados Unidos y las consecuentes deportaciones. Los cambios en la política migratoria norteamericana provocan cambios en las modalidades con que se produce el fenómeno migratorio mexicano.

Tendría que destacarse, sin embargo, que las causas de origen de la migración michoacana siguen fundamentalmente inalterables en tanto la pobreza, el desempleo y la ocupación precaria continúan prevaleciendo en la entidad, a la vez que el “factor esperanza” pierde todo significado para millones de michoacanos. En el campo es el retroceso para las mayorías rurales y en los centros urbanos, ¿en qué pueden ocuparse los buscadores de empleo y bienestar?

Inclusive la educación, que en tiempos pasados fue una vía para la movilidad y el ascenso social, hoy carece de importancia no sólo porque los títulos académicos dejaron de representar una garantía de trabajo, sino porque cada vez aumenta el número de jóvenes sin acceso a los centros públicos de educación superior y que carecen de recursos para pagar la educación privada.

Los miles de jóvenes sin oportunidades educativas se hacen ninis, migrantes o candidatos seguros para la delincuencia de todo tipo, la simple o la organizada.

En este contexto, adquieren importancia los resultados de la encuesta levantada recientemente por el Colegio de la Frontera Norte, por lo que tienen de sugestivo para Michoacán en la tarea de impulsar acciones vinculadas con la migración y sus protagonistas. En efecto, los registros disponibles señalan una tendencia a la baja en el flujo de migrantes, toda vez que en 2014 el número de migrantes fue el más bajo de los últimos diez años. Tomando como indicador el número de deportaciones, los datos revelan que en 2007 las deportaciones de mexicanos alcanzaron un máximo de 573 mil personas, y siete años después, en 2014, estas deportaciones bajaron a más de la mitad con 214 mil casos hasta llegar, entre julio y septiembre de 2015, a 39 mil 400 deportados como la cifra más baja para un trimestre desde 2012. Esta tendencia es enteramente aplicable para Michoacán.

Sin embargo, las deportaciones encierran un destacado drama humano, toda vez que a partir de 2010 más de la mitad de los deportados dejan a sus hijos en Estados Unidos, fragmentando familias en una clara violación de los derechos humanos básicos, en especial de los menores y de las mujeres madres, considerando el incremento en el número de mujeres migrantes y el tiempo vivido en Estados Unidos al grado de que, según la encuesta, el 86 por ciento de los deportados vivió más de tres años en aquel país.

Otros aspectos son significativos, en tanto la encuesta pone de manifiesto el incremento de los migrantes de “cuello blanco” que llegan en avión, con visa y niveles de estudio más elevados, representando el 51.5 por ciento del total. Esta característica tiene relación con las ocupaciones migrantes en los lugares de destino, con un incremento del trabajo en el sector servicios y una disminución en las actividades agropecuarias.

Es en consecuencia evidente que hay cambios en las formas de la migración, permaneciendo inalterables las causas de fondo que la provocan. Tratándose de Michoacán, es imprescindible el diagnóstico de los problemas para diseñar adecuadamente las soluciones con enfoques regionales, la formulación de tipologías de migrantes y la caracterización específica de cada momento del proceso migratorio desde su origen hasta su destino.

Sobre todo, el problema migratorio michoacano ha demandado reiteradamente políticas públicas integrales, con soluciones que impliquen las posibilidades reales para que los michoacanos decidan construir su vida en su propia tierra sin necesidad alguna para marcharse. Ello supone la participación de todos los sectores sociales, del público y del privado, como también de los niveles de gobierno y del conjunto de organizaciones de la sociedad civil. Todo esto se ha dicho muchas veces sin resultados perceptibles en los hechos.

Sin coherencia en lo que se hace, por la vía de la migración Michoacán puede perder a su mejor gente, mujeres y hombres, con la determinación para elevar la calidad de sus vidas. Puede continuar despoblándose, perdiendo identidad y especializarse en la exportación de fuerza de trabajo. Sin duda, perspectiva lamentable que puede evitarse.

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