Rafael Mendoza Castillo
Pensamiento crítico y moralidad
Lunes 22 de Agosto de 2016
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El Estado mexicano prefiere el capitalismo, disminuir el gasto publico sin importarle la secuela de hambre y miseria de los sectores de la población
El Estado mexicano prefiere el capitalismo, disminuir el gasto publico sin importarle la secuela de hambre y miseria de los sectores de la población
(Foto: Cuartoscuro)

Hoy más que nunca requerimos del discurso filosófico vigilante (reflexión crítica) para revelar el sentido de los discursos institucionalizados, cuya función, desde el poder de dominación neoliberal, es ocultar la realidad y acomodar la conciencia de la gente a un régimen político conformista que ha agotado sus posibilidades de desarrollo colectivo y público en todos los órdenes, civil, natural y político.

Desde la perspectiva del discurso filosófico vigilante, el pensamiento oficial de la derecha prianista presenta una serie de fundamentos políticos e ideológicos que constantemente se orientan hacia la consolidación y reproducción de la lógica del capital nacional e internacional, que está dejando como saldo el agudizamiento de la crisis económica y social actual, (violencia, crecimiento económico de 2.1 por ciento, inflación, topes salariales, privatización de la seguridad social, desempleo, pobreza extrema, corrupción, impunidad, devaluación del peso, etcétera).

El discurso filosófico vigilante es tal porque no acepta los mitos de la historia oficializada, el pensamiento reactivo, los individualismos mercaderes, la mano invisible del mercado, el capitalismo corporativo empresarial, militar, político y mediático, los cuales hoy se anidan en los discursos y prácticas institucionalizadas que intentan cancelar la pasión, el pensamiento y la imaginación política del pueblo mexicano.

En los últimos años la sociedad mexicana ha entrado en una profunda crisis, especialmente en lo relativo al proyecto de la condición humana, donde la moralidad se presenta en un estado de vacío en trance que puede favorecer la vida o la muerte de las instituciones o individuos inconformes. En su trayecto, el Estado mexicano ha sido productor de violencia en contra de quienes lo incomodan, en lo personal y en lo colectivo. En lo anterior incluimos también la pobreza y los fraudes electorales.

Como bien dice Carlos Montemayor: “Esta violencia de Estado en procesos electorales se ha expresado en una amplia gama que ha variado desde el fraude electoral y la desaparición selectiva de candidatos o de opositores electorales hasta la represión y la masacre”.

El pensamiento crítico se enfrenta en la realidad del país a una conciencia dictatorial, policiaca y militarizada de derecha, sin memoria histórica, la cual no busca la confrontación de las ideas o el debate ideológico, sino la eliminación física del adversario y su expulsión definitiva de la contienda, de la lucha. Este pensamiento se aproxima al fascismo.

La moralidad oficial que hoy desgobierna al país privilegia el cinismo, la hipocresía, el lugar común y el chantaje como únicas fórmulas para enfrentar las fuerzas sociales democráticas y progresistas que intentan modificar esa historia osificada, la cual niega los movimientos sociales de los de abajo. Es un pensamiento instrumental fundado en la lógica irracional del crecimiento desmesurado del capital en detrimento de lo humano.

La conciencia instrumental es bandera de gobiernos priistas, panistas y chuchistas perredistas que, legitimándose en aquella, pretenden dominar el sentir, el querer y la pasión del pueblo que hoy rechaza la dependencia, la esclavitud, la explotación, y busca los espacios democráticos como una exigencia, una posición ante la vida y la historia.

Hoy el Estado mexicano otorga preferencia al proyecto acumulativo del capital, cumplir con los dogmas neoliberales, privatizar, desregular y disminuir el gasto público sin importar la secuela de hambre, miseria y enfermedad que van quedando en amplios sectores de la población. Los ciclones recientes en Puebla y Veracruz confirman lo que decimos.

El pensamiento racionalizado, tecnocrático que escinde medios y fines, niega toda posibilidad de convivencia y rechaza la incorporación de la conciencia protestativa y más bien apunta hacia el fortalecimiento del dogmatismo, intolerancia, autoritarismo, donde la “verdad” única es la que emana de los dominadores y se expresa: “El Zócalo soy yo”.

Las clases hegemónicas que hoy se han apropiado de las instituciones de la República tienen como objetivo político el dominio absoluto de la sociedad civil, el sometimiento de los individuos, la extirpación de la conciencia crítica, y provocan, en términos globales, la más profunda ruptura del sentido ético de la vida social.

El sistema político mexicano no percibe sus propias fracturas sociales, olvida el pasado novedoso, responsable, y se instala en un sentido lineal, mecanizado, que produce el comportamiento egoísta e individualista y atrofia la dinámica contradictoria de lo social-histórico.

Cuando una clase política no incorpora las novedades, los debates y las confrontaciones, se encamina, incuestionablemente, al endurecimiento de las reglas y las normas elementales de la convivencia social, generando con todo esto la asfixia y un movimiento errático y enajenado como su signo más sobresaliente.

La moralidad que se encamina a la reproducción del gran arsenal de mercancías (valor de cambio) y que cancela espacios democráticos atrofia el sentido de la vida plena, digna y la priva de su destino propiamente humano.

Existe actualmente una infinidad de madrigueras con muchas puertas abiertas, por donde pueden introducirse los signos, los símbolos, las ideologías de la domesticación y de la dominación de los deseos de jóvenes, niños y del conjunto de los trabajadores (reformas estructurales).

La escuela es uno de los tantos territorios privilegiados para introyectar los pensamientos del quietismo, de lo absurdo, de lo moralizante y, sobre todo, un espacio neutralizador de los deseos e imaginación de los niños y de los jóvenes (Reforma Educativa del prianismo). De ahí la necesidad de reformar el pensamiento y la reforma de la enseñanza más allá del capital.

Es necesario que se haga evidente, o al menos clarificar, las condiciones importantes para que nuestros análisis institucionales conlleven la posibilidad de trastocar las propias instituciones, descubriendo el significado de las mismas y el campo de la ideología dominante como sustento de las relaciones entre política y educación sado que no hay práctica educativa que no esté envuelta en sueños, valores, proyectos y utopías. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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