Columba Arias Solís
Plagio y evaluación académica
Viernes 26 de Agosto de 2016
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El pasado día 21, el portal de noticias de la periodista Carmen Aristegui publicó la nota sobre el presunto plagio cometido por el presidente mexicano en su tesis para obtener el grado de licenciado en Derecho en la Universidad Panamericana, en 1991; la nota refiere que el presidente, en su trabajo denominado El presidencialismo mexicano y Álvaro Obregón, 197 de sus 682 párrafos no tienen atribución, carecen de comillas o copia páginas enteras de otros libros, en especial de uno del ex presidente Miguel de la Madrid que lleva el título de Estudios de derecho constitucional.

Otro de los autores del que el presidente habría tomado y plasmado ideas en su trabajo académico sin darle el debido crédito es el historiador Enrique Krauze, quien después de conocerse la noticia señaló que luego de un análisis somero de la tesis del presidente, encontró que “se trata en efecto de un trabajo hecho con irresponsabilidad académica, en el que se entreveran líneas y páginas extraídas de autores diversos debidamente citadas con otras páginas y líneas que carecen de la necesaria adjudicación, ya sea mediante un entrecomillado, con una cita a pie de página o una mención explícita en el cuerpo mismo del texto. La proporción de estas últimas es considerable e inadmisible”, concluyó el historiador.

De acuerdo con el diccionario de la REA, plagiar es “copiar en lo sustancial obras ajenas dándolas como propias”. En relación con el plagio académico, se entiende éste como “atribuirse el uso de las ideas escritas, publicadas o no publicadas de otra persona, tanto si éste uso consiste en materia citada textualmente como si consiste en ideas parafraseadas”.

En términos generales, el plagio académico es la transcripción en un manuscrito, llámese tesis, tesina, ensayo o incluso en un libro que se asume propio, una serie de ideas encontradas en otros textos sin hacer las referencias correspondientes a la pertenencia de otros autores, de tal forma que se hace creer que esas ideas son de la autoría de quien las transcribe.

Se considera entonces que es plagio académico “cuando quien escribe usa repetidamente más de cuatro palabras de una fuente impresa sin el uso de comillas y sin una referencia precisa a la fuente original en un trabajo que el autor presenta como su propia investigación y estudio”.

Más allá de la estridencia noticiosa y momentánea sobre la copia presidencial, resulta necesario plantear con seriedad el problema del plagio en nuestro país, toda vez que no se trata de un caso aislado.

Desafortunadamente en México y en general en América Latina parece ser una conducta realizada y aceptada con normalidad en las diferentes instituciones académicas, en sus egresados, en sus alumnos y hasta en
los medios de comunicación, de ello dan cuenta los diversos comentarios en redes que minimizan y hacen ver este robo de ideas que es el plagio como una conducta normal que todo mundo realiza en alguna fase de sus estudios.

De acuerdo con el periodista Esteban Illades en su colaboración para Nexos del 22 del presente mes de agosto, denominada “La cultura del plagio”, en México existe una facilidad enorme para cometer un plagio tanto académico como en medios de comunicación, y refiere los tres últimos casos como el de Alfredo Bryce Echenique, Premio FIL de Literatura en 2012, a quien se le documentaron en diversas ocasiones los plagios cometidos; el del profesor de la Facultad de Filosofía y Letras Boris Berenzon, cuyos plagios incluyeron dos tesis para obtener grado, así como el más reciente, de Rodrigo Núñez Arancibia, académico y funcionario universitario que se desempeñaba en la Universidad Michoacana y a quien El Colegio de México, el pasado 2015, revocó el grado de doctor en Ciencias Sociales que le otorgara en 2004 “por el incumplimiento de la exigencia de originalidad”, así como porque “la tesis adolece del carácter de material inédito”.

Hasta hace unos años, en las distintas instituciones de educación superior era un requisito ineludible la elaboración de un trabajo de tesis, así como el examen correspondiente para evaluar al sustentante y obtener el grado de licenciatura. Luego se incorporaría el examen Ceneval optativo para conseguir dicho grado. Para la obtención de los grados de maestría y doctorado subsiste la obligación de la tesis de grado, mientras que entre los diversos requisitos para ingresar y permanecer en el Sistema Nacional de Investigadores se exige una constante publicación de trabajos.

Diversos estudiosos del tema consideran indispensable hacer hincapié en la forma de la evaluación académica en las instituciones de educación superior en nuestro país. Revisar lo que Illades refiere como “rigor académico en México que premia lo cuantitativo sobre lo cualitativo”, como sucede en el Sistema Nacional de Investigadores, lo cual –considera– incita, o al menos facilita, la comisión del plagio. Deben además tomarse medidas que influyan para acabar con “la tolerancia e indiferencia de las propias instituciones académicas hacia sus casos de plagio”.

Resulta necesario revisar la forma de evaluación académica para prevenir y reducir el plagio del que “instituciones gubernamentales, académicas, políticos, profesores y alumnos participan en forma cotidiana”. En ese tema, manifiesta Roberto Breña que “el reto es plantear opciones viables y funcionales, además de la creación de una serie de herramientas que permitan castigar de manera enérgica el plagio académico a nivel nacional (...) La indignación no sirve de nada si se piensa en términos institucionales y en términos de futuro. Se impone modificar algunas reglas y algunas conductas para incidir sobre los métodos actuales de evaluación”.*

* Roberto Breña, Nexos, 13 de julio de 2015.

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