Aquiles Gaitán
Hasta el copete
Martes 30 de Agosto de 2016
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 Lo cotidiano es eso, pero eso nos hace pensar también en los acontecimientos que condicionan las acciones de los gobiernos.
Lo cotidiano es eso, pero eso nos hace pensar también en los acontecimientos que condicionan las acciones de los gobiernos.
(Foto: TAVO)

Sea como sea, las libertades de este país no han sido gratuitas, la lucha permanente de las generaciones de mexicanos y michoacanos por liberarse de las oligarquías que al paso del tiempo han gobernado han dado sus frutos, pero permanente ha sido también la proclividad a frenar, acotar, reglamentar las libertades. Lo cotidiano es eso, pero eso nos hace pensar también en los acontecimientos que condicionan las acciones de los gobiernos.

Desde que Carlitos Salinas tuvo la genial idea de firmar el Tratado de Libre Comercio, sacamos boleto para el viaje sideral de la globalización, y con ello, al capitalismo despiadado del mercado, del libre mercado o, lo que es lo mismo, del libre comercio.

Esa libertad supedita las otras libertades, el Estado libre y soberano se rige por las reglas del mercado que le dictan reformas estructurales a través del Fondo Monetario Internacional, las cláusulas del tratado, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y la Organización del Comercio Mundial; la política y el mercado, como en el abrazo de Acatempan, vendiendo la patria. ¡Vengan, vengan, vengan, señores inversionistas!, ¡vengan a salvarnos de la jodidez! Los porfiristas, abuelos de los neoliberales, pueden descansar en paz, la historia les está dando la razón, son los mismos; los peones de aquel tiempo hoy son trabajadores libres pero igual son explotados, viven en la miseria con hambre e ignorancia. De la pobreza nadie sale vivo si no es por medio de la educación, pero ya ve usted, la educación es un muladar que abona la pobreza, en vez de darles la oportunidad a los pobres de movilidad social; hoy los jornaleros de la catedra están frente al Estado prudente jugando a las vencidas, mientras la globalización juega sus cartas; el puerto del Río Balsas, abierto al mundo, rodeado de miseria; el tren, como en sus comienzos porfiristas, en manos de los gringos; la siderúrgica, pagada con dinero de los mexicanos; rematada al mejor postor, en manos del capital internacional de ingleses con origen en Calcuta, ¡vengan, vengan, vengan a invertir en Michoacán!, esta es su casa, Michoacán está en ti. Y mientras, las marchas de pies cansados y el diálogo absurdo de los cuernos de chivo representan teatralmente la tragedia, con los entremeses de los desmembrados y las cabezas rodantes.

No vamos a cambiar las cosas fácilmente, las nuevas generaciones tal vez lo hagan, por ahora ya cayeron los limones, pues ¡hagamos limonada! ¿Cómo podemos aprovechar la globalización?, ¿cómo desde una visión de, llamémosla así, de izquierda?, ¿con qué indicadores medimos la eficiencia del estado?

Educación, 3; salud, 5; vivienda, 4; trabajo, 5; salarios, 5; infraestructura, 6; derechos de la mujer, 7; cuidados de la tercera edad, 7; respeto a las minorías sexuales, 7; fortalecimiento de comunidades indígenas, 7; libertad de expresión, 8; combate al crimen, 4; seguridad ciudadana, 4; ¿dictamen? ¡Reprobado! Pues a repetir el año, será un año perdido y se pueden perder seis, antes del relevo, si no se cambian las cosas.

El Estado y su equipo para ejercer el poder no pueden solos. Si no exististe una sociedad organizada que lo respalde, no será posible, como no es posible con los partidos políticos y la llamada sociedad civil, la de las asociaciones civiles, todas llevan el agua a su molino, el agua del Estado ¡claro! Buscando favorecer sus intereses de organizaciones al servicio de la sociedad, el bien común y la buena onda. Ya no se escuchan las historias ni los cánticos de la revolución, 100 años son 100 años, mucho menos los himnos de los cristeros y los sinarquistas, eso es el pasado remoto, tan remoto como la Expropiación Petrolera y el reparto agrario, “vayamos, campesinos, a los campos a sembrar la semilla del progreso…”, “las águilas potentes devoran las serpientes…”, “por Dios y por la patria ¡venceremos!”, “y si acaso yo muero en campaña y mi cuerpo en la Sierra va a quedar, Adelita, por Dios te lo ruego, que con tus ojos me vayas a llorar…”.

Pero soy nieto de mi abuelo, hijo de mi padre soy y ellos me enseñaron a pensar en el nosotros, en los que se partieron la madre por darnos la libertad, en los que dieron sus vidas por los ideales, en los que hicieron esta patria nuestra, que hoy tal parece que a nadie le importa lo que pasa, todos quieren ser ricos, vivir en el confort, vivir la fiesta, conocer el mundo, pero, ¿y los pobres? ¿Leche en polvo y despensas?, no, eso no alcanza, son demasiados, la población creciente, por no decir “la explosión demográfica”, implica nuevos retos para aprovechar las oportunidades, pero vuelve “la burra al trigo”, solamente por medio de la educación lo vamos a lograr; más aún, si las oportunidades ya no son para los mejores, sino para los excelentes.

La historia no se repite, no puede haber una nueva campana de Dolores ni podemos tumbar un gobierno por medio de las armas, las condiciones de la sociedad son otras, el pueblo está inerme y desarmado, vivimos en la democracia con la pena inmensa de las deudas que se heredan de gobiernos irresponsables y abusivos, las gavillas de delincuentes desatadas y la ausencia de una posición digna y constructiva, que señale el camino, no dije oposición, dije posición ideológica digna y constructiva, que más allá de izquierdas, centros y derechas busque la verdad con quien esté, busque la justicia, la honestidad y el decoro aún en el gran marco de la globalización; los que vengan a invertir deben cumplir con lo que la ley les dicte en materia de empleo, medio ambiente, respeto a los gobiernos locales y pago de contribuciones; sino es así ni vengan, porque todo será como hasta ahora y de eso estamos ¡hasta el copete!

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