José María Carmona
Simplemente Juan Gabriel
Miércoles 31 de Agosto de 2016
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Alberto Aguilera Valadez, mejor conocido por su nombre artístico como Juan Gabriel
Alberto Aguilera Valadez, mejor conocido por su nombre artístico como Juan Gabriel
(Foto: Cuartoscuro)

Este espacio está destinado al análisis económico, financiero, político y social desde hace más 18 años, pero en esta ocasión, en apariencia se tratará un tema que no tiene relación alguna con lo anterior dicho.

Ha muerto Alberto Aguilera Valadez, mejor conocido por su nombre artístico como Juan Gabriel, que tuvo que enfrentar muchas adversidades no sólo familiares, ampliamente conocidas, sino también sociales, particularmente al inicio de su carrera artística, en un México que algún día dijo “que se nos fue”; un México bajo un régimen político de partido único dictatorial, antidemocrático y con doble moral ante las minorías, en este caso gay.

Donde había sólo un canal de televisión que era parte del régimen a nivel nacional y sólo se oía y veía la voluntad del presidente en turno o lo que comercialmente vendía y qué decir de la industria discográfica y sus magnates que controlaban y sometían a los intérpretes, actores y compositores a sus interés capitalistas para poder grabar necesitaban ceder todos sus derechos autorales en contratos leoninos donde el artista o el compositor empeñaban hasta su conciencia, bajo la condición de que si no funcionaba lo sacaban del mercado.

De esta industria discográfica que hoy, ante el avance de las tecnologías, las redes sociales y en YouTube están prácticamente en la banca rota, pero la época del inicio del compositor e intérprete de Juárez y Parácuaro era un verdadero imperio.

Miles de millones de pesos por casi cinco décadas manejó a su antojo los derechos de los autores y compositores hasta la Asociación Actoral de México impuso condiciones, el joven Alberto Aguilera Valadez fue víctima de estos intereses de los capitalistas discográficos.

Las estaciones de radio tocaban la música de las interpretaciones previo pago de las compañías discográficas y el mercado era el que dictaba las tendencias.

En la televisión mexicana, el fin de semana había un programa de espectáculos y, según versiones periodísticas, las compañías disqueras le tenían que pagar buenas cantidades de dinero al conductor del programa para que promoviera a su artista.

También se cuenta que Juan Gabriel fue vetado por su tendencia interpretativa que para aquellos tiempos escandalizaba porque la sociedad de la doble moral estaba dentro del closet.

Muchos intelectuales han declarado que tal vez la letra de las canciones de Juan Gabriel no tienen la calidad poética ni literaria, pero con palabras y frases simples han penetrado en los sentimientos no sólo del pueblo de México, sino de todo Iberoamérica y más allá de este territorio.

Tal vez como fenómeno de la cultura y del espectáculo comercial el fenómeno de Juan Gabriel se tiene que explicar en el ser del mexicano y buscar en el trabajo filosófico de Samuel Ramos en su obra el Perfil del hombre y la cultura en México, o en Octavio Paz, en su Laberinto de la soledad.

Tal vez Juan Gabriel, al hacer públicas sus preferencias sexuales, hizo pedazos las mascaras donde se oculta el verdadero mexicano, como lo afirma Octavio Paz en su obra ya mencionada; venció a una sociedad machista y con doble moral, censurada directamente por la Secretaría de Gobernación en plena dictadura presidencial del PRI.

De acuerdo con Adolfo Sánchez Vázquez, filosofo mexicano en su obra Las ideas estéticas de Marx, el arte en general, y particularmente el popular, no tienen sello de clase social, no es burgués ni proletario como afirmaba el maoísmo, simplemente es universal porque expresa los sentimientos de los pueblos o la sociedad y que en una obra de arte o en un artista ese pueblo se reconoce en su obra que expresa su sentir y sus más profundos sentimientos humanos, sus tragedias, sus dramas, sus frustraciones, sus anhelos, sus aspiraciones y sus deseos que no puede alcanzar, y al artista y su obra, en un proceso de apropiación, lo convierte en un ídolo, que para la psicología de masas debe ser objeto de estudio. Así es el fenómeno de Juan Gabriel. En la expresión popular, la de los de abajo, los proletarios explotados de este y el otro lado de la frontera, que hacían esfuerzos para ahorrar con sus miserables salarios para comprar –aunque sea de piratería– un disco o un boleto para ver su espectáculo. Entonces Juan Gabriel rompió todos los paradigmas sociales, culturales y morales de su tiempo porque fue un artista popular, en síntesis se pude afirmar categóricamente que fue simplemente Juan Gabriel.

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