Gilberto Vivanco González
Vivilladas
Día del Trabajo… Festejo limitado
Viernes 2 de Mayo de 2014
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La conmemoración del Día del Trabajo en el mundo realmente debe convertirse en una fiesta del grupo obrero que vivió durante décadas una serie de anomalías, por abusos no sólo de los patrones sino de todo un sistema económico-social que lo permitía; la confabulación entre empresarios y gobierno ha sido un flagelo con el que asalariados se han enfrentado de mil maneras, cuando ambos bien pudieron consolidarse como una mancuerna bondadosa y humana en favor de quienes fueron y son los verdaderos generadores de la riqueza de un país; no era tan complicado entender una lógica que en lugar de provocar hastío y malestar entre trabajadores y patrones estimulara la productividad y la armonía, pero en cambio representó una lucha continua como si forzadamente tendrían que ser enemigos, cuando lo más sensato sería que históricamente existieran como un binomio fuerte que impulsara el progreso, progreso que los propios gobiernos tendrían que no sólo aplaudir sino estimular. La realidad ha sido que el hambre de poder y dinero ha provocado que tanto patrón como trabajador se vean como adversarios cuando de manera positiva debería existir la concordia y el mutuo compromiso.
El primero de mayo en México, se convirtió durante la primera etapa del priismo en un icono del presidencialismo todo poderoso. Cuando el primer mandatario de la nación presidía el desfile conmemorativo no para escuchar denuncias o demandas laborales sino para recibir mensajes de agradecimiento y felicitación por las “acciones” a favor de los asalariados, teatro que se derrumbó a partir del nacimiento del frente democrático con el liderazgo de Cuauhtémoc Cárdenas y que vino a ser un parteaguas en la escena nacional. De ahí en adelante quienes han sido residentes de Los Pinos prefieren presidir actos u homenajes donde su investidura no sea trastocada.
La historia que llevó a la instauración de esta fecha, como Día del Trabajo, demuestra la complicidad de la que hablamos en el primer párrafo, representa mucho más que un simple acto heroico, ejemplifica también la complicidad entre la clase gobernante con la clase patronal. Veamos una reseña que se presenta con la idea de lograr tocar las fibras del verdadero simbolismo que evoca esta fecha, según la referencia de Ernesto Calderón, publicada en la página Web Adictos en mayo de 2011:
Los orígenes del Día del Trabajo se remontan al primero de mayo del año 1886, cuando un grupo de obreros norteamericanos se proclamó exigiendo jornadas de ocho horas de trabajo, ya que anteriormente rondaban entre las 12 y 16 horas. La central obrera norteamericana de 1886, proclamó en su 4to Congreso de 1884, la jornada de ocho horas a partir del 1º de Mayo del mismo año; realizando una huelga masiva en los Estados Unidos; ante esto, algunos sectores industriales aceptaron la jornada de ocho horas, pero otros sectores prefirieron reprimir la lucha sindical en ciudades como Milwaukee, Filadelfia, Louisville, St. Louis, Baltimore y principalmente en Chicago.
En este último, con saldo de varios muertos y cientos de heridos, ya que además de las fuerzas policiales y antimotines, en Chicago, participó en la represión el grupo Pinkerton, especie de policía privada al servicio de los industriales y empresarios. El saldo fue de seis muertos y medio centenar de heridos, por lo que los dirigentes del movimiento convocaron una concentración para el 4 de mayo en el Haymarket Square, acto público que terminó con un bombazo que alguien lanzó sobre el cuerpo policial provocando la muerte de un policía y dejando varios heridos.
Dicho acto fue utilizado como pretexto para abrir fuego contra los trabajadores matando a varios y causando 200 heridos y arrestaron al inglés Fielden, los alemanes Spies, Schwab, Engel, Fischer y Lingg y los norteamericanos Neebe y Parsons, los cuales tuvieron que sufrir un proceso fraudulento con pruebas ilegales, faltas a la normatividad jurídica de la época y fueron juzgados en grupo en vez de manera individual y condenados Parsons, Spies, Fielden, Schwab, Fischer, Lingg y Engel- a ser ahorcados, y Neebe, a quince años de prisión.
El movimiento obrero internacional, adoptó el 1º de mayo como el día de los trabajadores, por acuerdo del Congreso Obrero Socialista de la 2ª. Internacional; celebrado en París en 1889, en una jornada de lucha y de homenaje a los Mártires de Chicago; sin embargo, Labor Day o Día del Trabajo en los Estados Unidos y Canadá, se celebra el primer lunes del mes de septiembre, porque el presidente de USA de aquel tiempo, temía que la fecha reforzara el movimiento sindicalista y socialista en su país; Canadá se unió a conmemorar al mismo tiempo que los Estados Unidos, a partir de 1894.
En la actualidad, muchos países rememoran el 1º de mayo como el origen del movimiento obrero moderno. Hay algunos que no lo hacen -en general, países de colonización británica-, como Estados Unidos y Canadá, que celebran el Labor Day el primer lunes de septiembre; Nueva Zelanda, el cuarto lunes de octubre.
En Australia, cada estado federal decide la fecha de celebración: el primer lunes de octubre en el Territorio de la Capital Australiana, Nueva Gales del Sur y Australia Meridional; el segundo lunes de marzo, en Victoria y Tasmania; el primer lunes de marzo, en Australia Occidental; y el 1º de mayo en Queensland y el Territorio del Norte. Hasta aquí la referencia.
Como podemos constatar, la lucha no fue fácil, implicó derramamiento de sangre y horas de angustia y sacrificio, por lo tanto no es aceptable que este día se festeje con actos públicos y con mensajes estériles llenos de burla y demagogia, con mayor razón cuando en nuestro país el sindicalismo está perdiendo vigencia y presencia, un tanto por las leyes laborales que destierran la presencia de líderes honestos y combatientes y otro tanto por la zona de confort y actos de corrupción que forman parte del modus vivendi de gran mayoría de los dirigentes gremiales.
No todo está perdido, pero es necesario retomar el camino de la lucha en favor de los representados, pero una lucha inteligente sensata y honorable que venga a rescatar el espíritu del sindicalismo en favor de los trabajadores, con mayor razón cuando no sólo se ha perdido el papel revolucionario y popular de los sindicatos, sino también cuando se ha perdido la fe y la confianza en los líderes que los encabezan, sin importar el nombre, la bandera o los valores que pregonan. Por lo pronto terminamos con una frase externada por Hubbard Elbert: “Una máquina puede hacer el trabajo de 50 hombres corrientes. Pero no existe ninguna máquina que pueda hacer el trabajo de un hombre extraordinario”. ¿Tendremos duda de esto?”.

Sobre el autor
Nació en Zinapécuaro Michoacán (1961) Profesor de Educación primaria (E.N.V.F.); Licenciado en Ciencias Naturales (E.N.S.M.); Maestría en Investigación Educativa y Docencia Superior (IMCED). Excatedrático y exdirector de la Normal Rural de Tiripetío; Ex director y excatedrático de la Escuela Normal Urbana Federal, catedrático del IMCED. Diplomado en Administración de Escuelas Superiores (IPN)
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