Samuel Maldonado B.
Repercusiones
De quemadas e incinerados
Martes 22 de Noviembre de 2016
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No sé con precisión cuántas puertas de edificios, universidades y catedrales en el territorio nacional hayan sido incendiadas o tratado de quemarlas; una buscando la independencia nacional, como cuando el joven denominado El Pípila, cargando una laja sobre su espalda, agachado y con una tea prendió fuego la puerta de la Alhóndiga de Granaditas, en el año de 1810, a efecto de saquear granos y semillas de las que el pueblo necesitaba con urgencia. Otros intentos (pero estúpidos) de quemar puertas históricas que recuerdo fue la del Palacio de Gobierno en nuestro estado, misma que en años pasados tuvo otro fallido intento de hacerla cenizas, sin causa alguna indicada o tal vez debido a los problemas sociales denunciados en el territorio michoacano sin que caso alguno hiciera la autoridad correspondiente.

No sólo Michoacán ha tenido estas experiencias, sino recientemente en la ciudad capital de Oaxaca la puerta principal de entrada al edificio colonial que alberga a la Universidad Autónoma Benito Juárez quedó hecha cenizas.
No sólo Michoacán ha tenido estas experiencias, sino recientemente en la ciudad capital de Oaxaca la puerta principal de entrada al edificio colonial que alberga a la Universidad Autónoma Benito Juárez quedó hecha cenizas.
(Foto: TAVO)

No sólo Michoacán ha tenido estas experiencias, sino recientemente en la ciudad capital de Oaxaca la puerta principal de entrada al edificio colonial que alberga a la Universidad Autónoma Benito Juárez quedó hecha cenizas. Si el lector piensa que la puerta incendiada fue la que albergara la muy importante Escuela de Artes y Oficios, tiene la razón.

Fue la vieja puerta de esa escuela localizada en el centro de la capital de ese maravilloso estado la que fue incendiada totalmente debido a conflictos entre dos bandos de profesores que aspiraban, uno, ser rector, y otro, a colocar a la esposa del rector que terminaba su periodo administrativo. El gran pórtico de ese vetusto en esa posición, y ese interés de grupos sin atender la legalidad y si la trampa, hicieron que el hermoso edificio pagara las consecuencias de la ambición desmedida de unos pillos interesados en mantener el control de esa universidad.

En el importante y hermoso edificio que fuera cede del Poder Ejecutivo desde la etapa de Benito Juárez, y que ahora sólo se utiliza prácticamene en las fiestas protocolarias de la Independencia y como salón de chupe y baile, y donde muy pocas veces, ocasionalmente diríamos, despacha el disfuncional Ejecutivo federal, y cito esa frase sólo porque los últimos gobernantes, desde Carlos Salinas de Gortari hasta llegar al presente, que no es perfecto (pues estoy cierto de que el actual no sabe ni siquiera conjugar el verbo “haber”), ha habido intentos de prenderle fuego a esa hermosa y vigilante puerta que no ha podido impedir el paso por la misma y exclusiva puerta para el titular del Poder Ejecutivo y sus innumerables a veces no tan distinguidos personajes y a otros menos famosos y ciertamente muy malignos y pido excusas por los no nombrados.

La puerta que sí tuvo finalmente la mala suerte de ser totalmente incinerada fue la de la ilustre universidad oaxaqueña tal vez para solidarizarse con los 43 estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa y que ha traído como consecuencia un desprestigio internacional para los que ahora piensan que gobiernan ha sabiendas que no saben ni ler.

Y a propósito de los fuegos no ocasionados, sino provocados en la etapa cortesana (de Cortés), al último rey azteca le quemaron los pies por instrucciones del conquistador. Ese primer defensor de la Anáhuac, ese indio colosal llamado Cuauhtémoc, le quemaron los pies por órdenes giradas por el oriundo de Medellín, todo para obligarlo a que les entregara más y más oro.

Finalmente por su silencio y los valores morales que representaba, fue asesinado el último rey de Anáhuac. Tirado seguramente en la selva tabasqueña donde se extinguió su cuerpo, no así su mexicanidad, misma de la que han carecido los últimos y desvergonzados ex presidentes que ahora (y antes) le han servido al poderoso imperio al norte del país.

Así como quedó semiquemado y ultimado el último rey mexicano, así quedó la puerta de la distinguida Escuela de Artes y Oficios de esa honorable escuela en la que realizó sus estudios el ilustrísimo indio de Guelatao, el licenciado don Benito Juárez García. En ese hermoso y colonial edificio, de muy alto prestigio histórico e intelectual, en el que no quedaron ni las cenizas de la misma y principal puerta.

Sobre el autor
Samuel Maldonado Bautista Editorialista en La Voz de Michoacán, Buen Día y Cambio de Michoacán. Diputado Federal (1997-2000); Coordinador de Política Interior de la fracción del PRD en la Cámara de Diputados; Vocal Ejecutivo de la Comisión Ejecutiva para el Desarrollo de la Costa Michocana en el gobierno del Estado (2000); Director General del Conalep, Mich. Gob. de Lazaro Cárdenas Batel.
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