Alejandro Vázquez Cárdenas
Pertenecer a la izquierda
Miércoles 11 de Octubre de 2017
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Primero unos datos: los calificativos derecha-izquierda como oposición de dos tendencias políticas encontradas provienen de la primera época de la Revolución Francesa, concretamente de la Convention Nationale (1789); servían entonces para distinguir a los moderados o “girondinos”, que preferían sentarse a la derecha de la Presidencia de la asamblea, de los radicales, los “jacobinos”, que se ubicaban a la izquierda.

La posición de izquierda inicialmente se asociaba a “cambios”, la de derecha comenzó a definirse como aquella que defiende la forma “tradicional” de las instituciones sociales como garantía de una vida civilizada. En alguna época ser de izquierda significaba “ser progresista”, mientras ser “de derecha” significaba ser “conservador” o “reaccionario”.

Escritor Luis Gonzales de Alba
Escritor Luis Gonzales de Alba
(Foto: Especial)

Esta disposición de los votantes en el espacio físico posteriormente pasó a metaforizar el republicanismo revolucionario en el siglo XIX en Europa. En la transición del siglo XIX al XX, su uso quedó ligado a los movimientos de carácter socialista y, a partir de marzo de 1919, cuando Lenin organiza la III Internacional, su uso queda ligado con la definición del comunismo.

Pero eso es historia, en la actualidad la lucha social se ha convertido en lucha partidista y la lógica electoral es la lógica del mercado, donde, mediante el voto, los ciudadanos eligen de entre diversas opciones posibles. Hoy decirse de izquierda o de derecha no significa ni garantiza nada. Sólo es cascajo vacío bajo el cual cualquier demagogo puede transitar con engaños.

La izquierda tal y como la conocemos ha cambiado continuamente de ropaje, no ha tenido una identidad única. Ha sido sucesiva y simultáneamente anarquista, comunista, socialista, populista, revolucionaria, contracultural. Lo cual traduce que en su seno coexisten ideas muy distintas y en no pocas veces contradictorias. Es extremadamente difícil que se mantenga como partido único, salvo que se recurra a la fuerza, la amenaza y las frecuentes “purgas” y “juicios” que utilizaba la extinta URSS, no sólo en la época estalinista. Dejado a su aire, un partido de izquierda se fragmentará irremediablemente en diversas corrientes en un plazo corto, y para colmo enfrentadas ente sí: marxistas, leninistas, trotskistas, maoístas, más las que se acumulen.

Aún a estas alturas del siglo XXI a algunos personajes considerarse "de izquierda" les hace sentirse algo así como de vanguardia, comprometidos con los pobres y partidarios de la igualdad, fraternidad y del bien colectivo.

Pero también muchos personajes han abandonado esta posición de "izquierda" al corroborar su falsedad o por haber vivido en carne propia la tragedia que representó el llamado "socialismo real", con su secuela de miseria, intolerancia y asesinatos "por el bien de la causa". Nadie medianamente culto, de una moral íntegra y neuronas funcionales, puede catalogarse como "de izquierda" a estas alturas, salvo con fines meramente electorales y demagógicos.

Finalmente, transcribo unas palabras de Luis González de Alba, con las cuales estoy totalmente de acuerdo: “La izquierda es una definición, no un partido, y menos un club al que uno le va. No es el nombre, sino el contenido lo que define: aceptar las reglas de la democracia aunque no nos favorezcan y sobre todo cuando no nos favorecen, reconocer las decisiones de la mayoría respetando los derechos de las minorías, ciencia y no religión, razón y no dogma, mejor distribución de la riqueza socialmente producida, igualdad de todos ante la ley; libertades de organización, expresión, religión, información; leyes respetuosas de los derechos humanos esenciales, amparo del ciudadano ante la fuerza de la autoridad”
Es cuánto.

Sobre el autor
"Medico, Especialidad en Cirugia General, aficionado a la lectura y apartidista. Crítico de la incompetencia, la demagogia y el populismo".
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