Estrellita M. Fuentes Nava
Gestionar los desastres
Viernes 28 de Septiembre de 2018
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Peribán puso en perspectiva la falta de preparación y capacidad que tenemos no solo en Michoacán sino en el resto del país en torno al manejo y prevención de los riesgos asociados a los fenómenos hidrometeorológicos naturales, por lo cual muy tristemente en esta ocasión murieron niños y adultos el domingo pasado. La lluvia excesiva que cayó en menos de dos horas fue suficiente para que se desbordaran los ríos, y arrastraran con casas, coches, personas y lo que estuviese a su paso, dejando una estela hasta ahora de siete fallecidos, más de mil damnificados y un centenar de casas dañadas. La CONAGUA en el lugar identificó cuatro sitios dentro del cauce del río en donde estaban interpuestas viviendas.

TAVO
TAVO
(Foto: TAVO)

Platicando con el Doctor Michel Rosengaus, ex director del Servicio Meteorológico Nacional observa que hemos tenido una temporada de huracanes que ha sido bastante activa: tenemos 18 tormentas con nombre en el Pacífico cuando lo normal sería tener 15 en toda la temporada; en el Atlántico ha sido relativamente activa ya que hemos tenido doce ciclones tropicales con nombre, cuando lo normal son diez. Y todavía nos faltan dos meses más. En el caso de Peribán no se trató de un ciclón, sino de una lluvia muy fuerte que coincidió con la pequeña cuenca del río, generando lo que llaman en Estados Unidos una “avenida relámpago” que baja muy rápido, y concentra una gran cantidad de agua en un tiempo extraordinariamente corto. De hecho observó que el caso tuvo una similitud con lo que ocurrió en Aguililla en el año 2005.

La agenda de planeación en materia de desastres sigue siendo un gran pendiente en torno a lo cual o no se tiene la suficiente visión, capacidad o recursos para poder ejecutarla y prevenir las pérdidas humanas y económicas. Rosengaus observa la falta de radares meteorológicos que puedan cubrir la totalidad del país, así como la capacidad técnica instalada para poder interpretar la información y traducirla. Lo peor aún es que las contingencias por los fenómenos climatológicos o naturales cada vez serán más frecuentes y más extremos.

La prevención de desastres es una condición en la que convergen varias políticas públicas: empezando desde el combate a la pobreza. Hoy en día existe una gran necesidad por una vivienda digna y accesible, y poco se ha destinado a ello; la población carente de recursos económicos es fácil presa de pseudo líderes que los llevan a vivir a zonas de riesgo y de alta vulnerabilidad a cambio de dinero o de un voto, o también de los fraccionadores poco éticos que pueden venderles viviendas baratas, pero en zonas donde no habrá agua o que pueden eventualmente inundarse por estar en las márgenes o al paso de ríos. El factor pobreza también se observa en la poca capacidad de recuperación de una familia ante una situación de contingencia como la acaecida en Peribán, ya que a una persona de escasos recursos le toma el triple o quizás más de tiempo y esfuerzo para hacerse de nueva cuenta de un colchón o un televisor; incluso sus ahorros de por vida se pueden ir en ello.

La basura es otro factor determinante para el taponeo de las tuberías del drenaje, y a quienes se dedican permanentemente a su limpieza no les sorprende encontrar en esos lugares además de basura, llantas, salas, refrigeradores, y lo que se le ocurra. Nada menos conforme al estudio que recientemente se lanzó por parte del Banco Mundial What a Waste 2.0 (Qué despedicio 2.0) la generación de desechos se ha disparado más de un 70 por ciento en los últimos 30 años. México ocupa de los primeros lugares en generación de basura per cápita diaria con 1.16 kilos, siendo que en Brasil es de 1.04, Perú de .75 y Bolivia de .57 (Ver en: http://datatopics.worldbank.org/what-a-waste/). Al respecto también le recomiendo que no se pierda un simpático video en el que la alcaldesa de Gómez Palacio Durango regaña a sus habitantes durante un mitin, por el tema de la basura en las alcantarillas: https://youtu.be/MGWuV5KnvGI

Peribán es una zona altamente aguacatera, por lo que la efervescencia y la alucinación por este llamado oro verde está degradado nuestros suelos y arrasado con bosques enteros, siendo que los árboles son precisamente una de las medidas naturales más eficaces para contener el paso de agua y conservar un suelo firme. Al respecto cabe recordar que en los últimos diez años las exportaciones agrícolas en México se han disparado en un 300 por ciento más, y actualmente se exportan 10 millones 775 mil toneladas de productos agrícolas a 50 países, generando ingresos por más de 76 mil millones de pesos anuales. Bien valdría la pena destinar algo de sus ingresos en un fondo común para la reconstrucción por los desastres asociados a estos cultivos.

Así que todas las decisiones que adopte un gobierno ya sea en materia de bienestar social, desarrollo urbano o crecimiento económico impactan en la capacidad de resiliencia de una localidad para salir avante ante un desastre. También implica planeación, una acción poco común en nuestro entorno social y político en México.

Tal como ocurrió en Peribán, Culiacán y Morelia en este año, cada vez serán más las comunidades y los municipios con afectaciones severas por este tipo de fenómenos climáticos e hidrometeorológicos, que en términos de costos nos saldrán carísimos, siendo que la prevención es en el largo plazo mucho más rentable.



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