Viernes 30 de Noviembre de 2018
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Estamos a escasas horas de la conclusión de la era del licenciado Enrique Peña Nieto en la Presidencia de nuestro país, y con ello se cierra un capítulo más en los anales de la historia mexicana en el que se enterrarán también protocolos, tradiciones, inmunidades, leyes, intentos de reformas, esfuerzos fallidos, complicidades, cadenas de favores, tradiciones y hasta instituciones.

Enrique Peña Nieto
Enrique Peña Nieto
(Foto: Cuartoscuro)

Iniciamos una nueva etapa en la que a pesar de que todas las esperanzas están cifradas en que ésta sea de lo mejor, en este momento no existe alguien que nos lo pueda garantizar de manera absoluta y total.

Se va Peña y con él muy probablemente la posibilidad de que otro presidente priista vuelva a ocupar la residencia oficial de Los Pinos, ya que durante su mandato se abonó en abundancia para que llegara cualquier otro menos uno emanado de su propio partido. Al cerrar la puerta quizás un sesgo de inquietud le embargará con respecto a su porvenir, toda vez que los escándalos de corrupción que ocurrieron en su administración vaya que dieron elementos para proceder legalmente, aunque por ahora no sepamos si la justicia alcanzará por lo menos a rozarle el hombro: la casa blanca, la estafa maestra, Odebrecht, el socavón, los gobernadores que están siendo investigados, y varios más.

A mí no me cabe la menor duda que Peña Nieto quiso desenvolverse todo el tiempo como todo un republicano a la vieja escuela, y más siendo egresado de la célebre agrupación Atlacomulco: siguió los cánones, los protocolos, la diplomacia y las buenas maneras, continuando con la tradición, los usos y costumbres de la casa presidencial; el problema fue que ni él ni su gente supieron leer los nuevos tiempos y percatarse de que el manual ya estaba caduco, así como el hecho de que la sociedad ya es otra, no la de los tiempos del general Lázaro Cárdenas ni de un Gustavo Díaz Ordaz. Ahora el ciudadano común está más informado (o desinformado pero para el caso da igual), el gran hermano está aquí y llegó para quedarse; la arquitectura institucional y legal evolucionó y ya tiene 50 mil candados, por lo que se requiere de más esfuerzo para salir inmune como actor público (aunque haya siempre quien encuentre la manera de sacarle la vuelta), y lo más importante, el ciudadano ya está harto del cinismo de la corrupción.

Lord Peña como lo bautizaron en las redes sociales tuvo también una comunicación fallida con el pueblo, y de verdad que nunca pudo recuperarse, ni reconstruir los puentes para poder colocar su mensaje o destacar algún logro de su gobierno (que seguro que sí los hubo). El diseño de campañas y mensajes acartonados, pesados, antiguos, totalmente (de nuevo) apegados a lo que dice el manual, no le ayudó en nada.

Por default, cualquier mensaje era descalificado por las masas, y las pocas ocasiones que se dejó ver como un humano fue para regarla, por lo que le dio más elementos de golpeteo a las masas que de por sí ya lo reprobaban. Y a pesar de miles de millones de pesos erogados en materia de comunicación social no logró conectar con el receptor. Incluso puede convertirse el caso para un estudio en materia de comunicación política de justamente lo que no debe hacerse, y que otros aprendan a partir de ello.

Se cierra la puerta y con él se van los cientos de juniors tecnócratas, hijos de papi o ahijados políticos, egresados de Harvard, Yale, Berkeley, ITAM, etc., quienes alcanzaron disfrutar de las mieles de los gastos de representación y negocios personales que les alcanzó para pagar el Ferrari del año, las casas y los depas en Polanco, los trajes de marca, el shopping, los viajes business class, los palcos, las escorts y las fotos con los personajes del mundo internacional a quienes los veían como artistas para el álbum del Facebook, porque todo eso ya se acabó. Se agotó la cuenta en el banco y ahora habrá que aplicar un recorte severo a los gastos superfluos e innecesarios, por lo que a partir de ahora quien labore en el sector público tendrá que rascarse con sus propias uñas.

De las reformas que tanto se presumieron, pues sólo de nombre quedaron, porque a lo mucho lo que nos heredan es que según esto ya podemos hablar gratis al extranjero por teléfono, siendo que con o sin reforma eso iba suceder por el abaratamiento de las comunicaciones gracias a las plataformas digitales. De los costos de la gasolina, ésta sigue subiendo, al igual que la energía.

Faltaron las reformas torales como la del agua, el cambio climático y la corrupción. Las que se hicieron en realidad obedecían a una agenda ajena, la de los privados extranjeros a fin de que a México le dieran una buena calificación, a pesar del costo social y los indicadores de pobreza incrementados.

2017 y 2018 los años más violentos de los últimos tiempos y mientras los peñistas en campaña criticaron a Calderón y a su estrategia, nunca lograron revertir la tendencia, por lo que hoy más que nunca se acumulan las muertes violentas de inocentes, mientras el gobierno federal hizo mutis y sólo se limitó a administrar su propio caos. Lo guapo no le alcanzó para convencer a las mujeres de que fue un buen presidente, ya que los feminicidios se incrementaron exponencialmente durante su gestión, por lo que lo de Peña bombón quedará como sólo un mal chiste.

Lo peor del caso es que siendo priista destruyó al propio PRI al dejarlo de lado y chamuscarlo para siempre, porque aunque haya cuadros y actores políticos en este partido con amplia experiencia y probidad, no los tomó en cuenta, ni los escuchó. Así que de ésta muy difícilmente podrá este partido recuperar la Presidencia en un futuro; se acotará sólo a gobernar algunos estados y gobiernos locales, pero ya no con el poderío, ni la máquina arrolladora como lo era antes, porque perdió su última jugada. Muy seguramente se fortalecerán los nuevos partidos, especialmente Morena, que si juega bien sus cartas podría incluso crecer aún más y ampliar sus márgenes de maniobra.

Peña se refugiará en el Estado de México, el último bastión que permanece en manos de su grupo, donde lo tratarán con la dignidad tradicional para un ex presidente, aunque en menor escala. Y también quizás algunos de sus colaboradores alcanzarán a arribar a algún organismo financiero internacional, o a conseguir chamba en la Casa Blanca, pero serán sólo uno o dos quizás.

En fin, que se cierra la puerta y muchos recuperan la esperanza. Ojalá que esta nueva era nos traiga nuevos bríos y que juntos trabajemos por un mejor mañana…

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