Ismael Acosta García
¿Quién cerrará la puerta?
Jueves 28 de Febrero de 2019
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Discrepo de quienes opinan que la salida de la tribu Alternativa Democrática Nacional (ADN) del Partido de la Revolución Democrática ha sido el golpe de muerte para ese instituto político. Ha sido la muerte, sí, de quienes usufructuaron para sus perversos intereses a ese partido en la última década de su corta vida y olvidaron la praxis filosófica de la defensa de la soberanía, del nacionalismo y la lucha por el empoderamiento de un socialismo mexicano en las riendas del poder.

El PRD surgió como la expresión más clara de la izquierda electoral mexicana del siglo XX, fue la consumación de las expresiones progresistas que venían dando la lucha contra un sistema partidista totalitario vigente por más de sesenta años, que había agotado en los hechos su falso discurso revolucionario y se alejó de su premisa principal de justicia social.

Este partido se gestó previo a los comicios presidenciales de 1988, gracias a una escisión del PRI y a la suma de diversas organizaciones políticas que apoyaron como candidato a la presidencia de la república a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, pero fue hasta 1989 cuando se formalizó el registro del PRD como partido político nacional.

Durante los últimos 25 años, el PRD mantuvo una organización interna con diversos grupos a los que en la jerga política se conoció como “tribus”.
Durante los últimos 25 años, el PRD mantuvo una organización interna con diversos grupos a los que en la jerga política se conoció como “tribus”.
(Foto: TAVO)

Se constituía después de las políticas contradictorias de Miguel de la Madrid; se le veía como la nueva corriente de centro izquierda pues sus militantes llegaban de la Corriente Crítica del PRI, del Partido Mexicano de los Trabajadores, del Partido Socialista Unificado de México, del Partido Patriótico de México, del Partido Mexicano Socialista, del Movimiento Revolucionario del Pueblo, del Partido Social de los Trabajadores y de la Unión de la Izquierda Comunista, entre otros.

Aunque la mayoría de los grupos que dieron pie al nacimiento de este partido ya habían competido en las elecciones presidenciales de 1988 bajo las siglas del Frente Democrático Nacional –con Cárdenas como candidato–, los primeros comicios federales en los que participó el PRD como partido fueron las elecciones intermedias de 1991.

El mejor momento de esta izquierda fue con Andrés Manuel López Obrador como candidato a la presidencia de la república en el 2006, año en que más entidades fueron gobernadas por ese partido con aliados sólo de izquierda, al encabezar los Ejecutivos de seis entidades: Distrito Federal, Zacatecas, Baja California Sur, Michoacán, Guerrero y Chiapas. También logró sus mejores resultados legislativos, formando así las bancadas más numerosas de su historia: 127 diputados federales y 26 senadores.

Durante los últimos 25 años, el PRD mantuvo una organización interna con diversos grupos a los que en la jerga política se conoció como “tribus”, entre ellas las más representativas: Nueva Izquierda, Izquierda Democrática Nacional, Alternativa Democrática Nacional, Foro Nuevo Sol, Grupo Acción Política, Patria Digna y Movimiento Progresista.

La lucha sorda por cotos de poder, la pérdida de los principios ideológicos y la conducta pragmática de casi la totalidad de los líderes de esos grupúsculos, dio como resultado la paulatina retirada de cuatro de sus presidentes nacionales y muchos de sus líderes más significativos por su sólida formación de izquierda, entre ellos Porfirio Muñoz Ledo, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y Andrés Manuel López Obrador.

Pues bien, ahora preguntamos a quienes se han quedado a administrar la franquicia: ¿Qué fue de aquel Partido de la Revolución Democrática fundado el 5 de mayo de 1989 bajo el liderazgo de Heberto Castillo, seguido por Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez?
¿Dónde quedó su lema “DEMOCRACIA YA, PATRIA PARA TODOS”? Creo que hasta se les olvidó que fue inscrito como miembro de la Internacional Socialista.

Los actuales líderes están diluidos. Nadie ha conseguido aglutinar fuerzas después de la desastrosa derrota que les infringió Morena en el pasado proceso electoral de julio de 2018; han perdido el registro como partido en más de una decena de entidades de la república; inevitablemente el PRD está en vías de extinción y serán los “Chuchos”, con Silvano Aureoles y Antonio Soto en Michoacán, sus sepultureros, pues se han convertido en simples vivales que venden las siglas al mejor postor en cada elección. Lo mismo se alquilan con el priismo, que van con el panismo en grotesca e incomoda coalisión que deja a sus militantes sin saber para qué lado encaminar sus preferencias.

El liderazgo de Andrés Manuel López Obrador les ha vencido en todas las líneas, y con el 80 por ciento de aceptación de todo el electorado mexicano en su favor, se apresta a ser el presidente más fuerte de México después de Lázaro Cárdenas del Río. Hoy, el hombre al que desdeñó e insultó el gobernante michoacano, se erige de manera natural en el líder de los pueblos de América y en el referente más conocido positivamente en todos los países del mundo.

Luego de su desastrozo Waterloo sufrido en la firma del pacto por México y su alianza electoral antinatura con la extrema derecha, al PRD lo han convirtió en un comodín utilizado para engordar alianzas, pero enflaquecido ideológica y electoralmente. Les dan migajas y eso es lo que merecen.

Los Chuchos y comparsas lo traicionaron. A nadie engañan los líderes que pretenden endilgar culpas a quienes hoy se retiran por la puerta grande y con la frente en alto, quienes nunca estuvieron de acuerdo con las traiciones de Nueva Izquierda, Foro Nuevo Sol, los Galileos y otras especies indignas como esas. Son los mismos que en 2008 se enfrentaron a Alejandro Encias y lo vencieron para quedarse con el control del amarillo, de ese amarillo que ya parece hepatitis terminal y que hizo graciosa presencia en Huetamo hace dos semanas en la visita de López Obrador.

“Democracia ya, Patria para todos”, la frase que el PRD quiso imponer para el nuevo México de la izquierda, es parte de la historia. En tanto, sus despojos siguen dando vida a un pequeño grupo carroñero de políticos sin destino.

¿Quién cerrará la puerta? ¿Quién pondrá el último clavo a su ataúd?

Es cuánto.

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