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Estación de paso
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¡Están pa´l perro! |
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Raúl Mejía |
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Sin datos a la mano, podemos suponer que la actual generación de políticos que rigen los destinos de más de 100 millones de habitantes nació, en su mayoría, entre la primera mitad de la década de los 50 e incluso hasta finales de los 60. En grupo de sujetos demasiado chicos como para haber participado en los grandes eventos de los 60 (aunque se aumentaran la edad) y educados en las ocurrencias de Luis Echeverría y López Portillo en su mayoría.
Es a estos (animales) políticos a los que puso de moda Ciro Gómez Leyva cuando comentó: “Culturalmente no (aprendieron) a construir y genéticamente están mal dotados para los altos vuelos”.
Quitando a especímenes como Muñoz Ledo, quien lanzó encendidas apologías a Gustavo Díaz Ordaz a propósito de los acontecimientos de Tlatelolco y luego, con Luis Echeverría, se convirtió en uno de los políticos jóvenes más picudos del mundo… y luego fue del PRD, y luego del PARM y luego del PAN, y luego del PT y luego será de quien se ofrezca y (claro) a él se deben los grandes cambios del país pues en todos fue pieza central… y ya me extravié en lo que estaba diciendo…
…La mayoría de esos (animales) políticos, cuando niños, seguramente se la pasaron viendo Dimensión desconocida, porque, una vez en el poder, parecen habitar un país que sólo existe si pasa por el rasero de los partidos que los han enriquecido. ¿Alguna vez ha sido tan rentable preocuparse por los pobres como ahora? Lo dudo.
Me pregunto (y quizás se pregunten muchos): ¿Cómo puede un tipo que se embolsa decenas de miles de pesos al mes, que viaja en primera clase gratis, asiste a congresos inútiles (enriquecedores de currícula, eso sí), que tiene fuero y se siente intocable, que resuelve su situación económica para una buena parte de su vida (y de sus familiares), que no sabe cuánto cuesta un kilo de arroz ni se sube al trasporte público, que vive en zonas exclusivas, que es ofensivamente rico (aunque sea por tres años)… cómo puede, un zángano de estas características, entender que el reclamo de sus “representados” es que hagan algo por el país. ALGO. Lo que sea, carajo, pero que lleguen a acuerdos sin salir con la gastadísima cantaleta de culpar al otro de los resultados de tal o cual iniciativa.
¿Cómo hacer para educar, adiestrar, generar otro tipo de políticos y no a esta runfla de mediocres?
Unos dicen “se debe cambiar el sistema”, así en abstracto, y los ciudadanos, en concreto exclamamos preguntando “¿En serio?”. Otros sueltan esta gema conceptual: “Debemos avanzar a un sistema semiparlamentario”… ¡Pues empiecen! En gayola enfatizan: “La reelección de legisladores haría que éstos rindieran cuentas no al partido, sino al ciudadano”… pues como van, zánganos, háganlo. Otros “no debería haber plurinominales” ¡No saben cómo agradecería el país librarse de tanto saltamontes!… y por allá otros dicen “son demasiados diputados y senadores” y la ciudadanía, azorada, se pregunta “¿Neta? Qué exagerados”. ¿Saben cuántos legiladores sobran? Todos. Para lo que entregan como resultado, sobran todos, me cae.
Habla el PRI: Queremos llegar al poder… no a las ruinas del poder. Esta postura define el accionar de ese instituto político: aprobar reformas nomás para que el enfermo no se muera en las siguientes dos cuadras y así puedan ellos llegar a “salvar al país”. A eso se le llama ser… la verdad es que yo respeto el oficio más antiguo del mundo y el PRI lo envilece.
Habla el PRD: Bueno, el PRD está contra todo. No habla. Lo suyo es estar contra todo. Incluso entre ellos mismos. No en balde se denominan tribus a sus grupos.
Habla el PAN: ¿Alguien del PAN sabe cómo se vive en México?
Para beneplácito de todos los mexicanos, sigue la discusión del presupuesto… que resolverán hasta un poco antes de irse a la cena de Año Nuevo. Nuestros representantes en las cámaras sí tienen motivos para celebrar. Para todos habrá sido un año de “intenso trabajo”. Un esfuerzo justamente remunerado.
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