Opinión

MORELIA
Repercusiones
¡Feliz año, amor mío!
«El año que empieza no traerá nada que nos sea ajeno; habrá, como en el año viejo, tal vez enigmas que desearíamos conocer en primicia»
Samuel Maldonado B. Martes 3 de Enero de 2006
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Comienza el año de 2006 que fundamentalmente estará marcado por nosotros mismos, por lo que hagamos o dejemos de hacer, pues de eso
dependerá nuestro propio desarrollo. El año que empieza no traerá nada que nos sea ajeno; habrá, como en el año viejo, tal vez enigmas que desearíamos conocer en primicia, para anticiparnos a otros y aprovecharlo en nuestro favor. Del año viejo heredaremos siempre el fantasma de las guerras, que aun cuando son una constante en todo siglo no terminamos, por fortuna, de verlas como cosa normal del comportamiento del hombre y de su ambición desmedida de poder. Por eso siempre debemos estar atentos para denunciar los actos arbitrarios que cometa el hombre, dondequiera que éstos sucedan. Por el bien de la propia humanidad, deberemos mostrar siempre nuestra inconformidad por aquellas conductas indebidas cometidas en contra de nuestros semejantes.
El año que termina nos ha advertido de la necesidad urgente de terminar con la intervención gringa en Iraq y evitar otros conflictos como el que sufren los pueblos judío y palestino. No podemos tampoco permitir que la conflagración en Iraq se extienda a Siria u a otras partes del Oriente, so pena de que éstas terminen con nosotros. Debemos exigir también la libertad a los cinco cubanos presos en Miami y ¡ya! el cumplimiento de los acuerdos internacionales que permitan parar el calentamiento de la Tierra, pues los maremotos, los huracanes y otros fenómenos naturales se han vuelto frecuentes amenazas, precisamente por el uso inadecuado que hacemos de los recursos que nos ha dado la propia naturaleza.
La concentración de enormes fortunas y la ambición de muy pocos por seguir concentrando más y más poder dan como consecuencia las hambrunas, que asuelan a millones de personas; la insalubridad, en la están inmersos los más desprotegidos, debido a la explotación irracional de muchos por algunos cuantos, impiden el control de epidemias y enfermedades que amenazan con expandirse por toda la faz de la Tierra; el mesianismo y el síndrome del miedo que azota e inunda al presidente norteamericano debiera preocuparnos y ocuparnos a más, a efecto de denunciarlo y evidenciarlo, para que sea su propio pueblo el que lo separe del poder que ostenta, para beneficio de la humanidad.
Este año que comienza también será el motivo que nos lleve a la búsqueda de la luz que nos ilumine para agradecer nuestra presencia en este mundo, en esta vida, que como cantaba Facundo Cabral, nos permite reencontrarnos y confirmar que la «humanidad es una sola familia, que habitamos un país llamado Tierra, que somos hijos del amor y que por lo tanto, nacemos para la felicidad y para la felicidad también de nuestros hijos y para ver que no hay nada mejor que recordar a padres felices».
Como cada año, he escrito que con la última noche del año viejo se cierra una página en nuestras vidas. En la página cerrada tuvimos de todo, cosas buenas y cosas malas que han ido superándose y que nos dan lecciones para enfrentar lo que pueda acontecer.
De nuevo, hoy, se nos presenta la oportunidad de ver la aurora nacer y de saber que siguen siendo tiempos no sólo para recordar a los que más quisimos, a los que más queremos, a los que hemos olvidado y, desde luego, para expresar nuestros mejores deseos a los buenos amigos, a todos los seres queridos con los que nos reunimos, y a extrañar a los que estando ausentes los tenemos cerca y desearles a todos, buena ventura.
Estos días, aun cuando nuevos, son los mismos desde el origen del mismo universo, y siguen siendo propicios para lo que ya dejamos asentado, para hacer ejercicios de reflexión con las mejores intenciones de corregir conductas y de proclamar los buenos deseos para toda la humanidad, para todos mis amores, para uno en especial, con la que he compartido más de la mitad de mi existencia, que me ha dado todos sus años mozos, toda su alegría, todo su valor y todo su entusiasmo.