Opinión

MORELIA
VIVILLADAS
Migrantes, entre la espada y el muro
Hoy más que nunca se hace necesario un proyecto y un acuerdo a favor de los trabajadores migrantes
Gilberto Vivanco González Viernes 13 de Enero de 2006
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En tanto que el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica diseña su peligrosa política migratoria y en tanto que el gobierno mexicano denun-
cia la construcción de un muro antimigrante, pero sin tener nada que ofrecer a los paisanos para que cese la peregrinación al vecino país del norte en busca de trabajo, quienes anhelan ir a cumplir con ese cometido y por supuesto quienes están laborando en forma irregular en la tierra del Tío Sam se encuentran entre la espada y la pared, mejor dicho, entre la espada y el muro.
Toda la vida los güeros del norte han hecho las cosas a su modo, a su conveniencia, cuando quisieron trabajadores, sobre todo agrícolas, abrieron las puertas de par en par ofreciendo garantías laborales a los braceros, mismos que incluso eran recibidos efusivamente, al grado que en algunas cajetillas de cerillos y en mantas colocadas en edificios de manera estratégica se podían leer leyendas como «Gracias hermanos mexicanos», «Bienvenidos amigos mexicanos»; pero de un tiempo a la fecha en la nación de los «amantes» del libre mercado se puede leer a la entrada de algunos cafés y restaurantes lo siguiente: «Prohibida la entrada a policías uniformados, a perros, a negros y a mexicanos». Amén de estrategias gubernamentales cada vez más restrictivas y excluyentes.
El problema básico en esta relación comercial tiene dos aristas:
Primera.- Los gringos siempre han dejado los trabajos pesados para que otros los realicen, sin embargo, la oferta ha sido demasiado tentadora porque ahí las condiciones laborales por lo general son bastante atractivas, lo que provocó euforia por la cacería de dólares por parte de nuestros connacionales.
Sin embargo, los problemas bélicos, interraciales, los ataques terroristas y la presencia cada vez más fuerte del narcotráfico, en parte causas de la descomposición de la sociedad norteamericana, obliga a su gobierno a tomar medidas drásticas para evitar problemas al respecto, por lo que les urge el control total de sus fronteras; más allá de que dichos temores sean ocasionados por su política imperialista por demás equivocada, es justo reconocer el derecho que les asiste para tomar las medidas que proporcionen mayor seguridad a la sociedad, que después de los ataques del 11 de septiembre nunca más ha vuelto a dormir tranquila.
Segunda.- Los mexicanos padecemos una tremenda crisis de desempleo (Michoacán es puntero a nivel nacional al respecto), de bajos salarios y de raquíticas prestaciones sociales que sobre todo han lastimado a la gente dedicada al trabajo agrícola y que desde hace algunos años también han tenido impacto en la población del medio urbano.
La situación se complica a la vez que empresarios y hasta el propio gobierno otorgan poca o nula seguridad en la permanencia del empleo, pues la mayoría son temporales, posición que conviene a quienes tienen la obligación de otorgar prestaciones sociales como salud y vivienda. Por ello, ante la inoperante política laboral a la usanza del viejo priísmo que responde a intereses de particulares, no queda más que salir corriendo, nadando y ahora saltando al extranjero.
Luego entonces, ¿por qué nos vamos a indignar del control de las fronteras que hacen los Estados Unidos?, indignémonos por la incapacidad del gobierno mexicano que no ha sabido atender, a pesar de las múltiples promesas, a quienes necesitan estar en otro país con las oportunidades de trabajo que aquí se les niega, a pesar de la discriminación de la que son objeto; para acabar pronto, aquí tienen la familia y sus intereses pero no hay condiciones para atenderla, ¿cómo entonces pedir que los nuestros se queden cruzados de brazos al ver que sus hijos se mueren de hambre o viven con enormes carencias? Si aquí no hay respuestas a sus demandas es lógico que salgan huyendo hacia donde las encuentran. Hasta en el reino animal esta conducta es entendible.
Algunas reflexiones
Las reflexiones anteriores, por supuesto, no justifican medidas drásticas que trastocan los derechos humanos de quienes anhelan un bienestar económico para ellos y sus hogares, no justifica que locos armados con pistolas o rifles, ya sean agentes aduanales, soldados o granjeros neonazis, les disparen como si se tratara de una simple cacería; no justifica que levanten muros que durante años fueron considerados por ellos mismos como una vergüenza mundial, no justifica que nieguen servicios de salud o educativos a quienes se encuentran irregulares en territorio americano, ni tampoco justifica que un paranoico gobernador como Arnold, quien por cierto fue inmigrante, quiera hacer realidad sus violentas cintas cinematográficas.
Pese a los problemas acentuados por un gobierno suicida como el de Bush, se hace necesario un proyecto y un acuerdo a favor de los trabajadores migrantes. Tampoco pueden cerrar las puertas a los mexicanos que se encuentran de manera ilegal en su país porque causaría un enorme daño a su economía; de ahí que el propio mandatario de la Casa Blanca ahora reconoce que es necesario aceptar en forma temporal a los mexicanos irregulares.
De tomar una decisión drástica los dos países tendrían serios problemas: Estados Unidos por expulsar o ignorar a quienes son la base de su economía productiva, y México por no recibir las remesas que fortalecen y ayudan a sobrevivir a miles, millones de familias desesperadas y que han permitido en cierta medida el desarrollo de muchas comunidades.
Estamos seguros de que en próximas semanas se estará hablando de un plan que regule dicha situación, si es temporal, debería ser por lo menos de cinco a seis años, tiempo pertinente, aunque no suficiente, para que el futuro gobierno federal, sea del partido que sea, empiece a delinear una política económica capaz de generar millones de empleos justamente remunerados que la población mexicana requiere y sobre todo merece; «no hay vuelta de hoja, el destino está a la vuelta de la esquina... tomemos el toro y a Bush por los cuernos».