Opinión

MORELIA
Repercusiones
Los poderes de la Unión, ¡qué pena!
Ya no sorprende tanta estulticia, idiotez y corrupción de los principales actores políticos del momento
Samuel Maldonado B. Martes 21 de Febrero de 2006
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Indudablemente que los últimos acontecimientos políticos nos dejan ver con mucha claridad toda la podredumbre y decadencia del régimen presidencialista.
Ya no sorprende tanta estulticia, idiotez y corrupción de los principales actores políticos del momento, empezando por quien es el titular del Poder Ejecutivo federal. Su falta de seriedad, conocimiento y entendimiento de lo que ha significado para el país la posición que detenta ha logrado para él un desprestigio como ningún otro presidente ha tenido en los últimos 150 años.
La actuación del presidente de la Suprema Corte de Justicia no ha sido menor que la de su par del Palacio Nacional, pues obsecuente con el Poder Ejecutivo, ha dictaminado en asuntos de Presupuesto de Egresos de la Federación, competencia única de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, o ha generado sentencias que nunca se cumplieron. Con su conducta ha provocando controversias falsas y enfrentado a los dos poderes restantes.
No menos grave para el país ha sido la connivencia entre las fracciones del PRI y del PAN en ambas cámaras del Congreso, no para impulsar proyectos de beneficio nacional sino para proteger a pillos en funciones de gobernadores como los del Estado de México, o el de Morelos o ¿recientemente al de Puebla? Mutua y solidariamente, esas fracciones protegieron sus oscuros intereses y de paso, hicieron que el Poder Legislativo perdiera aún más su credibilidad. Con esta actitud, no de legisladores federales, sino de representantes de sus partidos, ganaron en escándalos y obtuvieron las mejores notas en las páginas rojas y de vodevil de los periódicos y revistas. Penoso es ver cómo ¿legisladores? y actores políticos se han dejado regañar por comentaristas televisivos que hoy se transforman en pulcros e infalibles personeros de la industria de radio y televisión.
¿Qué ha generado todo esto? Mucho desprestigio a nivel nacional, pues son muy pocos los ciudadanos que consideran que diputados, senadores, magistrados y presidente y sus funcionarios vienen cumpliendo a satisfacción las obligaciones constitucionales aceptadas por ellos, unos como mandato popular a través de las urnas y otros por la designación del presidente.
Los politólogos en general han coincidido en comentar agriamente la poca seriedad y tino que en materia de relaciones internacionales, de política interior, de seguridad pública, de investigación, por sólo mencionar algunos aspectos de la administración pública, ha realizado Vicente Fox. Su negligencia, el poco valor demostrado ante su par del vecino país del norte y la obediencia al mismo han generado problemas con algunas repúblicas hermanas de Latinoamérica y puesto en ridículo, ante la comunidad internacional, la política (otrora digna y reconocida) de Relaciones Exteriores. Ciertamente no es el desprestigio nacional, sí del gobernante actual, la que es deprimente.
Los moneros rápidamente encontraron en la conducta seguida por esposo de la señora una extensa gama de pretextos para ridiculizar al titular del Ejecutivo y ya es muy lamentable y penoso que, día a día, nos estemos riendo a costillas del Ejecutivo al ver las caricaturas que en todos los diarios aparecen rutinariamente.
Este régimen ha durado más de lo esperado y los mexicanos estamos hartos del mismo; deseamos con toda intensidad que estos once meses que nos separan del día en que Vicente Fox entregue la administración pública, se transformen tan sólo en unos cuantos segundos.
Tan lamentable ha sido esta administración que estamos ciertos que cualquiera de los actuales candidatos a sustituirlo, por más que se empeñara en seguir el camino trazado por el señor Fox, no lograría nunca superar la serie de tonterías cometidas.