Opinión

MORELIA
¡Qué lindo país!
Mientras el país se nos cae a pedazos, mientras perdemos poco a poco la capacidad de indignación, vemos cómo miles de mexicanos parten del hogar dejando solos a sus familiares, en la encrucijada de lograr pasar a los Estados Unidos, en donde los cazan como animales
Juan Pérez Medina Jueves 2 de Marzo de 2006
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Mientras los dueños de la televisión en México –léase TV Azteca y Televisa- compran voluntades para imponer una nueva Ley de Ra-
dio y Televisión con lo que garantizan extender y fortalecer sus monopolios mediáticos, para seguir vendiéndonos basura las 24 horas del día sin que nadie ni nada logre impedírselos y, claro: seguir haciendo fortuna sin escrúpulos.
Mientras los ricos más ricos del país -léase Carlos Slim, Roberto Hernández, Azcárraga Jean, Claudio X. González y compañía- preocupados por sus emporios personales que casi son del tamaño del país, intentan imponer su visión de desarrollo mediante la campaña del perfumado y totalmente «Pacto de Chapultepec», que no es otra cosa que más y más neoliberalismo.
Mientras es evidenciado y expuesto a la opinión pública el político priísta rebautizado como «mi gober precioso» Mario Marín, gobernador del estado de Puebla por la gracia y obra del cúmulo extraordinario de favores recibidos –léase dinero- de honorables y riquísimos empresarios educados en las más selectas de las escuelas privadas del país (con iglesia y todos los santos) y del extranjero, a cambio de la más absoluta impunidad para hacer negocios, para explotar trabajadores, para acallar denuncias y denunciantes y, hasta para ocultar el tráfico y explotación de infantes, como se supo hasta hace poco con el caso del «honorable empresario» Kamel Nacif.
Mientras Arturo Montiel nos «regocija» con el regalo que le han brindado sus hijos en Atlacomulco, Estado de México. Una propiedad valuada en más de 30 millones de pesos, la cual sus pupilos obtuvieron con el sudor de su frente para luego otorgársela a este «humilde» servidor público que, como se ha demostrado, ha hecho fortuna de la misma manera que todos los políticos priístas y panistas: haciendo favores a los grandes y ejemplares empresarios mexiquenses.
Mientras el gobierno federal dirige, produce y difunde la captura de narcotraficantes por parte de la AFI, quienes además actúan personalmente en persona; con la intención de ocultar el fracaso de su fracasado Programa México Seguro que a diario nos demuestra la derrota del gobierno de Fox ante la delincuencia organizada y la creciente violencia que sacude al país, que hace que los enterados hagan comparaciones con lo que acontece en Colombia.
Mientras Vicente Fox protege, defiende y estimula a los hijos de su mujer, quienes han logrado amasar extraordinarias fortunas en menos que canta un gallo (léase en el sexenio de papá Fox), haciendo negocios con dinero público, aprovechando la información de primera mano que les brindan los funcionarios del gobierno de Papá y las influencias de la Jefa de la familia: la señora Marta Sahagún.
Mientras Vicente Fox no para de anunciarnos de lo extraordinario que ha sido su gobierno y de lo extraordinario que será mañana si seguimos por el camino de la derecha Feli (pilla), que no ha reparado en solicitar refuerzos asesinos desde España (léase Aznar con el perdón de los asnos), y en pasar y repasar la «charola» a los que tienen dinero que repartir y, por lo tanto, dinero que recibir, en una tesis de lógica elemental que explícitamente manifiesta que si dan pesos ahora habrán de multiplicarse con creces después, para intentar levantar su alicaída e inflada campaña.
Mientras Roberto Madrazo jura y perjura que viene subiendo en las encuestas, que su partido va en ascenso y que será el próximo presidente de México (cuestión que desde hace rato la mayoría de los mexicanos detesta), su partido se regodea en el lodazal y se divide. No sólo respecto a la contracampaña de la cacique de Elba Esther Gordillo y de los casos de corrupción e impunidad que acompañan a los Montiel y los Marín y a él mismo, sino también con la confrontación entre los charros sindicales en el Congreso del Trabajo y con la destitución de Gómez Urrutia del Sindicato Minero, apenas anunciada por las autoridades laborales el miércoles pasado.
Mientras en Michoacán, el gobierno municipal y el gobierno estatal otorgan facilidades por encima del interés general a los empresarios de aquí, para que hagan sus buenos negocios sin importarles la opinión de los ciudadanos comunes y corrientes, como ocurre en los casos de la implementación ilegal de la gasolinera que el señor Nocetti Tiznado intenta imponerle a la gente de la colonia Felícitas del Río, que se ha caracterizado por defender los intereses de «la gente bonita» como lo es él exigiendo desesperado la aplicación de la ley, pero no ve la paja en el ojo propio; o como ocurre en el caso del «megapuente», proyecto extraordinariamente costoso, ecológicamente dañino y diseñado en favor de la opulencia de la ciudad; o como ocurre con los colonos del Canal de San Miguel en Santa María y con la comunidad de Nuevo Zirosto en el municipio de Uruapan por sólo mencionar algunos casos, en donde lo público está por debajo de los intereses privados.
Mientras todo esto pasa, mientras el país se nos cae a pedazos, mientras perdemos poco a poco la capacidad de indignación, vemos cómo miles de mexicanos parten del hogar dejando solos a sus familiares, en la encrucijada de lograr pasar a los Estados Unidos, en donde los cazan como animales.
Y mientras todo esto ocurre, mientras nos consume el «consumismo» y la postración, ¿no sería bueno pensar en cuál es el papel que jugamos en todo esto?, ¿qué es lo que nos toca hacer a nosotros para cambiar las cosas?, ¿cómo y con quiénes podemos hacerlo? Si no lo hacemos nosotros, ¿quién garantizará el futuro de nuestros hijos?, ¿acaso será el empresario exitoso que ahora se anuncia por todos lados de la ciudad, insultándonos con su dinero y prometiéndonos una quimera?, ¿será este empresario exitoso que recordando a Jesús el Nazareno, no cabe por el ojo de una aguja, el que nos salve?
Creo que no.