Opinión

MORELIA
Repercusiones
Benito y Lázaro
Tanto Benito Juárez como Lázaro Cárdenas legaron a México lecciones de honestidad y de virtudes que hoy son muy necesarias
Samuel Maldonado B. Viernes 24 de Marzo de 2006
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Dos grandes aniversarios nacionales nos dan el marco adecuado para analizar las figuras indiscutiblemente permanentes de dos insignes mexicanos: Don Benito Juárez García y el General de División Lázaro Cárdenas del Río. Fueron separados por el destino, pero las circunstancias políticas y sociales los unen hasta más allá de su desaparición física.

El primero, no obstante ser zapoteca cuando todavía en el México español no se abolía la esclavitud, pobre, en su niñez monolingüe y, además, huérfano, realizó toda una proeza constante durante su vida. Su primer triunfo, tal vez sin pensarlo, fue aprender el idioma español y alcanzar el grado de bachiller y de abogado. Su impasibilidad, su constancia, su obcecación por el respeto a los principios, su grandeza y su humildad, lo condujeron al punto más elevado al que todo mexicano puede aspirar: la Presidencia de la República.

Sorteando mil obstáculos, entre ellos el aspecto económico, la guerra interna y la invasión por el ejército más poderoso del momento, defendió la dignidad nacional y separó la religión del gobierno, lo de Dios y lo del César, que ahora por la acción salinista, son casi uno.

Fue tal la defensa que Juárez hizo del país y del principio de respeto entre hombres y naciones, que se ganó la admiración del mundo de su época, de tal manera que gobiernos extranjeros como el de Colombia y del Perú, varios años antes de su fallecimiento le reconocieron como Benemérito de las Américas.

El zapoteca de Guelatao se enfrentó a mil avatares y superados éstos, se mantuvo en la Presidencia de la República hasta que llegó el día en el que tuvo que pagar cuentas a quien no perdona nada: la muerte. Juárez El impasible ¡expropió el país para entregárselos a los mexicanos! A 200 años de su nacimiento sigue siendo ejemplo permanente de perseverancia, de nacionalismo, de grandeza y sencillez.

Lázaro Cárdenas del Río vio la primera luz 89 años después del nacimiento de Juárez. Por las condiciones de la dictadura porfirista y la revuelta para terminar con la misma, a diferencia de Juárez, no pudo atender la instrucción secundaria, pero fue un autodidacta extraordinario y un inconforme con la invasión económica extranjera de explotación de los recursos nacionales por los grandes capitales que mantenían a los pobres casi en la esclavitud.

Lázaro fue niño soldado y ya adulto General de División y visionario presidente alejado del militarismo, con sentido civil y de una agudeza especial para atender los aspectos sociales más sensibles que aquejaban a su pueblo y ambos presidentes, por su profundo nacionalismo de Juárez y su inteligencia, pudieron rodearse de una pléyade de estrellas de singular intensidad. Sin lugar a dudas, sus soles más brillantes lo fueron Don Melchor Ocampo y la serena figura del General Francisco J. Múgica, defensores también de los más puros principios libertarios y de los sustentados en la Constitución de 1857 y 1917.

Ambos presidentes fueron itinerantes. La intervención extranjera y la guerra interna condujeron a Juárez hasta allende la frontera del norte y conoció del exilio y de las áridas regiones del país así como de la pobreza de sus pobladores. Cárdenas, por su parte, recorrió palmo a palmo el territorio nacional entregando la tierra a los verdaderos dueños de la misma, recuperando nuestros recursos naturales no renovables y exhortando a los industriales nacionalistas a trabajar juntos para encontrar el desarrollo y la independencia económica de México y organizando a las masas. Expropió el petróleo pensando en el beneficio de los mexicanos y no para que otros se lo entregaran a los extranjeros.

Vivieron en forma modesta hasta su muerte. La grandeza de los dos presidentes y su alta sensibilidad política les es reconocida por la mayoría de los mexicanos, excepto por aquellos que han hecho de la corrupción, de la prostitución política y de la función pública la fuente de su riqueza.

Legaron al pueblo de México lecciones de honestidad y de virtudes, que hoy en día, en medio de la mediocridad y de la estulticia que nos envuelve, se hacen necesarios y urgentes ponerlas en práctica a fin de encontrar el sendero luminoso de la independencia y el desarrollo nacionales. ¡Vivan Juárez y Lázaro Cárdenas!