Opinión

MORELIA
Su majestad: Televisa
La Ley Televisa proporciona el marco ideal para hacer jugosos negocios con la propaganda político-electoral, mejora sus condiciones legales de control del mercado de medios y le proporciona al monopolio manga ancha para hacer lo que le plazca
Juan Pérez Medina Jueves 30 de Marzo de 2006
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En el Senado de la República las comisiones de Comunicaciones y Transportes y de Estudios Legislativos finalmente y como se esperaba, aprobaron, por la vía del madru-
guete, la iniciativa de nueva Ley Federal de Radio y Televisión y de Telecomunicaciones, más conocida con el nombre de Ley Televisa por su manifiesta inclinación a favor de los intereses de esa empresa y de su competidora comercial Televisión Azteca. Los medios informativos nacionales dieron cuenta de los pormenores de la aprobación de esta ley, que privilegia los negocios de los tiburones de las telecomunicaciones en detrimento de la potestad del Estado en el manejo y control del llamado espectro radioeléctrico. Como siempre, serán los poderosos monopolios de la telecomunicación los grandes ganadores en esto que es una nueva demostración de la «democracia de mercado» en este país.
Los senadores, en su mayoría de extracción priísta y panista (con algunas excepciones), no tuvieron empacho alguno en estregar las concesiones de la radio y la televisión, en un nuevo contexto tecnológico, a los mismos dueños, los que han conformado (deformado) la opinión y la conciencia de millones a lo largo de varias décadas. Los monopolios televisivos y radiofónicos han argumentado que la modernización de las telecomunicaciones sólo se puede dar con ellos y a su manera, garantizándose para sí un extraordinario y jugoso negocio con cargo al erario, o sea, al dinero que aportamos todos los mexicanos y que, para empezar, el senador panista Javier Corral calcula en un millón de dólares.
La aprobación de la Ley Televisa muestra, sin embargo, interesantes definiciones que en México comienzan a saltar a la vista. En justicia se debe decir que los senadores Manuel Bartlett, del PRI, y Corral Jurado, del PAN, han defendido junto a los senadores del PRD la desaprobación y revisión de lo acordado en la Cámara de Diputados por la mayoría tricolor y blanquiazul, con el curioso agregado de que esta aprobación contó también con el visto bueno de nuestra bancada, aunque Pablo Gómez, quien ya se ha disculpado públicamente por este error, intente aclarar, que es de él solito y de nadie más; cuestión que de ninguna manera nos exime de la responsabilidad de haber aprobado semejante atrocidad, ya sea por omisión o por ignorancia. En lo particular, me siento muy mal de haberlo hecho, confiando únicamente en nuestros compañeros integrantes de la comisión responsable; lo que no me exime de responsabilidad aun sabiendo que la mayoría de la cámara se hubiera impuesto sobre nosotros, por lo que pido disculpas por tan grave error, cuyas consecuencias serán muy graves para el país.
Sin entrar en la jerga técnica de la tecnología de las telecomunicaciones, en este mundo se opera una revolución que ha llevado a lo que se denomina la convergencia tecnológica, es decir, a la coincidencia de audio, video y transmisión de datos en paquete, lo que ha generado un nuevo concepto en comunicaciones en todo el orbe. Era de justicia aprovechar esta novedad para plantear la democratización de las telecomunicaciones y que el Estado (lo que todavía queda de él) ejerciera la soberanía que permitiera que tan importante herramienta informativa no quedara en manos de los tiburones televisivos y asociados. Pero no fue así y ahora esta innovación tecnológica estará manejada en una forma que favorece absolutamente a los negociantes de siempre. De ese tamaño es nuestro error.
De esta forma senadores, diputados y gobierno federal hemos fortalecido el duopolio de las telecomunicaciones. Duopolio que nos «regala» telenovelas bobas de a montones, muchísimo futbol y estupideces cómicas que no son más que entretenimiento carente de crítica y encaminado a «formar» conciencias desconectadas de la realidad y llenas de vanalidades, o pregúntese usted lector ¿qué tienen que ver con la realidad las telenovelas en las que el güerito bueno y la muchachita bonita e ingenua «derrotan» a los malos (que casi siempre son jodidos y feos) con su «amorcito»?
Pues ahora, esa cultura desechable estará disponible con las más modernas innovaciones tecnológicas, llevándose a la ruina a las televisoras y estaciones radiofónicas educativas, culturales y a las llamadas radios comunitarias que constituyen espacios alternativos a la radio comercial.
Los negociantes de la televisión, por añadidura, podrán evadir, ahora legalmente, la fiscalización ejercida por el Instituto Federal Electoral (IFE) según lo han dado a conocer consejeros nacionales de esta institución, porque la nueva reglamentación sancionada en la Ley Federal de Radio y Televisión está en abierta contradicción con lo estipulado en el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe).
En síntesis, la Ley Televisa proporciona el marco ideal para hacer jugosos negocios con la propaganda político-electoral, mejora sus condiciones legales de control del mercado de medios y le proporciona al monopolio manga ancha para hacer lo que le plazca.
Caso contrario ha ocurrido en Venezuela, país en el que el gobierno de Hugo Chávez y el movimiento popular que encabeza tuvieron que enfrentar el poderío del magnate Gustavo Cisneros, el equivalente de Televisa en aquella nación, para impedir que éste continuara decidiendo qué se trasmite, cómo y cuándo y contra quiénes, obligando a moderar la extraordinaria cantidad de basura que daban a consumir diariamente a los venezolanos; se inició así un radical proceso de democratización y moralización de los medios electrónicos de comunicación. ¿Será esta ley parte de los preparativos para enfrentar al nuevo gobierno federal que viene después de las elecciones de julio?