Opinión

MORELIA
1 de mayo de 2006: Un día sin inmigrantes
Es evidente que la lucha actual de los trabajadores inmigrantes indocumentados ha traído un nuevo aire a las movilizaciones progresistas en Estados Unidos, particularmente en lo que compete al proletariado
Juan Pérez Medina Jueves 20 de Abril de 2006
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Una coalición de organizaciones sindicales, religiosas y comunitarias ha designado la celebración del 1 de Mayo de 2006 en Estados Unidos como un día
de paro nacional de los trabajadores inmigrantes indocumentados. El paro es en protesta por los intentos del gobierno federal de criminalizar la condición migratoria de millones y millones de trabajadores en el país. Simultáneamente, se llevará a cabo un boicot a nivel nacional de compra de productos comerciales por hispanos. Solicitando a los pueblos latinoamericanos que el 1 de mayo no se compre ni se consuma nada en franquicias americanas, esto quiere decir: No Dunkin Donuts, McDonalds, Burguer King, Starbucks, Sears, Crispy Cream, Wal Mart, Seven-Eleven y otras de la interminable lista de empresas norteamericanas en México y en Latinoamérica.
Paradójicamente, Estados Unidos es uno de los países donde menos se conmemora el 1 de Mayo. Oficialmente la efemérides no existe. Pero este cercano 1 de mayo promete ser especial. Bajo el lema «Un día sin inmigrantes», lo que se intenta es un paro nacional de los millones y millones de hombres y mujeres que laboran «ilegalmente» en los trabajos peor pagados de la economía estadounidense (hay poco más de 28 millones de mexicanos y unos 20 millones de latinoamericanos). Este paro nacional -cuya idea brotó de las exitosas movilizaciones de abril 10- pretende mandar un mensaje a Washington sobre el peso relativo del sector inmigrante y trabajador de la nación, mostrar lo que «un día sin inmigrantes» puede significar para el sector agrícola, de servicios e incluso comercial.
Se trata de una de las iniciativas obreras y de masas más importantes en mucho tiempo. En Estados Unidos no se veía algo así desde las grandes movilizaciones por los derechos civiles en la década de los 60 del siglo XX; además, las grandes manifestaciones del 10 de abril pasado, denominado el Día de la Dignidad, fueron cultural y étnicamente diversas, con una participación sorprendente de la población anglosajona. Aquí cabe destacar el uso inteligente de la bandera estadounidense como símbolo de los organizadores del Día de la Dignidad. Éste es un aspecto en que la izquierda y el movimiento antimilitarista no han tenido una efectividad tan grande.
Es innegable lo que significa el paro nacional de trabajadores inmigrantes; ya que es una realidad que se encuentran ante la ausencia de protección y seguridad en el trabajo. Ya algunos trabajadores han sido despedidos por su participación en las actividades del 10 de abril de 2006. Pero es innegable también que no son pocos los patronos –incluyendo grandes compañías comerciales, industriales y agrícolas- que dependen de estos trabajadores. Además, la ventaja de este movimiento está en su número, en su carácter masivo.
Es evidente que la lucha actual de los trabajadores inmigrantes indocumentados ha traído un nuevo aire a las movilizaciones progresistas en Estados Unidos, particularmente en lo que compete al proletariado. Quizás llegue incluso a insuflar nuevos bríos a una clase obrera cuyos sindicatos llevan más de un cuarto de década entregando los derechos salariales y de pensiones de su membresía. En la historia de Estados Unidos, los trabajadores inmigrantes han sido siempre los que han mostrado mayor combatividad, los que han estado más dispuestos a arriesgarlo todo precisamente porque no tienen nada.
Ojalá, y así lo esperamos muchos, que esto marque el camino político para combatir efectivamente la cultura de violencia institucionalizada estadounidense, mediante la aceptación general de que las fuerzas represivas maltratan a las minorías y a los extranjeros. Parte integral de esa lucha es el movimiento en contra de la pena de muerte.
Si el «gigante dormido» del proletariado estadounidense logra despertar, el sacrificio de los Mártires de Chicago -vilmente asesinados en la horca el 11 de noviembre de 1887- asumirá su justa dimensión reivindicativa e histórica. O, para decirlo en las palabras de Rosa Luxemburgo: «El 1 de Mayo reclamaba la introducción de la jornada de ocho horas. Pero, incluso después de haberse logrado este objetivo, este día no fue abandonado. Mientras dure la lucha de los obreros contra la burguesía y la clase dominante, mientras todas las reivindicaciones no hayan sido alcanzadas, el 1 de Mayo continuará siendo la expresión anual de estas reivindicaciones. Y, cuando amanezcan días mejores, cuando la clase obrera del mundo haya ganado su libertad, entonces la humanidad también celebrará, probablemente, el 1 de Mayo en honor a las luchas amargas y los muchos sufrimientos del pasado».