Opinión

MORELIA
15 de mayo, Día del Maestro
La educación pública está en riesgo. La realidad y las estadísticas nos muestran un vertiginoso avance del mercado privatizador
Juan Pérez Medina Jueves 11 de Mayo de 2006
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La lucha del magisterio mexicano no es un hecho aislado en el contexto de la lucha que a través de los años vienen librando los trabajadores del
país por brindarse mejores condiciones de vida. Ya en 1958 habían dado muestras de su dignidad al desafiar al Estado y sus representantes venales, con la realización de un paro de labores en el Distrito Federal, cuya consecuencia fue el encarcelamiento de los principales líderes magisteriales y la represión al movimiento en general. Estos hechos se realizaron en el marco de una serie de movilizaciones y huelgas de trabajadores ferrocarrileros, médicos y electricistas, que acabaron por igual.
Tampoco es un movimiento aislado en el contexto nacional. La lucha magisterial tiene, además de muchos años, una extensión de carácter nacional, aunque son los estados de Oaxaca, Michoacán, Chiapas, Guerrero, Zacatecas y el Distrito Federal los que concentran la mayor disidencia magisterial. El fenómeno de la lucha magisterial no es un acto de distorsión; ni mucho menos una acción deliberada dirigida contra el gobierno. Es, a todas luces, una realidad que emerge como respuesta a las medidas que desde hace más de 25 años se vienen realizando en el país en contra de la educación pública, de los derechos laborales adquiridos y de los embates contra el salario por los trabajadores.
A la complaciente y añeja burocracia del sector, fiel a las políticas del gobierno, con la finalidad de no poner en riesgo su posición; y a los «intelectuales» de izquierda de extraordinaria capacidad de adaptación, quienes otrora criticaban las políticas de los regímenes priístas, y que aun ahora, se manifiestan antineoliberales, pero ejercen con tenacidad y pulcritud las políticas que ideológicamente combaten; les parece injusto que los maestros luchen; y hasta justifican la acción represiva del Estado en contra de los que se inconforman y se manifiestan. Tanto en Lázaro Cárdenas como en Atenco, se apuraron a acompañar la vil acción que dejó a cientos de golpeados, heridos y causó la muerte de tres personas. En el mejor de los casos se guarda silencio cómplice, o se asoma la cabeza para decir: ¡yo no fui!, como si con ello se hiciera lo suficiente y la responsabilidad no los alcanzara.
Son los que no entienden las razones de fondo que mantienen al movimiento magisterial, asumiendo una actitud conservadora que se contrapone con su supuesta aureola de izquierda. Creen que pueden sobrellevar el caos y que con la gobernabilidad están alcanzando sus objetivos. ¡Que no se mueva ni el aire!, parecen invocar, refiriéndose a los trabajadores, a los estudiantes o a los inconformes; mientras que por sus costados y de su mano, avanzan los neoliberales con grandes zancadas.
La educación pública está en riesgo. La realidad y las estadísticas nos muestran un vertiginoso avance del mercado privatizador. Ya hay más universidades privadas que públicas y, varias de ellas, con la matriz en los Estados Unidos o Canadá como resultado del TLC. Los particulares ya representan más del 1% del PIB en inversión educativa y los padres de familia de las escuelas públicas de educación básica ya aportan, sólo por concepto de cuotas más de 280 millones de pesos anuales. Si a eso sumáramos los ingresos que por derecho a examen e inscripción se les cobra a los alumnos de educación media superior y superior de las instituciones públicas del país, la cantidad sería verdaderamente alarmante.
El gobierno neoliberal mexicano ha venido realizando las medidas necesarias para privatizar el servicio. La descentralización de la educación ha sido acompañada con medidas adyacentes que dejan a la educación pública urbana pobre, suburbana y rural en condiciones cada vez más graves. La desaparición del CAPCE, órgano encargado de la construcción de escuelas, ha originado que cada vez se construyan menos y se equipen de manera adecuada. Los gobiernos municipales en sus convenios de obra comprometen a los padres de familia a hacer aportaciones complementarias para construir aulas, sanitarios, laboratorios y anexos. Las necesidades educativas quedan, en no pocos casos, a merced de la insolvencia municipal y de las prioridades del munícipe. Actualmente el déficit es enorme.
Desde que inició el proceso descentralizador, el gobierno federal decretó la eliminación de la creación de plazas de apoyo para las escuelas públicas de educación básica, dejando a muchas de ellas sin secretarias, sin intendente, sin conserje y sin velador. Paralelamente, se disminuyó la creación de escuelas públicas y desde entonces, el número de escuelas creadas por los maestros y padres de familia en las entidades que no cuentan con clave presupuestal ha venido creciendo sin que se observen visos de solución; en contrapartida, anualmente se abre un sinfín de escuelas particulares, un negocio que no paga impuestos.
Se habla de que más del 90% del presupuesto educativo va a los salarios de los trabajadores de la educación, intentando culpar a los maestros de absorber el gasto público, de hacer que no se puedan construir escuelas y de que, por lo tanto, no se justifica el que exijan mejor salario. Soslayan deliberadamente que los maestros mexicanos atienden en promedio más alumnos que en los países más desarrollados y reciben mucho menos por su trabajo. Olvidan que mientras en los países europeos el desarrollo humano es el más alto, en nuestro país los rezagos son alarmantes y muy ostensibles, lo que genera condiciones más difíciles para atender la tarea educativa. Sin embargo ocultan que el gobierno federal incumple con el mandato constitucional de aplicar el 8% del PIB presupuestal para la educación y que, de esa cantidad, se utilizan recursos para atender proyectos y necesidades de particulares.
A la lucha que han mantenido los maestros democráticos de la CNTE en el país intentan atribuirle los magros resultados para concluir que se deben a los paros laborales que vienen ejerciendo los maestros de estas entidades. Soslayan que en todos los estados los resultados de las escuelas públicas están por debajo de los que obtienen en promedio las escuelas privadas; lo que demuestra que no es la capacidad del maestro el único factor que incide, sino que es fundamental el grado de desarrollo económico de los alumnos y su nivel de integración familiar y de acceso a ciertos servicios que mejoran las condiciones para aprender. Lo anterior explica el porqué las entidades del norte presentan mejores resultados que las del sur que son las menos desarrolladas.
Cierto, no se puede negar el efecto que las prolongadas movilizaciones han tenido en el sistema educativo estatal, pero no es sólo responsabilidad de los maestros, puesto que sus peticiones están fincadas en bases sólidas y totalmente justas. Esto implica que, de atenderse tales peticiones, las movilizaciones disminuirían. Porque nada justifica que los maestros se resignen.
El Estado neoliberal de la mano de Vicente Fox ha hecho avanzar la destrucción del Estado social educativo. Ahora se privilegia la escuela privada y hasta se pretende que a ella se dirijan los recursos públicos que le pertenecen a la gente y que servirían para favorecer los negocios lucrativos que los particulares realizan en el sector.
Sin embargo, es menester que los maestros y, sobre todo su dirección, observen con detenimiento las condiciones en que ha venido desarrollando la lucha. Varias de sus apreciaciones no han sido del todo correctas para actuar con el mayor impacto posible y de la manera más adecuada. Lo anterior obliga una reflexión más profunda de la realidad y de la correlación de fuerzas. La lucha social que el magisterio está llevando a cabo debe inscribirse en la lucha de todo el pueblo y, por lo tanto, debe fortalecerse con su apoyo. Cuando en 1994 iniciamos la lucha del MBTEM, de manera espontánea el pueblo llegaba a brindar su apoyo y muchos colaboraban con alimentos a la manutención del plantón. Los tiempos ahora no son los mismos y es claro que algo hemos dejado de hacer o que lo que hemos hecho no ha sido lo adecuado o lo suficiente. Es necesario revisar para que se actúe con objetividad y se elimine la carga de voluntarismo y de estridencia que en nada ayuda, en ello ha habido demasiada inversión y, por consiguiente, se han obtenido escasos resultados. Tengo la impresión de que muchos de los planteamientos que se hacen a las autoridades educativas no están fincadas en la discusión y el consenso de los trabajadores de la educación, los padres de familia y los alumnos. Creo que los mecanismos para desarrollar este proceso ya se han deteriorado. Tal vez en ello estriba el porqué muchos de nuestros compañeros no se incorporan a la lucha o lo hacen con desgano y muchos de ellos en medio de la simulación.
El magisterio nacional y local no debe entronizar las formas de organización y lucha que en ciertas circunstancias dieron resultados cuando es evidente que éstas han cambiado. Es necesario reformular el discurso político y educativo; modificar los planteamientos tácticos y desarrollar acciones éticas que fortalezcan el sentido del gremio y el orgullo de ser maestro y de formar parte de la vanguardia del pueblo. Las líneas generarles de la lucha magisterial permanecen intactas: democratizar la vida en las escuelas y en el sindicato construyendo las condiciones para la derrota del charrismo y, por ende de Elba Esther Gordillo, y generar una relación democrática y autonómica entre los trabajadores y entre su organización y el pueblo; defender la escuela pública, que entraña el derecho social a la educación de todos y todas en el país desde que se nace hasta que se muere. Establecer a la educación como el mecanismo de humanización de la sociedad mexicana y de la derrota de la desigualdad social y las inequidades, y como el instrumento que hará posible que los mexicanos y las mexicanas hagamos de nuestra tierra un espacio para la vida sustentable y democrática y contribuir con ello a revertir el deterioro ambiental y económico del mundo. Para ello es indispensable tener un mejor gobierno y los maestros no deben renunciar a la iniciativa de su conformación; pero sobre todo y, para que ello sea posible, es indispensable que tengamos mejores educadores y educadoras, comprometidos con el pueblo y sus hijos, pendientes en la tarea de la actualización y la innovación educativa y científica, con mejores salarios y con mejores y distintas escuelas y con un sistema educativo sin burocracia miope e insulsa, para quienes el discurso permanente es la manera de construir y reinstruir el sistema educativo en el virtualismo y sobre el presupuesto que se designa para el sector. Apuntar hacia allá de manera más fresca y consensuada impulsará la lucha con mayor énfasis y encontrará en el pueblo a sus mejores aliados, como lo fue antes.
¡Felicidades, compañeros maestros!