Opinión

MORELIA
¿Elección de Estado?
Como en 1988, los bienes del Estado parecen haberse puesto al servicio del candidato del partido en el poder, para desmantelar a la oposición y mantener el gobierno
Columba Arias Solís Viernes 12 de Mayo de 2006
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Los tiempos electorales que ahora corren y nos acercan rápidamente al día de las decisiones, plagados de acontecimientos que pasan de la inten-
sa guerra sucia desplegada por el partido y el candidato de Acción Nacional en contra del representante de la coalición -destinando para ese cometido decenas de millones que engruesan las arcas de las estaciones televisoras y de otros medios- a los hechos violentos y represivos suscitados en estos días y, los que los gobiernos no quieren asumir en la responsabilidad que les corresponde, nos hacen recordar aquellos otros, sucedidos en la campaña electoral del año 1988, en que los integrantes y simpatizantes del naciente Frente Democrático Nacional que postulaba a Cuauhtémoc Cárdenas a la Presidencia del país, sufrieran la embestida brutal del sistema que se negaba a la apertura democrática y empleaba todo el poder económico y político que detentaba para aniquilar la opción democrática que apenas nacía.
Hoy como entonces, existen grandes paralelismos en el comportamiento de quienes tienen el poder político y económico. Las intensísimas guerras mediáticas donde la suciedad se destila por quienes siempre se asumieron como las buenas conciencias de la sociedad, nos dan una muestra del poderío económico del que gozan y de que, como en el antiguo régimen, están dispuestos a lo que sea con tal de conservar los privilegios del sistema que pretende heredarles aquel que prometiera tantos cambios que nunca se dieron, pero a quien fascinó y conservó encantado las estructuras del sistema autoritario que se le entregaba.
Como en 1988, los bienes del Estado parecen haberse puesto al servicio del candidato del partido en el poder, ahí están los ejemplos de la operadora de los programas de asistencia social, haciéndose cargo de la campaña del abanderado del blanquiazul y reuniéndolo de inmediato con una serie de organizaciones beneficiadas por la secretaría del ramo. Igualmente, se han ido incorporando diversos funcionarios del gabinete presidencial a reforzar la campaña de dicho candidato, y por si fuera poco, el propio presidente durante meses ha estado realizando a lo largo y ancho del país, una constante campaña a favor del candidato de su partido sin el menor rubor o algún reparo a causa de su investidura.
En cada acto, en cada gira por los poblados y ciudades de la República y aun fuera de ésta, el jefe del Ejecutivo hace las arengas correspondientes para lograr el apoyo hacia su candidato de la continuidad y lanza descalificaciones constantes hacia el opositor representante de la coalición, olvidando que es el presidente de un país y no solamente de un grupo o de un partido.
La estrategia seguida por el partido gobernante ha quedado muy clara y se despliega en la línea seguida en las televisoras, la radio y la prensa. Todos los espacios mediáticos están saturados de la contracampaña diseñada por el blanquiazul, notas informativas, columnas y análisis, son dedicados no a cuestionamientos críticos, sino a la difamación y a la realización de ejercicios de linchamiento hacia el candidato de la coalición, a quien le endilgan una sarta de mentiras y comentarios infamantes.
Está claro entonces que quienes están al mando de las instituciones de gobierno, están dispuestos a utilizar cualquier medio para justificar sus fines de conservar el poder y aunque su enemigo a exterminar ha sido y es el representante de la coalición, también de pasada embisten al candidato tricolor, quien después del desprendimiento de la lideresa del sindicato magisterial y amiga de la pareja presidencial, ya no ve lo duro sino lo tupido de los fuegos amigos y enemigos, auspiciados algunos por el poder en turno y que lo han llevado a denunciar que los comicios del próximo 2 de julio se están convirtiendo en una «elección de Estado». Y desde luego, de esas cosas, el candidato tricolor sabe mucho, es grande la experiencia en esa materia, por lo que habrá que creerle cuando denuncia esa situación.
«Elección de Estado» dice Madrazo en referencia a la campaña presidencial a favor del candidato azul, asegurando que los panistas «están dispuestos a jugar con todo lo que tienen para no dejar la Presidencia de la República» y un ejemplo -dijo- es «la presión gubernamental en el proceso electoral por medio de los programas oficiales». Por lo que solicitó a la población que «no hagan eco a los exhortos oficiales».
Son ya varias las ocasiones en que el representante de la Alianza hace manifestaciones en relación al respaldo presidencial, pero realmente resulta sorprendente escuchar de su boca aquellas consignas esgrimidas por la oposición perredista durante tantos años de las elecciones de Estado: «Acepten todo lo que el gobierno les ofrezca, pero recuerden que el voto es libre y secreto». Ver para creer.
El gobierno y su partido consideran que conservar para sí la Presidencia bien vale no una misa, sino guardar en el rincón de los desechos, aquella ideología de sus fundadores que esgrimía la honestidad y el bien común por encima de todo.
La fuerza del Estado puesta al servicio de su partido y utilizada para lograr el aniquilamiento de los adversarios no puede más que remitirnos a las luchas libradas por la oposición frentista en 1988 quienes forzaron la apertura de las puertas de la democracia, lo que les permitió llegar a quienes hoy detentan el poder, mismos que habiendo aprendido muy bien las prácticas utilizadas en el antiguo régimen, las vuelven a reproducir. Hoy como entonces, a los militantes de la izquierda y a su candidato, el partido del gobierno les endilga una serie de adjetivos con los que pretende descalificarlos ante la población. Hoy, como en los procesos electorales de 1988 y 1994 sus esfuerzos están puestos en la generación de un clima electoral de miedo hacia el candidato coalicionista. Sin embargo, los generadores del temor en sus afanes de exterminio político, están olvidando que son muy numerosos los ciudadanos mexicanos que no están dispuestos a dar marcha atrás en las conquistas democráticas que costaron tanto esfuerzo y tantos años.