Opinión

MORELIA
Militarización fronteriza
Tal como van las cosas en EU, parece que no habrá concesiones para los trabajadores indocumentados
Columba Arias Solís Viernes 19 de Mayo de 2006
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Apenas el pasado 1 de Mayo, cientos de miles de inmigrantes mayoritariamente latinos y mexicanos llenaron las avenidas de las principales ciudades de los Es-
tados Unidos, saliendo de la clandestinidad y dejando a un lado los temores de las deportaciones, para manifestarse en contra del proyecto de ley que pretendía criminalizar el trabajo de esos millones de contribuyentes importantes a la economía norteamericana, situación que obligó al Senado estadounidense a debatir en torno a la legalización de esa gran mano de obra que representan los indocumentados, debate que en estos días ha reanudado ese cuerpo legislativo.
Muchas voces influyentes se alzaron en aquel país condenando la pretensión de hacer pasar una legislación persecutoria, entre ellas la del propio presidente George W. Bush, quien instaba a los integrantes del Senado a tomar en consideración todas las contribuciones que habían aportado a ese país los trabajadores inmigrantes, manifestándose a favor de que «los inmigrantes ilegales que tienen raíces en nuestro país y deseen quedarse, deberían tener que pagar una multa por burlar la ley, pagar sus impuestos, aprender inglés y trabajar en un empleo por unos años», a fin de que quienes cumplieran esas condiciones quedaran habilitados para solicitar la ciudadanía norteamericana.
Sin embargo, cuando se esperaba el anuncio de una reforma migratoria benéfica para los trabajadores indocumentados, como un baño de agua helada llega el anuncio por boca del titular del Poder Ejecutivo de la nación vecina de que efectivos militares serán desplegados en la frontera con nuestro país, como parte de una operación que pretende combatir la inmigración ilegal.
En efecto, el presidente de los Estados Unidos deja caer sorpresivamente el garrote de la militarización fronteriza, al mismo tiempo que manifiesta al Senado su anuencia para legalizar un determinado número de trabajadores. De golpe y porrazo George W. Bush hace el anuncio de haber ordenado la movilización de seis mil efectivos de la Guardia Nacional hacia la frontera con México.
Al mismo tiempo que comunica la militarización, pide al Congreso de su país que expida una ley de migración con un programa de trabajadores huéspedes. Es decir, como acertadamente lo señalara un diario local, ofrece la zanahoria y el garrote a los vecinos mexicanos.
Así las cosas, seis mil soldados de la Guardia Nacional serán enviados a partir de junio a la frontera con México para apoyar, monitorear y administrar el combate a la inmigración ilegal durante un año, ya que según el presidente Bush, los Estados Unidos «por décadas no ha estado en control completo de sus fronteras», por lo que «muchos que desean trabajar en nuestra economía han logrado escabullirse a través de los límites y millones han permanecido».
Al respecto, el secretario de Relaciones Exteriores del gobierno mexicano ha declarado que los elementos de la Guardia Nacional «sólo apoyarán a la Patrulla Fronteriza, mas no podrán retener a inmigrantes». Agregó el secretario que de acuerdo con lo señalado por el presidente Bush, «sólo participarán en labores de apoyo con la Patrulla Fronteriza, como en la construcción de brechas, administrativas, manejo de camiones y sobre todo labor de inteligencia», y abundó en la interpretación de las decisiones de Bush, manifestando que «lo que está planteando claramente el presidente Bush es que no se debe considerar por esta razón militarización en el sentido estricto formal».
En la misma tónica, el vocero del presidente Fox, Rubén Aguilar, «descartó que el envío de miembros de la Guardia Nacional de los Estados Unidos a la frontera común signifique una militarización de la zona. Y por si fuera poco y para que no quepa la menor duda del significado de la presencia militar en la frontera, la senadora panista Cecilia Romero se ha tomado el trabajo de explicar qué es la Guardia Nacional, pues es el Ejército estadounidense el que vigilará esa frontera, por lo que no hay alguna militarización, además que lo que se intenta es que haya más seguridad para los dos países.
Sin duda alguna, resultan -por decir lo menos- absurdos y torpes los señalamientos tanto del presidente norteamericano como de las autoridades mexicanas que niegan la militarización de la frontera de los dos países, ya que según el anuncio del señor Bush, el próximo junio, tropas estadounidenses ocuparán la frontera con México, ya sea que pertenezcan a la Guardia Nacional o a cualquier otra corporación o denominación, lo cierto es y así lo reconocen los responsables de la operación, estarán armados y autorizados para utilizar la fuerza, teniendo como objetivo el combate a la inmigración ilegal durante un año. Si no se llama militarización el despliegue de tropas armadas a lo largo de nuestra frontera con el país vecino, entonces que nos ilustre el experto gobierno mexicano y nos diga cómo se denomina esa operación.
Por lo pronto, el presidente estadounidense ha ordenado la militarización de la frontera, medida que en opinión del relator de las Naciones Unidas para Derechos Humanos de los migrantes, Jorge Bustamante, «en términos de derecho internacional, la movilización de efectivos militares a cualquier frontera es de una situación de preguerra, que el gobierno de México no debe tolerar bajo ninguna circunstancia».
Todavía no se terminaba de digerir la noticia del despliegue de las tropas en la frontera, cuando se conoce la determinación del Senado norteamericano de autorizar la construcción de un muro de 600 kilómetros y otro más de 800 metros de vallas móviles para impedir el flujo de inmigrantes. Así las cosas, quién sabe con qué otra disposición dañina para los indocumentados nos amaneceremos mañana. Como van las cosas, parece que no habrá concesión alguna para los trabajadores indocumentados.