Opinión

MORELIA
Repercusiones
Educación y huelgas
Hoy, cuando la vida nacional está contaminada por el clima preelectoral y por la falta de la conducción adecuada del país, debemos hacer un esfuerzo para superar diferencias y cumplir con nuestras funciones
Samuel Maldonado B. Martes 23 de Mayo de 2006
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La terminación de la política es el comienzo de la guerra y en cualquiera de éstas, como la que se presenta en la que libra los Espantados Unidos contra
Iraq, nunca habrá ni vencedores ni vencidos, pues lo único que logra un conflicto de esta naturaleza es que todos pierdan. En el caso de la injusta, ilegal y arbitraria invasión a Iraq, todo por la ambición del nefasto cowboy que gobierna parte de América del Norte, además de las vidas humanas que todos los días se pierden, es condenable la utilización de enormes recursos económicos (en la compra de tanques, helicópteros, armamentos y mil artefactos de destrucción masiva) que bien pudieran utilizarse para alimentar a millones de gentes que se están muriendo de hambre, sobre todo en varios países africanos donde cientos, día con día, fallecen directamente por efecto de la escasez de agua para riego y la imposibilidad, como consecuencia, de producir y consumir alimentos.
Ciertamente una huelga no es ninguna guerra pero como si lo fuera, pues en la que estallara en el Conalep todos perdimos. Si bien no fueron muchos días los que duró (del 3 de mayo a las 9:00 horas, terminando el día 12 a las 21:30 horas) los perdedores fueron principalmente alumnos y maestros. Los primeros, porque el tiempo pasa y no se repite nunca; los segundos, porque se esfuerzan por alcanzar un desprestigio enorme.
Las marchas del magisterio, los bloqueos, las exigencias incomprensibles comparadas con su baja eficiencia, su antipropaganda y el daño que ocasionan en padres de familia y alumnos, disminuyen (diputado Juan Pérez dixit) el apoyo social y aumentan la mala fama que ya de por sí tiene el magisterio en lo general.
Las consecuencias de la huelga se dejarán ver en el momento de las próximas inscripciones de ingresos, ya que nunca antes en el Conalep se había presentado un conflicto de esta naturaleza.
Perder la confianza de los padres de familia en nuestra institución y la disminución de la próxima matrícula es un riesgo alto. Argumentaciones o sustento para la huelga nunca las hubo. ¡Sí!, por el contrario, muchos pretextos.
Como resultado de lo anterior, nos toca redoblar esfuerzos, no solamente para convencer a miles de estudiantes que están por terminar sus estudios de secundaria de que el Conalep es una buena opción y así aumentar la matrícula, sino para garantizar a los de nuevo ingreso que tanto el área administrativa como la académica, buscarán recuperar la calidad que en años pasados tuvo nuestro Colegio.
Especialistas en educación y en la estrategia que siguen los maestros han indicado que, cito: «los movimientos sociales -cuando son universitarios- apuntan fundamentalmente al problema de la relación compleja entre la universidad y su contexto social; es decir, entre uni­versidad y Estado (la huelga de la UNAM en 1997 que durara un año) y sociedad, puesto que como instituciones no son entes aislados, sino que responden a determinados acontecimientos de la propia sociedad. Esta estrecha relación entre universidad, sociedad y política convierte a los gremios magisteriales y sus luchas en campos de entrenamiento para futuros políticos. Muchos ‘hombres públicos’ en América Latina empezaron sus carreras en el gremio estudiantil y terminaron como líderes corruptos».
Aun con todo el daño que ocasionan estos movimientos, como lo hemos observado recientemente en algunas industrias como la siderúrgica, en donde hubo muertos y heridos, en una huelga, queda claro que nadie gana y todos pierden pero son, en el caso particular que nos ocupa, los propios alumnos los que más daños resienten.
Desde luego una huelga es una conquista y derecho de los trabajadores, que quedó plasmada en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en el año de 1917, por lo que los mexicanos estamos obligados a respetar el derecho adquirido por tanta injusticia dictatorial habida. Pero hoy no es el ayer; obreros y trabajadores están protegidos y asegurados y la explotación de ellos no es la norma, sino muchas veces se debe a la prostitución de sus propios líderes.
Durante los tres últimos años, el Conalep vivió sus peores días en los que nunca los docentes se inconformaron con la situación de desadministración vivida, ni por tanto despido injustificado ni menos por el ambiente casi de terror prevaleciente en las oficinas de la Dirección General.
Hoy comienzan a cambiar las cosas, hay mayor orden y mejor disciplina, pero se requiere mayor atención y respeto, sobre todo, a los alumnos y padres de familia.
Hoy, cuando la vida nacional está contaminada por el clima preelectoral y por la falta de la conducción adecuada del país, es muy peligroso andar caminos trillados, por lo que debemos hacer un esfuerzo para superar diferencias, cumplir con nuestras funciones y buscar encauzar la vida académica por mejores senderos que nos lleven a la superación y al cumplimiento de nuestras responsabilidades.