Opinión

MORELIA
Con McDonalds, Coca-Cola y la comida rápida crece la obesidad infantil
La Secretaría de Educación en el Estado debería crear la normatividad necesaria para impedir que alimentos chatarra inunden las escuelas, además de generar un Programa de Educación para la Salud Alimentaria
Juan Pérez Medina Jueves 1 de Junio de 2006
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De acuerdo con datos aportados por la investigadora en alimentación Pilar Galindo, «una lata de Coca-Cola u otros refrescos, como las bebidas para deportis-
tas, contiene 35 gramos de azúcar, supera por sí sola la dosis mínima y no aporta ningún tipo de nutrientes. Estas calorías vacías de elementos nutritivos y cargadas de azúcar refinado que ingerimos con los alimentos industriales son la causa principal de la obesidad, que crece como una epidemia en las sociedades modernas».
Menciona también, «que la obesidad ha alcanzado las dimensiones de una epidemia mundial, pues en la actualidad existen mil 700 millones de personas que presentan alto riesgo de desarrollar enfermedades como diabetes y cardiopatías, relacionadas con el exceso de peso [1]. En la Unión Europea, durante la década de los 90, 279 mil muertes de mayores de 25 años (el 7.7 por ciento del total) son atribuibles al exceso de peso».
De acuerdo con el sitio de Internet obesidad.net, aproximadamente del 25 al 28 por ciento de los niños presentan obesidad infantil, pero lo más preocupante es que en los últimos 20 años se ha incrementado de manera importante esta proporción hasta casi un 60 por ciento más.
La obesidad infantil tiene una predisposición genética, y agreguémosle los siguientes factores:
1. La falta de información nutritiva adecuada para los padres
2. La información falsa sobre virtudes de alimentos «chatarra» en los medios de comunicación
3. La falta de promoción de alimentos saludables en las «tienditas» de las escuelas
4. El aumento indiscriminado de los restaurantes de comida rápida
5. El tiempo que los niños están frente a la televisión
6. El tiempo que los niños se encuentran frente a la computadora o con los juegos interactivos
El problema de obesidad infantil le provoca al niño inseguridad, baja su autoestima, discriminación escolar, discriminación social, fatiga fácil, probable hipertensión, probablemente hipercolesterolemia, estrías y así podría continuar con muchas otras cuestiones. Además, se reconoce que, por lo menos, el 30 por ciento de los niños obesos serán adultos obesos en el futuro.
El incremento de la obesidad y de sus enfermedades derivadas tiene que ver con el sedentarismo pero, sobre todo, con los malos hábitos alimenticios. Éstos generan obesidad por sobrealimentación pero, fundamentalmente, por consumir exceso de carnes, grasas, sal y azúcar, en menoscabo de pan, pescado, legumbres, frutas y vegetales. Los alimentos industriales, precocinados, con conservantes y aditivos sustituyen cada vez con mayor frecuencia a los alimentos frescos y cocinados en casa. Saltarse el horario natural de tomar los alimentos, no incluir frutas y verduras diariamente, beber refrescos en lugar de agua y comer «chucherías» y comida «chatarra» [3], daña la salud e incrementa la obesidad.
La OMS recomienda el consumo de azúcar en una proporción de, cuando mucho, 30-50 gramos diarios por cada 2000 calorías para un adulto; pero no menciona que una lata de Coca-Cola o las bebidas para deportistas contienen 35 gramos de azúcar, con lo que superan por sí solas la dosis mínima sin aportar ningún tipo de nutrientes. Un estudio de la dieta de la población escolar en Estados Unidos demostró que una lata diaria de bebida azucarada incrementaba el riesgo de obesidad infantil en un 60 por ciento.
Niños, adolescentes y jóvenes son el objetivo primordial de las presiones publicitarias [4]de las multinacionales de comida «chatarra». Esta presión degrada sus hábitos alimentarios en una etapa de aprendizaje para toda la vida. McDonalds y Coca-Cola llevan más de 50 años atacando la cultura y la soberanía alimentaria de los pueblos para imponer su comida y su bebida «chatarra». Hasta hoy, los gobiernos han sido incapaces de obligar a estas empresas a informar de los peligros que sus productos suponen para la salud. Por el contrario, con el número de establecimientos y las ventas de estas multinacionales crecen también la obesidad y la diabetes de nuestros niños y niñas, así como las enfermedades cardiovasculares en las etapas posteriores de su vida. A lo más que se ha llegado en México, es a establecer que mientras se anuncian en algún medio, se mencione que se debe comer frutas y verduras. El cinismo de estas empresas es descomunal y únicamente comparable con la irresponsabilidad de los gobernantes en turno; ya que se les ve patrocinando campañas «altruistas» con las que pretenden lavar su imagen, mostrándose como benefactores de los más desfavorecidos e incentivando el deporte entre los niños y jóvenes. En estas campañas las multinacionales nos recuerdan, cínicamente, los beneficios de una dieta sana, al mismo tiempo que nos ocultan los daños que sus productos ocasionan a nuestra salud.
Es indispensable que pongamos atención a este problema que ya presenta indicios alarmantes. Me parece que desde la escuela existen las condiciones para iniciar un proceso educativo y de combate a las grandes empresas productoras de alimentos «chatarra». La Secretaría de Educación en el Estado debería crear la normatividad necesaria para impedir que alimentos de este tipo inunden las escuelas, además de generar un Programa de Educación para la Salud Alimentaria en niños y jóvenes que alcance de manera suficiente a la familia completa.
Los maestros deberíamos tomar conciencia sobre lo que este problema significa y sumarse a la tarea de elaborar un programa de este tipo y desarrollarlo. Erradicar de las escuelas los alimentos que estimulan los malos hábitos alimenticios es tarea de los educadores que deberá alcanzar al resto de los miembros de las familias de los alumnos. Concluir que el negocio de la «tiendita» de la escuela no está por encima de lo educativo que ésta debe ser, será a mediano plazo mucho mejor que la distribución del fondo repartible al final del ciclo escolar o de la realización de una obra que lleva dentro de sí la destrucción de la salud pública de niños y jóvenes y, sobre todo, de una cultura de la alimentación sana y para toda la vida.
¡Fuera comida «chatarra» de nuestras escuelas! ¡No envenenemos más a nuestros niños y jóvenes, mientras se enriquecen las transnacionales productoras de alimentos basura!
Notas:
[1] Fuente: Internacional Obesity Task Force: Fuerza de Choque Internacional contra la Obesidad
[2] Se considera obesidad, para una persona adulta, cuando el índice de masa corporal (IMC) es igual o superior a 30. El IMC es el cociente entre el peso (en kg) y el cuadrado de la estatura (en metros). Se considera sobrepeso, para una persona adulta, cuando el IMC es igual o superior a 25. Fuente: Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad.
[3] Comida «chatarra» es el conjunto de alimentos de alto contenido en azúcar y grasas y de bajo costo económico que se venden en establecimientos de comida rápida.
[4] Tanto los adolescentes y jóvenes, como los sectores sociales de bajo poder adquisitivo son más vulnerables a la asociación entre la presión publicitaria y el bajo precio de la comida «chatarra».