Opinión

MORELIA
Para terminar la fiesta en paz
Entra a su fase final este proceso electoral cuyas características han sido además de la guerra sucia, el uso de las encuestas como estrategia para posicionarse en el ánimo de los electores
Columba Arias Solís Viernes 16 de Junio de 2006
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Comenzado el Campeonato Mundial de Futbol y habiendo ganado su primer encuentro el equipo mexicano, esta justa deportiva ha centrado en ella como era
de esperarse, el mayor interés de los mexicanos desplazando a un segundo plano el asunto de las campañas electorales, a pesar de los llevados y traídos debates y postdebates y la declaración de ganadores por parte de los candidatos más posicionados y sus respectivos equipos.
Los aficionados esperan con ansia el siguiente encuentro del equipo mexicano, mientras que competidores políticos, partidos, autoridades electorales y la población -una parte- se aprestan para en unos días más, encarar lo que algunos llaman la madre de todas las elecciones a cuyas semifinales han llegado tres candidatos en medio de los vituperios, de las descalificaciones, de la campaña mediática más sucia que se recuerde en nuestro país y tan costosa como aquella de los famosos Amigos de Fox.
Entra a su fase final este proceso electoral cuyas características han sido además de la guerra sucia, el uso de las encuestas como estrategia para posicionarse en el ánimo de los electores. Así, hemos visto crecer la fiebre de la encuestitis, encontrando numerosos ejercicios de esta naturaleza realizados por encuestadoras patito, sin explicación alguna sobre su metodología, sin cumplir los mínimos requisitos que el IFE suele exigir, es decir, encuestas sacadas de la manga, hechas a modo y por encargo para posicionar a determinado candidato e influir en la intención de voto de los presuntos electores.
La final está por llegar, una final de tercios –según dice el candidato tricolor- y los ánimos de algunos actores políticos siguen elevados y dispuestos a continuar con la ola descalificatoria iniciada desde hace meses, buscando minar al adversario. Los gritos y sombrerazos siguen a la orden del día, por lo que los representantes de los partidos políticos mexicanos han firmado el llamado Acuerdo Democrático por la Equidad, la Legalidad y la Gobernabilidad, que surgió de la iniciativa, no de los propios partidos, no de las autoridades electorales, sino del más conocido e influyente comunicador de la televisión y que desde luego, contó con el respaldo del Instituto Federal Electoral y cuya finalidad en términos generales es concluir la fiesta en paz.
Los temas de dicho acuerdo se refieren en primer término a las reglas sobre la competencia electoral, así como al reconocimiento de los organismos electorales como la autoridad a quien compete la conducción del proceso electoral. El acuerdo exige a los titulares de los ejecutivos tanto federal, como de los estados y municipios, así como de la capital del país, la no intervención en el proceso. Compromete a los firmantes a la aceptación de los resultados electorales con base en la legalidad y el voto ciudadano.
Tal vez conociendo la proclividad verborreica del presidente mexicano, los firmantes demandan a éste asuma el compromiso de no declarar ganador alguno de la contienda electoral. En el mismo acuerdo, solicitan al Instituto Federal Electoral una auditoría para verificar la confiabilidad del padrón electoral, del sistema del Programa de Resultados Preliminares y de su programa de conteo rápido. Estos últimos puntos, se han exigido en virtud a las relaciones encontradas entre las empresas del cuñado del candidato del partido blanquiazul y el Instituto Electoral, lo que ha generado cierta desconfianza entre los demás representantes políticos.
El dichoso acuerdo se supone es un pacto de no agresión y de acatamiento de normas, de resultados, de autoridades, en virtud a que según se dijo en el preámbulo «es indispensable reencauzar el proceso electoral, distender el ambiente existente y superar las condiciones de polarización que prevalecen en la campaña presidencial». Sin embargo, en la propia firma del pacto las hostilidades se abrieron por parte del presidente de Acción Nacional, a quien tarde se le hacía para dejárseles ir -en el discurso desde luego- a los priístas y perredistas. No fue muy lejos por la respuesta que prontamente le dieron los dirigentes de los partidos atacados.
Por su parte el consejero presidente del Instituto Federal Electoral, volvió a dar las seguridades de que esa institución «seguirá siendo la garantía de que los ciudadanos elegirán libremente a sus gobernantes en unas elecciones limpias y transparentes».
Es loable la iniciativa de llevar a cabo dicho acuerdo, independientemente de quien lo haya propiciado, pero es una lástima que no se haya dado antes de que el presidente de la República realizara labores de proselitismo por el candidato de su partido y descalificara a los demás candidatos, antes o al inicio de la intensa guerra sucia desatada por el partido en el poder, antes de que las campañas electorales se convirtieran en verdaderas batallas descalificatorias, antes de la polarización electoral, de los enconos, de los insultos. En fin, no está demás el famoso acuerdo, ojalá sea llevado a la práctica y nos permita a los ciudadanos concluir la fiesta en paz.