Opinión

MORELIA
Dudas contra certezas
Durante el camino hacia las elecciones existieron muchas anomalías, la mayoría de ellas operadas desde la casa presidencial, apoyada por grandes empresarios
Gilberto Vivanco González Viernes 14 de Julio de 2006
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Verdad del osito Bimbo, si no que me castigue Marinela, que por un tiempo pensábamos no hablar de campañas políticas, de la contienda pre-
sidencial, ni del sin fin de promesas que hacen los candidatos para lavarnos el coco… de nada de eso. La intención era desintoxicar al bombardeado lector, pero dadas las condiciones y las broncas postelectorales Vivilladas no tiene más remedio que agarrar al toro por los cuernos o lo que es lo mismo… las casillas por las actas.
Desde antes del 2 de julio, con todo y el retrasado pacto de civilidad, las cosas pintaban color de hormiga porque las condiciones para los candidatos no eran equitativas; algo merodeaba en el ambiente que hacía dudar de la limpieza del proceso. Como que el escenario estaba listo, no para un reality show, sino para una obra de teatro con tintes melodramáticos.
El clima se teñía enrarecido, se percibía un ambiente poco sano para un proceso político que nació más contaminado que el Lago de Pátzcuaro, es decir, cuando se nombraron a los consejeros del IFE fue casi en lo oscurito entre el Partido Acción Nacional y el Revolucionario Institucional, teniendo como consejero presidente a Luis Carlos Ugalde, nada mas ni nada menos que cuatacho del Hijo Desobediente, quien le sirvió de testigo en su fugaz matrimonio, el cual para lo único que le sirvió a Carlitos, fue para recibir una compensación por parte de la dependencia de 250 mil pesotes.
Después vinieron los spots publicitarios que cañonearon al televidente y al radio escucha por parte de la Presidencia de la República, al grado que, demasiado tarde, le pusieron freno a Vicente Fox. Posterior a ello siguieron las campañas de descalificación para López Obrador: que si era más peligroso que un gasoducto de Pemex, que si era compadre de Fidel Castro y hermano mellizo de Hugo Chávez, que si era más comunista que Lenin y más revoltoso que el Moch, y una sarta de mentiras que repetidas constantemente parecieron convertirse en verdades.
Otros detalles de vacilación eran el padrón electoral, las famosas actas para votar que no llegaron completas a su destino, sobre todo en lugares poco afines al blanquiazul, y desde luego el Programa de Resultados Electorales Preliminares, en donde nunca se aclaró, o al menos siempre existió la incógnita, si en verdad quienes lo diseñaron tenían nexos con las empresas del cuñado incómodo o era puro cuento como el país de las maravillas que pinta el destacado novelista, amigo entrañable Jorge Luis «Borgues», Chente Fox.
Las cosas no caminaban bien ni para el partido tricolor: la amistad y acuerdos en lo cortito de Elba Esther Gordillo con la pareja de Los Pinos dejaban más dudas que el planteamiento técnico de Lavolpe en el Mundial de Futbol; sobre todo cuando esta señora manipula ciertas corrientes magisteriales, forma minipartidos con la intención de restarle votos al PRI y tuvo el descaro de llamar a varios gobernadores para que apoyaran al emperador Felipe I de la Antigua Valladolid.
Una zancadilla más para el maltrecho Revolucionario Institucional, que aquí entre nos también solito se hizo el harakiri cuando le sacaron sus trapitos al ex gobernador Arturo Montiel, fue el auto de formal prisión al ex presidente Luis Echeverría por la matanza estudiantil del 68, poco antes de las elecciones; el asunto no quedó ahí, casualmente una vez terminada la jornada electoral un juez, según por falta de pruebas y por una serie de argumentos, lo deja en libertad como si nada hubiese pasado, fraguándose así una treta más del gobierno federal que salió más bravo que el perro de la Tía Cleta.
Siendo honestos, durante el camino hacia las elecciones existieron muchas anomalías, la mayoría de ellas operadas desde la casa presidencial, apoyada por grandes empresarios entre los cuales contamos a los dueños de Televisa, cuyos noticieros y programas de análisis político ponían como la Bella a Felipe Calderón y como la Bestia al despeinado del Peje.
Ahora bien, a la hora del cómputo, de la relación final de resultados y al momento de revisar ciertas casillas y distritos, de nuevo la casualidad hace su aparición: en todos los casos hay cientos de votos no contados a favor de Andrés Manuel y de los candidatos de la alianza «Por el bien de todos», en cambio se encuentran cantidades de sufragios inflados que favorecen a Calderón. Si en Michoacán, bastión del perredismo, son innumerables los casos, podemos imaginarnos las tranzas realizadas en otras entidades.
Por todo lo anterior y con el propósito de dar certidumbre a un mar de dudas, era obvio que existirían impugnaciones por parte del tabasqueño. Era lógico que a ojos cerrados no admitiera los resultados, esto a nadie debe espantar; y si la confianza puede lograrse revisando casilla por casilla sería más que conveniente y un acto de buena fe así realizarlo. Lo peor que pudiese pasar sería que ratificaran el triunfo de Felipe y le quitaran todo el plumaje al otrora gallito feliz. «Contar voto por voto es algo así como el chivo brincado… chivo pagado. Así no hay tranza». ¿Usted lo cree conveniente?
En el Tribunal… la última palabra
La cosa es muy simple: tiene que buscarse y encontrarse el mecanismo para que el pueblo de México esté seguro de que su próximo presidente llegue con todos los argumentos legales. No debe preocupar que la coalición de izquierda haya escogido el camino de la legalidad recurriendo al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), será esta dependencia quien finalmente dictamine si proceden o no cada una de las inconformidades, le corresponde a esta instancia decir si son válidos los argumentos presentados y no a los gritos en manifestaciones ni en las marchas, tampoco les toca decidir a los empresarios, a los analistas, ni mucho menos al clero que anda metiendo su cuchara invitando a los feligreses a no participar en las protestas postelectorales so pena de casi ser excomulgados.
Finalmente, en tanto no haya un dictamen del Tribunal Electoral no caben las declaraciones del monseñor Carlos Abascal diciendo que Calderón es presidente aunque ahora se retracte, no caben las felicitaciones por parte de gobiernos conservadores extranjeros y mucho menos es correcto que el soberbio de Calderón ande realizando funciones de mandatario electo cuando el resultado oficial aún está en veremos. «Es algo así como sentarse al banquete cuando apenas el caldo se está cocinando… algo así como ir a comulgar… sin estar plenamente confesado».