Opinión

MORELIA
Repercusiones
Juárez: Sublime necedad
Andrés Manuel tiene ahora la más alta responsabilidad de encabezar y continuar con la exigencia, también nacional, de que se cuenten los votos uno por uno
Samuel Maldonado B. Martes 18 de Julio de 2006
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Andrés Manuel López Obrador seguramente es un enamorado de Don Benito Juárez, de su vida, de su obra. Pensamiento y acciones del Benemérito, sin lugar a dudas, son elementos constantes en el accionar del tabasqueño. Por eso no es de extrañar que la sublime necedad del primero sea seguida con igual pasión por el segundo. Juárez, llamado también El Impasible, por su aparente indiferencia ante los sufrimientos físicos y morales tenidos (estos últimos por la pérdida temprana de sus hijos y esposa principalmente) parecían no hacer mella en él y más bien, creo, lo impulsaban a continuar en la defensa de los principios constitucionales, en el restablecimiento del orden social y en el reconocimiento de la legalidad.

El Impasible era de una voluntad férrea, de una humildad increíble. Ante la pregunta de don Juan Álvarez del porqué no le había dicho que él había sido gobernador de Oaxaca, Juárez contestó: ¿Para qué, qué tiene de particular? Con una fe inquebrantable y una constancia de la que no hay duda, prefería sucumbir antes que ceder a las presiones para romper sus principios o cejar ante las injusticias. («Cuando consideraba en conciencia que estaba obligado a actuar de una forma determinada, no había poder humano que lo hiciera cambiar de opinión; ningún obstáculo, ningún peligro, le arredraba». José Ma. Iglesias).

Juárez es el primer gobernante que, a pesar de obligarlo el protocolo de la época, no asiste al tedéum ni a ninguna ceremonia eclesiástica y prefiere protestar solamente ante los representantes del Estado. Fue el primer gobernante que supo separar las funciones públicas de las religiosas, sin dejar de ser católico (el 21 de junio de 68, Juárez contesta a un amigo: Hasta ayer he visto la grata de usted en la que me dice lo represente en el acto del bautismo del niño del señor gobernador y en contestación le diré que tendré mucho gusto en representarlo). El presidente Comonfort, tratando de fortalecer su gobierno y conociendo de la rectitud, honorabilidad y prestigio que tenía, le ofrece al oaxaqueño el Ministerio de Gobernación. Comonfort logra la aceptación del ofrecimiento y poco después se reelige y Juárez, a su vez, es electo como presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y, prácticamente, por así señalarlo la Constitución de 1857, se torna en virtual vicepresidente del país. Comonfort traiciona principios y desconoce la Constitución del 57. El Congreso desconoce a Comonfort, Juárez acude a Palacio Nacional, la guardia lo toma preso y Manuel Payno se encarga de su custodia con el pretexto de protegerlo. Finalmente el 11 de enero sale en libertad y poco después un grupo de gobernadores encabezado por el de Jalisco, Anastasio Parrodi, reconocen al presidente de la Suprema Corte de Justicia como presidente de México. A partir de este momento. Juárez comienza su peregrinar por toda la República llevando en sus manos la bandera de la Independencia, sin dejarse amedrentar por la República más poderosa del mundo, defendiendo estoicamente los principios constitucionales y emprendiendo la lucha en contra de la intervención francesa.

No fue nada fácil la vida para Juárez como no lo ha sido para Andrés Manuel López Obrador. Con los antecedentes de 1988, en donde el abuso de los poderes para perpetuar un sistema político prostituido y en decadencia le robó las elecciones no sólo a Cuauhtémoc Cárdenas sino al pueblo entero, Andrés Manuel tiene ahora la más alta responsabilidad de encabezar y continuar con la exigencia, también nacional, de que se cuenten los votos uno por uno.

En su camino a la Presidencia de México y por defender los interese del Distrito Federal estuvo a punto de que lo desaforaran. Dos de los poderes más conservadores de la nación quisieron desconocer sus derechos constitucionales y eliminarlo de la participación como candidato presidencial. Su obstinación y su necedad lograron finalmente su reconocimiento como candidato.

La gente de derecha, los conservadores de siempre, le temen a Andrés Manuel, sólo por el desconocimiento de la vida de Juárez. Si leyeran a éste, advertirían de la honestidad de Benito Juárez, de su supremo respeto que tenía de las leyes y de los principios.

Andrés, como lo fue Juárez en su tiempo, está consciente de que el tiempo en que las cosas se resolvían por medios violentos ha pasado y que la aplicación de las leyes son las herramientas más útiles para resolver las controversias. Por eso, si se revisa voto por voto y éste no le es favorable, a pesar de la inequidad del proceso electoral, no llamará a más manifestaciones y se preparará para luchar por la vía democrática, para que los principios se reconozcan y eviten ser violados como hasta la fecha con frecuencia sucede.

Los «hombres del dinero» deben dejar de tenerle miedo a Andrés Manuel. En una carta firmada, Juárez le señala a un amigo lo siguiente: «Así es que no queda otro arbitrio que acatar las resoluciones del Congreso, esperando del patriotismo y prudencia de sus ministros no menos que de su energía para que eviten con sus medidas el falseamiento de las instituciones democráticas que hemos conquistado. Si la Legislatura como es de esperarse obra en este sentido, el país seguirá marchando por la senda de la libertad y el orden».

Las leyes por sí solas no impulsarán la democracia en México; será muy importante e imprescindible la participación de los hombres y mujeres para hacer que las autoridades las apliquen y las respeten. Por eso son importantes las movilizaciones de los ciudadanos, y por eso deben continuar hasta que el conteo voto por voto nos marque el camino a seguir.