Opinión

MORELIA
Intolerancia
Ante las manifestaciones públicas de inconformidad electoral, se renuevan los ataques, las descalificaciones de comunicadores y columnistas que en la misma línea azul, atacan y agreden a los inconformes de la coalición
Columba Arias Solís Viernes 4 de Agosto de 2006
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El gobierno popular y democrático se funda en la igualdad de los hombres, se manifiesta por su libertad, se consuma y perfecciona por la fraternidad.
Ponciano Arriaga
Un sistema democrático tiene entre sus características indispensables el respeto ante las distintas formas de pensar, de expresar y de organizarse que así decidan las agrupaciones políticas y los individuos en general. Durante mucho tiempo la sociedad mexicana ha aspirado y buscado alcanzar ese nivel donde la pluralidad más diversa pudiera expresarse –no solamente en asuntos políticos- para lograr una mejor convivencia entre sus distintos componentes. Sin embargo cuando pensamos que logramos avanzar en esos afanes, llegan las acciones de personas o grupos que nos hacen ubicarnos en la realidad de que seguimos viviendo bajo la égida de un sistema donde ciertos sectores no han evolucionado y siguen conservando las más profunda intolerancia hacia quienes piensan, se organizan y se manifiestan en forma diferente, y esa intolerancia se traduce en racismo, discriminación, inequidad y violencia.
La tolerancia, nos definen los diccionarios, es la indulgencia, respeto y consideración hacia las maneras de pensar, de actuar y sentir de los demás. Pues bien, cuando más a prueba se ponen esos valores que la componen, suelen ser en los tiempos electorales, en el tiempo que corre desde el primer momento del proceso electoral, hasta su culminación. Es entonces cuando podemos darnos cuenta que al calor de las contiendas políticas, suele salir a flote el profundo conservadurismo que todavía se encuentra latente en ciudadanos y agrupaciones políticas y que se traduce en el menosprecio a las ideas y organizaciones de los demás, en la descalificación y la injuria y hasta en actitudes discriminatorias por condiciones de pobreza.
En los diferentes momentos del proceso electoral que todavía no concluye, han habido muestras muy claras de que la conciencia de muchos mexicanos sigue atada a los prejuicios del pasado, profundamente anclados en el autoritarismo heredado y muy lejanos a los ideales que inspiraran a los constituyentes mexicanos para plasmar en la Carta Magna que nos rige conceptos como libertad, igualdad y democracia. La democracia, siempre como una aspiración de encontrar en ella la forma más justa de gobierno.
En estos los tiempos de la transición, el terreno de las intolerancias fue abonado por un presidente que hizo de la confrontación un panorama habitual en el campo político, con el Congreso, con otros partidos y hasta con otros gobiernos, desperdiciando la valiosa oportunidad de encabezar un verdadero gobierno de transición que consolidara el régimen democrático.
Así, a lo largo de las campañas políticas prevalecieron las actitudes que dejaron a un lado el respeto y la consideración hacia las diferencias obvias y manifiestas en los demás grupos y candidatos contendientes, actitudes que no solamente provinieron de los iniciadores de la guerra sucia, sino que fueron reforzados por todo el poderoso aparato mediático que como en otros tiempos, siguen siendo soldados del presidente, a las órdenes del sistema y con todas sus baterías enfocadas hacia la oposición. La ética profesional se tambalea y desaparece ante los cañonazos económicos.
Hoy, ante las manifestaciones públicas de inconformidad electoral, se renuevan los ataques mediáticos y el bombardeo con los anuncios televisivos, las descalificaciones de comunicadores y columnistas que en la misma línea azul, atacan y agreden a los inconformes de la coalición. Los epítetos usados tanto por los voceros del blanquiazul como por algunos que se asumen analistas en las columnas periodísticas, no se agotan: desquiciados, enfermos de poder, locos, delincuentes, ignorantes, agresores, transgresores, manipuladores, tiranos, inadaptados, esquizofrénicos y otros más por el mismo estilo, son endilgados a los simpatizantes y candidato de la coalición, sin duda en una muestra de los valores de tolerancia de quienes se asumen como las buenas conciencias, la gente bien de la política.
Por si fuera poco, las notas y declaraciones agresivas de los múltiples voceros oficiales han trascendido y cundido ejemplo entre su militancia. Así, varios casos se han dado, incluso en esta capital, donde quienes portan en sus vehículos la exigencia del voto por voto, han sido agredidos con palabras altisonantes desde lujosos vehículos donde sus casi siempre jóvenes conductores, después del insulto, se dan a la fuga en sus potentes máquinas, satisfechos de sus intolerantes frases donde impera el «pinches nacos muertos de hambre». ¿Dónde está entonces la tolerancia inherente a los sistemas democráticos? ¿Dónde quedan la indulgencia, el respeto y la consideración hacia las maneras de pensar, de actuar y sentir de los demás?
No es con insultos, descalificaciones y bajezas de ningún grupo, de ningún partido, como puede aspirarse a gobernar y a conciliar los intereses de las mayorías. No son las ofensas a los candidatos y a sus seguidores, no son las andanadas mediáticas contra los inconformes, el mejor camino para atenuar los enconos y las diferencias.
¿Cómo gobernarían estos adoradores de la intolerancia, si acaso el Tribunal Electoral federal decidiera el triunfo a su favor?
Por último
Señalábamos en la pasada colaboración que aun si el Tribunal Electoral rechazaba el recuento de votos, los ciudadanos podrían hacerlo vía la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública. Bueno, la revista Proceso ha solicitado formalmente ante las instancias respectivas, acceder a la paquetería electoral, desde luego una vez transcurridos los plazos que la propia ley señala. Ahora, o más tarde, los votos se volverán a contar.