Opinión

MORELIA
Lo importante es matar
Desde hace tiempo Israel se ha dedicado a asesinar a palestinos sin que ningún gobierno o casi ninguno le reclame su permanente terrorismo
Juan Pérez Medina Jueves 10 de Agosto de 2006
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El escritor uruguayo Eduardo Galeano escribió un día después de la barbarie de Caná, donde Jesús convirtió el agua en vino para celebrar el amor
humano, que el odio humano despedazaba a más de 30 niños en un largo y cruento bombardeo, y luego afirmaba: como de costumbre, dicen que fue un error. ¿Hasta cuándo los horrores se seguirán llamando errores?
Robert Fisk, corresponsal del diario La Jornada, describió el hecho de esta manera: «Algunas mujeres abrazaron a sus hijos para protegerles de la muerte. Pero esta última protección irrisoria no bastó a los niños de Caná, este pueblo del sur de Líbano en el que un bombardeo israelí ya mató, hace diez años, a un centenar de civiles. Ayer hubo 54 muertos, de los que al menos 27 eran críos.
Esta estúpida guerra que asesina a civiles tuvo como pretexto el secuestro de un soldado israelí. Desde la salvaje incursión al Líbano, el 12 de julio pasado, los ataques israelíes han causado al menos mil 64 muertos y tres mil 493 heridos, según un balance de AFP con base en fuentes oficiales. De éstos, más de 700 son civiles y cerca de 30 por ciento son menores de quince años. Por parte de Israel, las cifras ya alcanzan los 101 muertos entre soldados y civiles.
Cuando Estados Unidos atacó Panamá buscando detener al agente de la CIA y presidente de ese país de apellido Noriega, lo hizo tomando como blanco los barrios populares de la ciudad de Panamá, que estaban muy lejos del lugar en donde este personaje se encontraba, precisamente muy cerca de la guarnición destacada en el Canal de Panamá que tiene en ese país Estados Unidos. Por esta acción, cientos de civiles inocentes perdieron la vida. Más cercano en el tiempo, Estados Unidos toma la decisión de invadir Afganistán para detener a Bin Laden, ex socio de Bush padre, a quien se le acusa aún hoy de haber ordenado y dirigido la operación terrorista que destruyó las Torres Gemelas en Nueva York, en donde por cierto murieron también cientos de personas civiles. ¿Cómo olvidar los falsos argumentos que se esgrimieron por Estados Unidos e Inglaterra para atacar al gobierno y pueblo de Iraq, que hasta hoy día sigue costando muertos cotidianos en nombre de la democracia y la paz?
Desde hace tiempo Israel se ha dedicado a asesinar a palestinos sin que ningún gobierno o casi ninguno le reclame su permanente terrorismo. Existen 46 resoluciones de la ONU en contra de Israel que nunca se han aplicado. Cuando la ONU ha levantado la voz para obligar a Israel a que cese su carnicería, Estados Unidos sale en su defensa y veta cualquier acción diplomática en su contra. Nunca se ha planteado siquiera la posibilidad de aplicarle sanciones como se ha hecho con otros países cuando una resolución de la ONU no se acata. La ONU cada vez es menos la ONU, ya que sólo actúa bajo la égida criminal de los Estados Unidos, siendo cómplice de éste y responsable del genocidio israelí y de sus ambiciones expansionistas.
Son estadounidenses las armas y las bombas que Israel ha venido lanzando en contra de la población del Líbano y las que ha utilizado permanentemente desde hace años en contra del pueblo palestino. Precisamente, el misil que mató a todos esos niños vino de Estados Unidos. Sus creadores lo califican de «probado para combate», ya que destruyó todo el edificio de tres pisos en el que vivían las familias Shalhoub y Hashim. Se habían refugiado de un enorme bombardeo israelí en el sótano, y allí fue donde la mayoría murió.
Estados Unidos, primer país en materia de gastos militares y hasta hace poco primer país exportador de armas en el mundo, necesita desde el fin de la Guerra Fría crearse nuevos «enemigos» para dar salida a su producción de armamento y mantener una industria floreciente que emplea a decenas de miles de estadounidenses y enriquece a los accionistas y dirigentes de las multinacionales de armamento cada vez más concentradas en manos de unos pocos.
Israel, que sigue de cerca a Estados Unidos en materia de ingeniería militar mortífera, se beneficia ampliamente de este boom de la industria del armamento, principal fuente de divisas de este pequeño país sin petróleo pero con mil y un traficantes de armas de todo tipo.
En 2005 los gastos militares ascendieron a cerca de 1.81 trillones de dólares. Estados Unidos es responsable de 80 por ciento del aumento de gastos militares en 2005, y los gastos del gobierno estadounidense representan aproximadamente 50 por ciento de los gastos militares totales de todo el planeta.
Estados Unidos es el país donde los gastos por habitante son más elevados, con mil 604 dólares, seguido de Israel con mil 430 dólares por habitante.
Un informe de Amnistía Internacional publicado a principios de mayo referente a la industria del armamento menciona a Israel como uno de los principales fabricantes y vendedores de armas del mundo. Los Estados Unidos e Israel son de los principales auspiciadotes de la violencia en el mundo. Su extraordinaria y espeluznante máquina de matar que es su industria bélica requiere por fuerza que haya guerras. Su bonanza se explica por las guerras de los últimos años: Los Balcanes, Afganistán, Iraq, Palestina y ahora el Líbano. Matar no importa, como no importa que los muertos sean niños o mujeres. Lo importante es matar. Lo aún más importante es matar para desterrar a los anti-judíos, de la misma manera que los alemanes mataban judíos en la Segunda Guerra Mundial, lo importante es matar para ocupar territorios que no les pertenecen. Matar, por lo visto a pesar de todo, contra toda lógica humana, matar tan horrendamente como ahora lo están haciendo, matar a pesar de todos nosotros, matar a pesar de la ONU. Matar en nombre de todos nosotros, en nombre de la civilización occidental.