Opinión

MORELIA
Responsabilidades
Los años de lucha invertidos en la construcción de estadios democráticos están en riesgo de perderse, porque mientras los integrantes de las instituciones responsables de garantizar que los procesos se realicen con libertad, equidad e imparcialidad, incumplan o eludan sus responsabilidades, la lucha política volverá a las plazas y a las calles
Columba Arias Solís Viernes 25 de Agosto de 2006
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Sin duda alguna, si este proceso electoral se hubiera llevado escrupulosamente por todos quienes en él intervinieron, pero en especial por au-
toridades electorales y de gobierno, seguramente las actitudes y consecuencias serían absolutamente diferentes, es decir, más parecidas a las observadas hace seis años cuando ante la alegría de muchos y el desagrado de otros tantos, Vicente Fox se alzó con el triunfo presidencial, mismo que fue claro y jamás puesto en duda, en parte precisamente por la actitud de mesura y respeto observadas por el entonces jefe del Ejecutivo federal, Ernesto Zedillo, el que a pesar de los comentarios descalificatorios y peyorativos que el entonces candidato Fox le lanzara, jamás se le encontró haciendo campaña por el representante de su partido y su comportamiento fue institucional y de respeto a la investidura que detentaba.
De igual modo, los personajes que integraban el órgano electoral federal mantuvieron un manejo escrupuloso e imparcial a lo largo de la preparación y realización de la elección y hasta la conclusión del proceso electoral, lo que sin duda permitió llevar a buen puerto la nave electoral, evitando las inconformidades y los conflictos posteriores.
La responsabilidad y el profesionalismo de los consejeros que formaron parte del Instituto Federal Electoral en aquellas emblemáticas elecciones del año 2000, fortalecieron a la institución electoral otorgándole la confianza de los ciudadanos, brindándoles la certeza de que a partir de entonces habría seguridad, transparencia y respeto a la decisión ciudadana.
Con esas seguridades adquiridas por el comportamiento de aquellos funcionarios electorales, los ciudadanos esperaban y confiaban en que el nuevo equipo a cargo del órgano electoral, realizaría un trabajo similar y el proceso electoral tendría lugar con escasos contratiempos. Sin embargo –parafraseando al poeta- aquellos los de antes ya no eran los mismos.
Desde el momento mismo de la integración de quienes fungirían como consejeros electorales, su designación estuvo a cargo de los partidos Acción Nacional y Revolucionario Institucional, quienes decidieron dejar de lado las propuestas tanto del PRD como de algunas organizaciones de la llamada sociedad civil y en lugar de consensuar, decidieron sumar fuerzas e imponer a los candidatos recomendados por algunos de sus más influyentes liderazgos.
A pesar del origen de los nuevos miembros del organismo electoral, los ciudadanos otorgaron el voto de confianza a la institución ya calada en las lides electorales, sin embargo, como escribiera Lorenzo Meyer, la ingenuidad democrática duró pocos años. La actitud de los consejeros electorales durante el desarrollo de las campañas, al término de la jornada comicial y posteriormente dañó profundamente esa confianza que con esfuerzo, dedicación y profesionalismo habían ganado los anteriores integrantes de ese cuerpo colegiado electoral.
Por encima de las costosas campañas publicitarias para dejar en el imaginario ciudadano que las cosas se hicieron perfectas por parte del IFE, lo cierto es que y por decir lo menos, la conducta omisa de los consejeros ante las violaciones a las disposiciones del Código Federal Electoral por parte de ciertos candidatos y partidos, contribuyó a enrarecer y a crispar los ánimos políticos. Sin duda, tendrán que rendir cuentas sobre la responsabilidad que eludieron al observar una conducta parcial y sorda a los reclamos.
A lo largo de la etapa postelectoral la inmensa mayoría de las críticas virulentas, denostatorias y peyorativas, son destinadas al candidato de la coalición y a quienes los respaldan por las acciones emprendidas para manifestar su inconformidad electoral. El rasgar de vestiduras y las condenas se suceden en cada espacio de comunicación, donde no hay análisis serio de situaciones y actitudes, sino solamente la descalificación absoluta, muchas de las veces interesada y oficialista o por lo menos simplista y parcial que pretende endosar a la coalición y a su candidato de todas las responsabilidades en el álgido clima postelectoral.
En el proceso electoral que no concluye, guste o no a los voceros oficialistas que se diga, hubo inequidad, imparcialidad, omisión ante las violaciones de la ley por parte de quienes estaban obligados a respetarla y por ende, muchos incurrieron en responsabilidades que forzosa o forzadamente tendrán que asumir. El principal de ellos, el presidente, que como escribiera Riva Palacio «debería haber sido de todos los mexicanos y no lo fue». El presidente que «destinado para construir, demolió. Él, quien debía haber creado las condiciones para que el fin de su sexenio fuera un refrendo de la democracia, cimentó las necesarias para derruirlas».
Quienes tampoco pueden seguir eludiendo la responsabilidad que tienen en la agudización del clima o de la situación crítica que se vive, son las organizaciones empresariales que fuera de las funciones que se supone tienen que ver con la organización y defensa de los intereses de sus agremiados, actuaron como parte de un instituto político y se sumaron al ataque del candidato de la coalición. Al respecto, vale señalar que nunca se hizo del conocimiento público alguna convocatoria a los miembros de esas organizaciones para discutir las posiciones, así como la decisión de tomar partido y atacar al candidato opositor, lo que supone que la directiva empresarial tomó por sí sola esa determinación, saliéndose de sus funciones y por cierto, son precisamente estos empresarios quienes ahora se quejan y exigen el uso de la fuerza para resolver el conflicto al que también ellos contribuyeron a generar.
Luego entonces, a pesar del manejo maniqueo de las culpas, son muchos los responsables de la generación del clima de encono, de confrontación y de protesta que hoy se vive. Los años de lucha invertidos en la construcción de estadios democráticos están en riesgo de perderse, porque mientras los integrantes de las instituciones responsables de garantizar que los procesos se realicen con libertad, equidad e imparcialidad, incumplan o eludan sus responsabilidades, la lucha política volverá a las plazas y a las calles.