Opinión

MORELIA
¡A organizar la resistencia y el cambio verdadero!
AMLO luchó contra el poder político, económico y mediático, pero no ha sido suficiente
Juan Pérez Medina Jueves 31 de Agosto de 2006
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Tal y como lo aseguraron el 99.9 por ciento de los medios de comunicación del país, el TEPJF descartó las evidencias múltiples y el reclamo de mi-
llones de mexicanos y dio el triunfo a Fecal en el conteo de los votos de la elección del 2 de julio pasado. Nada ha podido contener la embestida de la derecha que desde 2004 se ha visto descarnada en contra de la posibilidad de que AMLO sea el presidente de los mexicanos. Con ello, el país se ha colocado en una situación compleja y difícil, que puede acabar en la confrontación.
Sin duda, la parte que sigue en esta dura lucha por parte de la derecha es la de justificar el uso de la represión en contra de los millones de personas que se niegan a aceptar la imposición de los resultados electorales y, por consecuencia, del presidente en turno. En el «cara a cara» en que se encuentra el país, una provocación bien montada puede desatar una catástrofe de incalculables consecuencias. A ello le apuesta la derecha panista y oligárquica y sus aliados de siempre: el PRI, el Verde y sus secuaces del Panal como ya se vio en el Congreso.
Los locutores de todos los noticiarios de radio y televisión ya están en acción, destacando una serie de calumnias en contra de la actitud férrea y firme de AMLO y el pueblo que no esperaban y, mucho menos, no consideraban que fuera de tal magnitud. ¡Es un desquiciado! gritan, ¡está enfermo de poder! atestiguan, ¡es un maniático! vociferan, tratando de convencer al auditorio de que debe dar la espalda a lo que denuncia y propone. Detrás de todos ellos, los verdaderos ganadores de la elección se soban las manos, atizando a la situación. Saben que en ello está en juego su privilegio de mandar en este país.
AMLO ha sido, como siempre, fiel a sus convicciones y a sus ideales, jugó en el terreno en donde era poco probable ganar, jugó contra todas las cosas, contra el poder político y, sobre todo contra el poder económico y mediático. Jugó con la única arma que tiene aún, que es la de la esperanza. Pero no fue suficiente. Nada más estaba de su lado. El poder se impuso... hasta ahora.
Jugó contra la Ley Televisa, contra la ley de apertura de casinos, contra los interesados en la explotación del petróleo, el gas, la energía eléctrica y el agua. Jugó contra los dueños de los grandes negocios, contra los banqueros y sus grandes intereses, contra los evasores de impuestos y contra la permanente trampa. Jugó contra el miedo de los temerosos a perder nada o casi nada, de los pusilánimes y los que cegados por la «modernidad» se han quedado a vivir en la realidad virtual de las grandes marquesinas. Jugó contra eso y más, sobre todo si atendemos (y habría que hacerlo) a las palabras del historiador norteamericano James Cockroft, acerca de que quien en realidad estuvo detrás de la campaña sucia en contra de AMLO fue la derecha estadounidense y en particular el ex embajador John Negroponte, el jefe de los grupos de inteligencia de ese país. En unas palabras: jugó contra los explotadores. Como él lo dijo cientos de veces: contra los más ricos.
Pero AMLO se mantiene; y lo hace fincando su posición en la historia misma, aprendiendo de ella y atendiendo a la voz del pueblo. Así ha sido hasta hoy y así debe ser en adelante. Se mantiene basado en la Constitución del país que menciona que es en el pueblo en donde radica la soberanía y que es éste el único que puede cambiar su forma de gobierno.
Sabe que jugó en gran desventaja, que era difícil de ganar pero sabía que era necesario demostrar que el juego democrático estaba acotado, limitado, definido de antemano. Que era necesario darnos cuenta de que había que ir más allá. Que sólo de otra manera se podría llegar a la otra orilla. Por eso ha declarado que para que impere la democracia es necesario que se transformen profundamente las instituciones del país. De ahí la convocatoria a la realización de la Convención Nacional Democrática (CND) el 16 de septiembre próximo, en el corazón del país. Para organizar la resistencia de lo inmediato y prefigurar lo que será la República del futuro próximo.
Que no cante victoria la derecha, porque en este asunto tan importante aún no se dice la última palabra. Es más, la última palabra está todavía con nosotros y no la hemos enunciado todavía. Los que se confunden con las palabras de los mediatizadotes sufrirán aún más las consecuencias de su lastimosa actitud. Ahora mismo, cientos de jóvenes no alcanzan un lugar en las escuelas. Muchas instituciones no cuentan con recursos para atender sus necesidades prioritarias, mucho menos para fortalecer su infraestructura y poder atender la demanda y la obligación constitucional de brindar educación.
Debemos acompañar la resistencia civil y apostar por el cambio. La CND es el espacio natural para luchar por él y AMLO el dirigente de ella. Los que hoy se han aliado para seguir usufructuando los recursos nacionales y el esfuerzo de millones de mexicanos no van a encontrar manera de detener la resistencia y finalmente, la victoria será de todos. No existen indicios de lo contrario, al menos que optemos por vivir de rodillas, lo que la verdad no creo.