Opinión

MORELIA
Repercusiones
Corrupción política
En los procesos electorales recientes hemos visto otra forma de corrupción, promocionada ésta por las principales empresas de información, que cobran no sólo por lo que informan, sino más por la desinformación que generan
Samuel Maldonado B. Martes 17 de Octubre de 2006
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La semana pasada escribíamos en este mismo espacio sobre «Realidad y utopía», haciendo énfasis en la corrupción política que se ha extendido en todos los sectores de la vida nacional. Grave ha sido para las instituciones del gobierno y, desde luego, para los ciudadanos en lo general, los resultados tenidos por efecto de este fenómeno que se ha convertido en un fuerte lastre que impide un desarrollo socialmente justo, más armónico y que amenaza con el desencadenamiento de sucesos como los vividos en el Centro de Convenciones de la capital moreliana la semana anterior, que podrán poner en peligro al Estado mexicano.

Son parte de la corrupción política el peculado; la concusión, entendida ésta como el cobro arbitrario realizado por un funcionario público en beneficio propio; el tráfico de influencias; el abuso de información privilegiada y otras más, no menos importante como la prevaricación o el soborno, mismas que han impactado, descompuesto y corrompido a las instituciones de la República y a organizaciones sindicales diversas.

Hoy en día observamos con mucha preocupación cómo sindicatos de trabajadores han pasado de la defensa a ultranza de sus derechos, al acoso de quienes ha hecho de la corrupción su modus vivendi, pero no precisamente para corregir esta lacra de la nación, sino para sobornarlos o chantajearlos, buscando beneficios directos para los dirigentes y no para las masas a las que dicen representar.

Los dirigentes de estas organizaciones (vg, de maestros, siderúrgicos, etcétera) han aprendido a mentir bien y a utilizar un lenguaje de izquierda con el que simulan la defensa de los intereses nacionales, pero en realidad cometiendo acciones de corte ilegal y hasta criminales. En su anárquica actitud, le atizan a todos por igual, desconociendo sus identificaciones que dicen tener con gobiernos que han emanado de la izquierda, que hacen una política de izquierda pero que a los ojos de estos «dirigentes» no actúan como de izquierda. Poco les interesa realmente el país y los pocos gobiernos democráticos existentes. Dirigen el fuego amigo contra aquellos, que buscando corregir las desviaciones de quienes las cometen, afectan sus intereses mezquinos. Su respuesta a la corrupción gubernamental no es pues la corrección de las desviaciones sino la copia de las acciones gubernamentales que terminan por corromperlos.

El efecto de la corrupción genera a su vez una serie de normas y leyes anticorrupción, de tal suerte que el país se ve inundado por un burocratismo que más complica y obstaculiza la administración pública y generan retraso en la solución de la problemática social, política y económica.

En los procesos electorales recientes hemos visto otra forma de corrupción, promocionada ésta por las principales empresas de información, que cobran no sólo por lo que informan y que difunden, sino más por la «desinformación que generan o de la información que ocultan». Escribir por la paga y pagar para se escriba bien o mal es casi la premisa para los empresarios de las estaciones de radio y televisión, que han sido beneficiados por la corrupción gubernamental por las concesiones recibidas desde luego, con sus escasas excepciones.

En Oaxaca, Michoacán, Estado de México y otros estados de la República, recientemente se han presentado serios problemas sociales que generan a su vez una serie de movilizaciones ciudadanas, principalmente de los sindicatos siderúrgicos y magisteriales ya mencionados. Se entiende que exijan el cumplimiento de sus contratos colectivos cuando los mismos trabajadores cumplieran con sus responsabilidades para las que fueron contratados, pero se da el caso de que precisamente los primeros en violar las reglas de la contratación «son los trabajadores que dan elementos más que suficientes para que los empresarios no cumplan con los suyos y meten en su dinámica a los gobiernos de izquierda en perjuicio no solamente de sus propios intereses sino de los de la ciudadanía en lo general».

Njaim en 1995, describía a la «Corrupción política, no sólo como una acción más o menos consagrada como delictiva sino también como un importante medio de influencia política con manifiestas ventajas respecto de la pura persuasión, por un lado, y la coerción, por el otro».

Las condiciones de deshonestidad política generada por el gobierno han llevado a las organizaciones sociales o sindicales a tratar de reivindicarse frente a los gobiernos en sus manejos de corrupción política; es decir, si ellos (referidos al gobierno) se corrompen, ¿nosotros por qué no?

Lo anterior nos llevaría a preguntar, por ejemplo, a los representantes de los sindicatos, principalmente a los que desgraciadamente su conducta los lleva a estar de moda, si efectivamente estarían dispuestos a llegar a acuerdos para impulsar las políticas anticorrupción que tanto requiere el país.

¿Usted lo cree, estimado lector?