Opinión

MORELIA
El nuevo concepto educativo neoliberal
Las políticas neoliberales implican la entronización del mercado libre por encima de los derechos de todos a los servicios básicos
Juan Pérez Medina Jueves 19 de Octubre de 2006
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«El modo de pensar de la clase dominante es el modo de pensar dominante en cada época. En otras palabras, la clase que detenta el poder material dominante en la sociedad también detenta el poder espiritual. La clase que tiene a su disposición los medios de producción material, tiene a su disposición, por este mismo hecho, los medios de la producción intelectual; de suerte que, de modo similar, el modo de pensar de aquellos a quienes se rehúsan los medios de producción intelectual se hallan sometidos, por eso mismo, a aquella clase dominante. El modo de pensar dominante no es sino la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes: son estas mismas relaciones materiales dominantes, tomadas en la forma de ideas...» Carlos Marx, El Manifiesto Comunista.

Junto con el ajuste realizado a las economías latinoamericanas en la década de los 80, basado fundamentalmente en el desmantelamiento del Estado bienestarista keynesiano y su sustitución por el libre mercado como regulador del proceso social y, sobre todo, como garante del mecanismo de salida de la crisis capitalista, y aun más allá, como la nueva estrategia de acumulación de capital, se desarrollaron, necesariamente, los cambios en el terreno ideológico y cultural cuya tarea era la de legitimar y desarrollar los nuevos mecanismos de explotación y dominio ejercidos por los nuevos centros de poder del capital; lo que implicó que los capitalistas llevaran el nuevo discurso a las masas por todas las vías posibles y, fundamentalmente por las tradicionalmente poderosas: la Iglesia, los medios de comunicación electrónicos y la escuela.

El ajuste de referencia significó la implementación de una serie de medidas drásticas, o para llamarlo de manera más adecuada: terriblemente agresivas; que llevaron a la desregulación del Estado-nación y al dominio sobre los agentes económicos y político-ideológicos desde los centros de poder financieros transnacionales y sus instancias rectoras.

Es en este proceso de ajuste del capital en donde se observa con mayor claridad lo descarnado de la explotación del trabajo y los trabajadores y de la relación de dominio y subordinación de los países del norte desarrollado con respecto a los del sur pobre, reconocidos como consumidores potenciales y, al mismo tiempo, aportantes de recursos naturales básicos y mano de obra barata para la competitividad y la productividad; cuestión que debía contar con un discurso ideológico certero, que no sólo se impusiera a los millones de excluidos por el neoliberalismo, sino que además, lograra que éstos lo hicieran suyo, lo compartieran y llegaran a reconocerlo como adecuado y necesario, incluyendo una alta carga de fatalidad, a fin de empujar su consolidación y desarrollo, intentando disminuir o evitar el conflicto social.

Ante la necesidad de explicar las graves consecuencias del modo de producción y de sus injustas relaciones, cuyas características son la sobreexplotación de los trabajadores, el saqueo indiscriminado de los recursos naturales de los países pobres y el exagerado enriquecimiento de unos cuantos en contrapartida de la enorme pobreza de la gran mayoría de los habitantes del planeta, se creó el discurso neoliberal de interpretación del mundo y sus posibilidades de desarrollo y sustentabilidad. La conformación de este discurso caminó de la mano de la implementación del terrible ajuste estructural capitalista, lo que llevó a realizar profundas modificaciones en el terreno educativo y cultural.

En ese terreno, la educación se transforma para atender las nuevas necesidades teóricas y económicas del libre mercado realizando, por una parte, la justificación ideológica de la implantación del neoliberalismo, y por otra, creando las nuevas formas de organización de la producción y los cuadros científicos y técnicos necesarios.

Si la producción se liberaliza, se globaliza y se concentra en grandes corporativos que están por encima de los estados-naciones, la educación asume también ese rol y se manifiesta como un actividad orientada desde los propios centros de poder supranacionales, que se impone a cada uno de los países; no en balde, los procesos de ajuste en este terreno son tan idénticos para todos los países del orbe, tanto en tiempo como en contenido.

Las grandes líneas ideológicas del neoliberalismo tienen su epicentro en la economía de libre mercado «...como principio fundador, unificador y autorregulador de la sociedad global competitiva», que exige el desmantelamiento del Estado keynesiano y sus organismos políticos y jurídicos regulatorios en todos los órdenes atentando contra los derechos sociales universal e históricamente alcanzados, como el derecho mismo a la educación, que pasa a ser un servicio regulado por el propio mercado y a la cual se puede acceder de acuerdo con las condiciones económicas de los individuos. Significa, en términos más concretos, la reducción casi absoluta «...del papel del Estado en lo correspondiente a las políticas sociales y en la reducción de la esfera pública y consecuentemente de la ampliación de la esfera privada». Con ello, se asume por los neoliberales y sus organismos internacionales (FMI, BM, OCDE) que sin la presencia perturbadora y controladora del Estado la libertad económica es la medida para garantizar las libertades políticas, las individuales y las religiosas. Enfatizan en su fundamentalismo mesiánico, que será el mercado libre, sin regulaciones estatales y mucho menos sociales, el que garantizará la democracia y la libertad, y con ello, la estabilidad y el desarrollo. Nada está garantizado de por sí: ni la educación, ni la seguridad social, ni la salud, ni los derechos laborales; todo funciona regulado por el mercado, en donde, según afirman, todos pueden acceder a los servicios esenciales sin paternalismos, ni estatismos, en un marco de competitividad, eficacia y excelencia, en una sociedad necesariamente estratificada pero nunca autoritaria o totalitaria y jurídicamente igualitaria.