Opinión

MORELIA
Vivilladas
Día de la Revolufox
Con tantas torpezas y cuentos del gobierno federal, hoy de vaqueros, mañana de hadas, ya no sabemos si reír o llorar, ya no entendemos si es por ingenuidad o por incapacidad
Gilberto Vivanco González Viernes 27 de Octubre de 2006
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Fox tiene enormes ganas de terminar su mandato al puro estilo que planteó desde el inicio de su gestión: con un protagonismo poco redituable a
la nación, con un elevado índice de mentiras y con todo el propósito de que la historia sea sólo comunicada en discursos que tienen la intención de acomodar los hechos relevantes según convenga al grupo conservador que ostenta el poder y que tiene en Felipe Calderón su mejor carta para darle continuación.
Nadie olvida que en el afán de quedar bien con los jerarcas católicos y con los bloques ultraderechistas el día que rindió protesta como presidente, lo primero que hizo fue visitar la Basílica de la Virgen de Guadalupe; nadie olvida que en el discurso de la asunción primero se dirigió a su familia que al Congreso de la Unión y nadie olvida que de inmediato se le ocurrió cortar a la mitad el escudo nacional, quedando como muestra de su ego, una «F» de Fox más estilizada que los peinados que usa Loquita Cortés en el programa musical de La Academia.
Hoy, a poco más de un mes de abandonar la residencia oficial, tuvo la azotada de cortar de golpe y porrazo en la Ciudad de México con el desfile conmemorativo de la Revolución, argumentando que los nuevos tiempos así lo exigen (sic) y que es necesario dimensionar sus actos conmemorativos. Peor tontería y peor justificación sólo es posible en el país maravilloso denominado Foxilandia.
Sin necesidad de ser articulista, historiador o político, cada mexicano sabe que la razón se llama Andrés Manuel López Obrador y se apellida presidente legítimo; con la cancelación del desfile quiere a toda costa cerrar los ojos ante la presencia del Peje en la explanada del Zócalo capitalino, quien ese día será ungido por las fuerzas reaccionarias como «Presidente legítimo de todos los mexicanos», bueno al menos eso dicen del tabasqueño, sus múltiples voceros y un montón de líderes sociales que comulgan con su liderazgo.
Al despistado y nervioso portavoz presidencial, Rubén Aguilar Vale-zuela, siempre se le hace bolas el engrudo y en aras de justificar lo injustificable se mete en camisa de once varas cada vez que desea tapar el sol con un dedo. Para la noche del Grito de Independencia juró y perjuró que ese día Chente estaría presente en el Balcón Presidencial ¡y puras habas!, El Señor de las Botas prefirió refugiarse en su estado natal; el pretexto fue otra de las innumerables azotadas: que los servicios de «inteligencia» habían descubierto la presencia de grupos subversivos que causarían serios desmanes y una peligrosa desestabilización en el Zócalo capitalino. Tan ingenuas fueron las excusas que han quedado registradas en el anuario de la Real Nacademia de Foxilandia…
Con tantas torpezas y cuentos, hoy de vaqueros, mañana de hadas, ya no sabemos si reír o llorar, ya no entendemos si es por ingenuidad o por incapacidad; para acabar pronto… ya no entendemos nada y lamentamos todo.
El desfile del 20 de noviembre, no sólo era deportistas selectos, lujos y oropel; representaba toda una tradición que se hizo costumbre, que en lugar de vitorear a jefes revolucionarios que se habían enfrascado en combates exponiendo su vida por lograr mejores condiciones para los mexicanos, aplaudían y veneraban a connotados deportistas que han puesto en el orbe el nombre de México en todo lo alto, deportistas que no arriesgaron su vida pero que tuvieron la dedicación, el espíritu y la capacidad para salir avantes en múltiples contiendas.
Además no sólo se podía admirar a los gladiadores ampliamente reconocidos, sino también a centenares de jóvenes universitarios y a otros integrantes del pentatlón, que con ejecuciones y desplazamientos ponían el corazón por delante para exhibir al pueblo sus habilidades bien sincronizadas, motivo más que suficiente para no tirar al cesto de la basura dichas demostraciones, que no sólo servían para cultivar los valores cívicos sino también para fortalecer los valores de pertenencia a la comunidad… «una comunidad que es fiestera en todos los sentidos o lo que es lo mismo… ¡hasta las cachas!
La torpe determinación
Todo lo anterior, a los señores de la presidencia les viene valiendo un reverendo cacahuate, porque si bien es cierto que lo hicieron intimidados por la presencia de López Obrador, también es acertado considerar que esta medida viene a apuntalar la política de ataque y desprecio a la rica historia de México, misma estrategia que, a partir de los libros de texto, tanto de primaria como de secundaria, va encaminada a minimizar los logros de quienes, como se puntualizó en párrafos anteriores, se atrevieron a pelear en la Revolución por mejores condiciones económicas, políticas y sociales a favor de las clases desprotegidas.
Si hasta en el presente año tomaron la determinación de suspender el desfile cívico-deportivo cuyos antecedentes se remontan, según puntualizan varias fuentes, a 1928, año en que se llevó a cabo una carrera de relevos y que un año después se realizó como un desfile deportivo castrense en un campo militar ubicado en la colonia Balbuena y que a partir de 1930 las calles de la capital mexicana fueron escenario de dicho acto, será también porque el egocentrismo y la conciencia del mandatario lo obligan a involucrarse de lleno en el homenaje, tomando la resolución de evitar los calurosos festejos en las calles para transportarlos a la fría explanada Francisco I. Madero de la residencia oficial de Los Pinos, donde los aburridos discursos sólo servirán para lucimiento de los privilegiados oradores y de nada valdrán para despertar la conciencia ciudadana.
Si el presidente en funciones, porque a parte de él para ese día tendremos al electo y al «legítimo», quiere que sean sus palabras las que marquen el inicio de los preparativos de la fiesta nacional para el centenario del inicio de la Revolución, nada le costaría, desde el balcón presidencial pronunciar sus «atinadas y sabias» reflexiones. Todo sería cuestión de simple acomodo del programa.
Es lamentable y hasta ofensivo que los festejos de una de las fechas más significativas para México, sea modificada a capricho o a impotencia de un gobierno que ha dado muestras fehacientes de aborrecer todo lo que huele a movimientos histórico-sociales. Y si es verdad que desde hace años tenían esa intención, sólo era cuestión de tiempo para que impusieran sus negros propósitos. «Ni modo, hoy, hoy, hoy, queda trunca la fiesta de la Revolución para ser testigos del nacimiento… del día de la Revolufox».