Opinión

MORELIA
Elementos para construir un modelo de educación alternativa
Una de las grandes preocupaciones del magisterio nacional, manifestada a lo largo de sus luchas sindicales desde hace más de cuatro décadas, ha sido la de construir un proyecto democrático alternativo de educación
Juan Pérez Medina Jueves 16 de Noviembre de 2006
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Los intelectuales han intentado hacernos creer que la investigación educativa es una herramienta privativa de los grandes intelectuales, pedagogos
e instituciones oficiales, pero no es así, ya que cada vez es un elemento necesario para la planeación de las tareas educativas que amplían más sus horizontes, y es de uso imprescindible para el grueso de los trabajadores de la educación y, por tanto, de sus organizaciones sindicales.
Los maestros tienen la necesidad de investigar el fenómeno educativo (el problema es que no todos lo hacen; en tanto forma parte fundamental de nuestra materia de trabajo, con el ánimo de no permanecer más como los convidados de piedra de la educación, sino convertirse en verdaderos actores educativos, que al mismo tiempo que despliegan la acción educativa concreta, indagan sobre su naturaleza y buscan transformarla en beneficio de colectividades cada vez más amplias.
En ese contexto resulta lógico que los maestros mexicanos en lucha se hayan convertido en los aglutinadores de esfuerzos, voluntades y tareas encaminadas a sistematizar nuestro conocimiento de los fenómenos educativos, así como en eje articulador de iniciativas, ideas y propuestas, surgidas al calor de la lucha sindical democrática y del fragor del trabajo cotidiano en las aulas, tendientes a ampliar nuestro conocimiento de lo educativo y a profundizar en la búsqueda de procedimientos, métodos y estrategias para construir un modelo democrático de educación.
Entonces, hoy, las ciencias de la educación no deben ser ajenas al magisterio, mucho menos al que se asume como crítico de los modelos educativos oficiales, al que concibe a la educación como actividad creadora y formadora de valores culturales, y no sólo como entidad para la asimilación de lo culturalmente dado.
Porque la educación no se debe quedar en el despliegue de recursos, técnicas, métodos y procedimientos para enseñar a los educandos el cúmulo de saberes que nuestra cultura ha procreado, sino que debe arribar hacia la construcción de un sujeto histórico y social concreto, que analiza lo existente, problematizándolo para luego buscar las soluciones colectivas correspondientes.
Ello implica que los actores principales de la educación, maestros, alumnos y padres de familia, deben abandonar definitivamente el falso concepto de que el conocimiento y la ciencia son entidades neutrales que estarían más allá de los intereses de clase de los hombres, para situarlos en su dimensión histórica, con todo lo que ello implica, principalmente en lo que concierne a «la lucha por el conocimiento, su legitimación y su validación».
Una de las grandes preocupaciones del magisterio nacional, manifestada a lo largo de sus luchas sindicales desde hace más de cuatro décadas, ha sido la de construir un proyecto democrático alternativo de educación; idea que cobra fuerza cuando en 1979 se funda en Chiapas la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación.
Esto significa que se plantea la necesidad de construir un modelo democrático de educación, que privilegie los intereses legítimos y las necesidades históricas de las clases populares, que apunte hacia la liberación de nuestro pueblo, rebasando el papel mediatizador y enajenante que el gran capital ha dado a la educación, usada como fuerza para someter a las mayorías a los designios de los dueños del poder político y económico.
Los imperativos, en este contexto, llevan al magisterio independiente a crear conceptos y categorías que van dando forma a los fundamentos teóricos indispensables de un proyecto de largos alcances, en cuyo centro se ubica el Programa de Transformaciones Educativas Inmediatas (PTEI), cuya importancia radica en que «significa la introducción práctica e inmediata de modificaciones profundas en el sistema educativo... en sus fundamentos, contenidos, prácticas y resultados educativos». 1
Penetrar «los currículos (oficiales) actuales... que no cumplen con las necesidades, expectativas e intereses de la mayoría de nuestra sociedad; que no contribuyen sustancialmente a la formación integral de los educandos... que no resuelven adecuadamente los problemas implicados en la construcción, transmisión y apropiación de los contenidos educativos»,2 por la vía de la acción transformadora del magisterio.
No es poco el empeño y sí muchas manos y cabezas que han estado trabajando en él, forjando su incipiente teoría, poniendo en orden las ideas y las necesidades educativas de nuestro pueblo, buscando la manera de sustituir la práctica pedagógica inducida por el Estado por una acción educativa de todos y para todos; sustituir lo que los grandes medios de comunicación nos procuran para someternos, por actitudes y prácticas que al tiempo que promuevan el desarrollo integral de los educandos les den a éstos otras formas de valorar su existencia (en colectivo) y no en base al individualismo que nos inculca el Estado a partir de la educación.

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No hay duda de que los proyectos educativos capitalistas no tienen las mismas dimensiones en cuanto al impacto que causan, o pretenden causar, entre los educandos. Aquí lo que cabe destacar es la actitud crítica y autocrítica que debe asumir el magisterio en lucha, ante las diversas orientaciones que, a lo largo de la historia, los grupos hegemónicos le han dado a la educación.
Desechar todos los esquemas educativos del pasado y pretender crear algo absolutamente nuevo, en este contexto, no es sino vano esfuerzo. Nutrir con los mejores elementos de los anteriores proyectos educativos un nuevo proyecto educativo, a la vez que se incorporan otros elementos, derivados de las nuevas necesidades e intereses legítimos de las grandes mayorías, tanto de las diferentes entidades educativas como de la nación mexicana en su conjunto, es ir delineando nuevas propuestas, con sustentos sólidos, con visión histórica y con los intereses de clase de los proletarios: de los trabajadores, los desempleados y subempleados y de los excluidos en general.
Aquí cabe señalar la diferencia existente entre el modelo educativo de los 60, por ejemplo, en el que aún cabían la reflexión como necesidad, la crítica como valor ciudadano, la solidaridad como valor elemental para la convivencia en sociedad, dentro de un modelo de Estado bienestarista y populista, del modelo que impulsan los neoliberales desde 1992 y que dentro del esquema educativo propuesto por el gobierno de Vicente Fox profundiza, en cuanto a los sustentos filosóficos y sociales que lo animan, marcados por un individualismo a ultranza, por la búsqueda de un eficientismo más cercano a las máquinas que a los hombres y por un espíritu de competitividad que lesiona seriamente la necesaria solidaridad entre los miembros de una sociedad y limita la posibilidad de crear el conocimiento de manera colectiva.
Hay que señalar que en ese esquema no sólo no se construye el conocimiento, ni de manera individual ni colectiva, sino que el mismo adquiere el estatuto de verdad última inoculada en el sujeto educativo, sin tomar en cuenta que éste también es un ser pensante, con necesidades y características específicas, que es un sujeto histórico, al que no se le deben cancelar sus potencialidades creativas sino que, al contrario, se le deben estimular para beneficio de sí mismo, de las instituciones y comunidades a las que pertenece y de una nación que, como la nuestra, precisa de un mejor futuro, en el que tenga garantizadas su independencia y soberanía.

(Pies de nota)
1 Resolutivos del I Congreso Estatal Popular de Educación, 13 y 14 de abril del año 2000. Pág. 11
2 Conclusiones del 2º Foro Estatal Popular de Educación, «Hacia la Construcción de una Propuesta Integral de Educación para Michoacán», Morelia, Michoacán, México, 3 de marzo. 2000, Pág.15.