Opinión

MORELIA
Repercusiones
Urgente, aprender rápido
A dos meses de asumir la Presidencia de México y en su tercer viaje, Felipe se muestra con una experiencia mínima en materia de relaciones exteriores, pues expresarse tal como lo ha hecho en demérito de nuestros vecinos del sur, pareciera que más bien actúa como esquirol y no como representante de un país
Samuel Maldonado B. Martes 30 de Enero de 2007
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¡No está mal para empezar! Pues en menos de dos meses, tres viajes al extranjero: el primero a Nicaragua, el 10 de enero, para asistir a l a toma de protesta de Daniel Ortega como presidente donde, por cierto, no le fue nada
bien y quedó relegado a un segundo plano, cuando antes, en los periodos del populismo que tanto critica ahora, México era tratado con mucha distinción; el segundo viaje, a San Salvador, fue invitado para recordar o conmemorar el aniversario de los tratados de paz entre el gobierno salvadoreño y las guerrillas, en la que nuestro país jugó un papel preponderante para que se concretara favorablemente la paz; ciertamente esos eran días en los que el prestigio de la política internacional de México era más que favorable. El tercer viaje es reciente, pues asistió al Foro Económico Mundial, controlado por los siete países más poderosos del mundo, llevado a cabo en Davos, Suiza, en la semana anterior.
A dos meses pues, de asumir la Presidencia de México y en su tercer viaje, Felipe se muestra con una experiencia mínima en materia de relaciones exteriores o, tal vez, con mucha imprudencia, pues expresarse tal como lo ha hecho en demérito de nuestros vecinos del sur pareciera, a los ojos de muchos, que más bien actúa como esquirol y no como representante de un país con el que está obligado a «no meter la pata» y a no defender los intereses económicos internacionales sino los propios de su país.
Que algunos países de América Latina consideren que para lograr su propio desarrollo tienen que recuperar el patrimonio nacional que a su vez fue desprendido arbitrariamente, no le da el derecho a Calderón de criticarlos para conseguir sus objetivos; pero en fin, son sus decires y de seguir así, tendrá lecciones como la que le dio Lula da Silva.
El mexicano hizo una crítica desmedida e inadecuada en contra de la actitud nacionalista del bloque Venezuela, Bolivia, Argentina y del mismo Brasil, al considerar éstos que el Acuerdo de Libre Comercio para América Latina (ALCA) traería para ellos resultados no satisfactorios como los que el NAFTA ha tenido para la mayoría de los mexicanos. Cabe aclarar que Calderón había hecho una defensa de este acuerdo que hoy está más que muerto.
Pero independientemente de si los acuerdos económicos están muertos, o son o no favorables, los gobiernos no tienen por qué meterse con el absoluto derecho de otros países a actuar como lo consideren prudente, y son sólo sus pueblos los que habrán de reclamarles o juzgarlos y no otros.
Desconociendo esa política inefable y de gran prestigio internacional que tuvo México en años anteriores, infantil e innecesariamente Calderón embistió como toro en lidia a las que considera «dictaduras personales vitalicias» latinoamericanas, olvidando su pírrico triunfo, que obtenido como ya sabemos, poco hay que presumirlo y mucho menos en el extranjero.
Rápida respuesta tuvo de su homólogo brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, quien le indicó que si alguien tiene miedo porque Evo Morales quiere nacionalizar el gas debe entender que sus recursos naturales son la única riqueza que tiene Bolivia, y le aclaró que Chávez había obtenido una tercera reelección con un triunfo indiscutible reconocido verdaderamente democrático por James Carter.
Con sus palabras, Lula reivindicó internacionalmente el derecho de Chávez y de Evo para realizar las expropiaciones energéticas que, guardada la distancia y la época, son semejantes a las que efectuó el gobierno del General Lázaro Cárdenas, o en algo se parecen a las malas copias (de las expropiaciones) que hizo Fox en el asunto de los ingenios azucareros hará un par de años (tramposamente para favorecer a los dueños de esas industrias que antes las recibieron en plan de regalo).
No sólo Lula le reviró a Calderón: -«Los gobiernos de izquierda como el que encabezo hacen las cosas bien, protegen mercados y permiten que haya inversión»-, sino también tuvo respuesta del secretario general de la OEA, Miguel Insulza, quien le indicó que la negativa al libre comercio no es asunto de prejuicios, y «quien dio por muerto el ALCA que antes había defendido Felipe Calderón (La Jornada)».
Y por el tercer viaje internacional y por el tema tocado, Calderón nos lleva también a reflexionar, con más profundidad, sobre cuál es el verdadero valor que tienen para los diversos estados los viajes itinerantes y reiterativos, que los «modernos» gobernantes realizan no bien inician sus gestiones y mucho antes de conocer con claridad los problemas a los que se están enfrentando.
Cuando Fox viajaba, nos ponía a cavilar sobre las «metidas de pata» que este ilógico presidente nos brindaba en cada VTP, por lo que debe quedar claro que no se niega la conveniencia de los viajes de presidentes o gobernadores cuando estrictamente (y sin una gran corte) son necesarios, pero sí nos inconformamos con las salidas innecesarias y «las metidas de pata», así como los gastos excesivo de la comitiva de esposas e invitados, que se le cargan al erario público en un país que se debate entre la enorme pobreza y los vastos recursos económicos concentrados en unas cuantas gentes.