Opinión

MORELIA
Vivilladas
¡Pobre pueblo!
El problema del transporte resulta difícil de solucionar, pues tanto permisionarios como autoridades tienen razón en su postura respecto a la tarifa
Gilberto Vivanco González Viernes 2 de Febrero de 2007
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Hace más de quince días las calles del centro de Morelia estaban inundadas de gente haciendo ejercicio involuntario a través de la «caminata a buen paso, por
treinta minutos o más» que los doctores recomiendan; estudiantes de la Coordinadora de Universitarios en Lucha (CUL) tomaron las principales arterias que llevan al corazón de la capital para demostrarles a los dueños del transporte público que si el gobierno del estado permitía la anarquía al no sancionar a quienes de manera unilateral aumentaron el costo del servicio, que según es voluntario, ellos no estarían en disposición de soportarlo; ¡ah!, pero si en su momento los nicolaitas presionaron a los trabajadores del volante, ahora éstos por sus pantalones ayer bloquearon por la tarde-noche la ciudad, exigiendo la devolución de las placas de los vehículos tardíamente sancionados, además de seguir exigiendo incremento en las tarifas provocando un caos general.
Todos sabemos que el conflicto «sobre ruedas» se agravó a raíz de la negativa de la Comisión Coordinadora de Transporte (Cocotra), que dirige el otrora líder estudiantil Humberto Arróniz, de autorizar el incremento por el servicio que la gente del volante proponía, mismo que le fue rechazado por el vendaval de aumento a la canasta básica y por el raquítico salario mínimo que gran parte de la clase desprotegida recibe, si es que tiene alguna chamba, cuestión que ha orillado a maestros, a organizaciones sociales y al pueblo en general a manifestarse, tal como ha sucedido en otros países latinoamericanos ante crisis, si no iguales, al menos parecidas.
El trance no es fácil de solucionar. Consideramos que tanto la Cocotra como permisionarios que poseen una o dos concesiones (descartamos a los líderes y acaparadores como Pasalagua y Corona Salto que tienen por decenas) y los estudiantes y el pueblo tienen razón en sus demandas. Miren ustedes:
Dueños de combis y urbanos han visto mermados sus ingresos por alzas constantes a refacciones, a los aceites y gasolinas, a los impuestos, y no han aumentado las tarifas desde hace dos años; además, sus choferes, la mayoría padres de familia, resienten los constantes aumentos a diversos productos y servicios; por lo tanto apalean a la necesidad y al derecho de percibir más dinero para el chivo.
La Coordinadora del Transporte, al ver la escalada de precios y siendo un año electoral, se pone la máscara del Santo y en aras de posicionarse con la población, dio marcha atrás a las pretensiones de los transportistas argumentado que el aumento de un peso desestabilizaría aún más a la gente en la cuesta de enero, que se ha transformado como en los perores tiempos priístas otra vez de enero a enero.
Los estudiantes también tienen justificación en sus protestas porque andan siempre «a la cuarta pregunta», pidiendo un milagro para que les alcance siquiera para la torta y el refresco; por lo tanto con un peso más por viaje, los obliga a ponerse a dieta (¿más?) y practicar la caminata, que por sí misma es excelente para la salud, pero no en condiciones forzadas. Aunque no faltan los buscapiés que lanzan ciertos transportistas al denunciar que tienen, por debajo el agua, ciertos acuerdos y compromisos con Arróniz y con el personal del gobierno del estado, verdad o mentira, ¿usted qué piensa?
Por otro lado, la mayoría de los moradores de las casas del estudiante que tienen vela en el conflicto, que se está recrudeciendo, dependen de familias con escasos recursos económicos (incluso muchos universitarios tienen que trabajar para ayudarse con su estancia), por lo tanto el incremento a las tarifas lesiona a gran parte de la población que recibe un salario de risa y ante los incrementos a la canasta básica, al agua, al gas y a la luz, otro aumento sería catastrófico. ¿Se imaginan una familia, de escasos recursos, donde todos los días tengan que desplazarse los padres al trabajo y los hijos a la escuela? La respuesta es indignante, por lo tanto las tomas, marchas y manifestaciones son fiel reflejo de un pueblo que está al borde de la desesperación y que vive en carne propia la insensibilidad de las autoridades de los tres niveles de gobierno, por ello denunciamos que «son tan malos el amarillo, el colorado, como el azul pitufo».
El engrudo se hace bolas
El asunto del transporte, como señalamos en párrafos anteriores, está del cocol, cada uno de los involucrados tiene razón. Aquí la disputa tiene que ver por las políticas económicas de los gobiernos estatal, federal y hasta municipal; a las autoridades se les hace fácil a través de las dependencias oficiales, de los diputados o regidores, incrementar tarifas del agua (¿verdad OOAPAS?), la luz, del gas, de las gasolinas, inventarse impuestos o imponer nuevo reemplacamiento; de paso el «microcomandante» Felipe, en aras de promover el libre mercado y de impulsar a empresas extranjeras, plantea decretos y soluciones a medias como en el caso de la tortilla, de otros productos básicos y del servicio eléctrico.
Qué decir de los abusos constantes de los empresarios y comerciantes, ellos nunca pierden: ante la necesidad de recabar fondos, de cubrir cualquier merma en sus ingresos, aumentan costos, y como siempre, quien paga los platos rotos es la clase trabajadora, la que gana poco o la que prácticamente... no gana nada.
El problema con los transportistas, que se estaba tardando en explotar, lo ecuánime sería que las distintas autoridades tomen cartas en el asunto. Por un lado, el gobierno federal requiere dar un giro y modificar su política de ingresos, que tome el toro por los cuernos y promueva una economía más sana pero en lo micro, que no haga alarde de los índices de inflación que según para el director del Banco de México se encuentran tan bien que no afectan la economía popular; eso no le interesa a la gente ni tampoco entiende de ello, se trata de que promueva acciones de protección al gasto y de verdadero desarrollo educativo, industrial y agropecuario; que deje de vanagloriarse de su triunfo en países europeos y de los operativos militares, que si bien son necesarios, no representan todos los problemas de los mexicanos. No nos matarán las balas del narco... pero sí nos matará el hambre. ¿De qué se trata?
En otra dirección: como buena parte de concesionarios del transporte tiene varias unidades, que sean tolerantes con sus choferes, que les pidan un poco menos de cuenta para disminuir sus presiones, que sean solidarios y que no aumenten los cotos del pasaje, con mayor razón si se echara por tierra el mentao reemplacamiento y les ofrece el estado otras canonjías. Quienes sólo tengan una o dos y ellos mismos las administren y manejen pueden llevársela sin el incremento, pero lamentablemente pocos se sacrifican a favor de los que menos poseen.
Ahora, en relación con la Cocotra y el gobierno del estado, cumplieron tarde las amenazas de sancionar y multar a quienes arbitrariamente subieron los costos de la prestación; ha ocurrido como con los taxis piratas, según los buscan para sancionarlos y no los encuentran, pero cuando éstos hacen manifestaciones, no van por ellos.
Veremos qué sucede; aunque Vivilladas pronostica que después de varios altercados, manifestaciones sociales, paros transportistas y la insensibilidad de los distintos gobiernos, los precios de los productos y servicios seguirán en aumento, no se incrementará el salario mínimo y la tarifa de transporte alcanzará los 4.50 pesos, todo para dolor de la gente, angustia del pueblo que «ya no aguanta lo duro... ni mucho menos lo tupido.